Paulino Ordóñez / @paulinoo

Es cierto, ciertísimo, pensó Priscila, y debió haberlo suscrito con un gesto, porque Lucía, una desconocida para ella, quiso ser su cómplice colocando una sonrisa entre ellas. No fue el caso de Cuauhtémoc, que algunos pasos más allá, no encontró una mirada correspondiente a la celebración de la ocurrencia, del anticumplido, del comentario juguetón y agudo a la vez. Motivado por el desparpajo, Meme decidió inmediatamente darse un día de descanso en su búsqueda de empleo; soplándose el copete se dijo que lo tenía bien merecido. Aarón continuó bailando y no fue necesario para él levantar la vista cuando Arturo, con un codazo, le señaló que algo importante acababa de suceder. En Odvidio se quedó una mentada de madre motivada por lo caro que resulta casarse. Luego vino otra que desatoró la primera, porque también le pareció alto el precio de estar soltero. Eva tragó su chicle sin querer. Isabel imaginó moretones de macanas policiacas en el cuerpo de un grafitero; firmas infames de una pandilla contraria llamada injusticia, reclamando un territorio moreno que ella, más que encantada, curaría con besos. Con un trago y moviendo un pie al ritmo de la música, Fernando intentó distraerse party padre style paulino ordonezde una certeza punzante: vivía con un miedo que desde los nueve años ha crecido con él, a partir de la noticia del secuestro y asesinato de Hernán, un niño de su misma edad a quien no conoció. En su mente, Ángel escupió sobre las madres de todos los que no estaban ahí esa noche. Desde el baño, Liz escuchó la exaltación. David deseó que su jefe entendiera que cuando ha llegado tarde al trabajo, se debe a que las avenidas cerca del colegio de su hija son comúnmente bloqueadas por delincuentes. Pestañeando mucho, Marcela buscó una razón por la que, como ella, muchos de sus amigos y conocidos no tenían pareja, y quiso saber por qué siempre veía solos a los que sí. Empleado aburrido o emprendedor optimista, sólo dos opciones calculó Nicolás como caminos viables en esta ciudad, basándose en lo que ha oído de cualquier persona cinco años mayor que él. Gildardo lamentó la falta tanto de carriles para ciclistas como de chicas ciclistas. Héctor Ricardo derramó un poco de cerveza e intentó ignorar que algo le hizo sentir temor. Los enormes cráteres en las montañas, vistos por primera vez desde la ventanilla del autobús en el que llegó a la ciudad, le parecieron nuevamente una desgracia a Diana. El autobús en el que pensó Mario iba en dirección contraria, con todos los asientos ocupados por su familia. Dulce, que es muy positiva, se dijo que las cosas tenían que cambiar, que iban a cambiar, que ella las iba a cambiar. Juventino se rascó la barba y concluyó que sus mejores amigos eran foráneos. Hubiera querido ocupar sus manos en algo mejor, pero fue inevitable para Gustavo hacer cuentas: una yema para su padre, comerciante amenazado, otra para su madre asaltada, otra para la tía a la que golpearon para robarle el auto, otra por la amiga de su hermana, secuestrada a la salida de un antro y liberada dos días después en Reynosa y la última, la del meñique, para él, que esa misma noche un niño armado le quitó un reloj barato y su celular. Por primera vez, a Carlos le causó gracia que dos novias consecutivas, ni guapas ni feas, lo dejaran con la excusa de buscarse alguien más exitoso (la primera), con ambiciones en la vida (la segunda). Adriana, en el extremo opuesto y escondida tras su cabellera, maldijo lo pronto que el ingeniero con futuro por el que cambió a Carlos se topó con la muchachita seria, católica, que su madre siempre quiso para él. Nada más triste que lo de Enrique y quienes lo extrañan, pues no se sabe de él desde que subió a una van empujado por una metralleta; Alejandro, amigo de la infancia, lo recordó. Luis sintió que venció sobre quienes desde la escuela primaria y hasta estos días le han llamado puto, pues ahora, este grupo de gente, conformado por seres tan iguales y diferentes a él, hermosos a su parecer, estaba reunido celebrando borracho a un extranjero en tacones, el mismo que desde el escenario cantó lo que el público asistente consideró una verdad arrojada a la cara: “¡estafa, está fatal Monterrey!”. Quienes tenían libres las manos, aplaudieron.


“Estafa” es parte de Party Padre Style, el nuevo libro del escritor regiomontano Paulino Ordoñez (1974) en Nitro/Press. Lo publicamos con el permiso del autor y la editorial.

Editor Yaconic

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