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Por Mónica Redondo / @monicarund / @eltoquecom

Con el “Candy Flip” aguantas toda la noche de fiesta, eufórico. Así le llaman en Ciudad de México a la combinación de las tachas y el ácido. Las tachas es una forma de éxtasis que, desde hace tiempo, está de moda en México, y que consumen en su mayoría los jóvenes durante las fiestas. 

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Cada fin de semana Nancy tomaba antes esa combinación para aguantar la fiesta. Lo hacía, sobre todo, cuando vivía en Monterrey, antes de venir a vivir a la capital mexicana. Ella prefiere usar solo su nombre de pila para explicar su historia, la historia de cómo empezó a consumir a los 15 años y cómo consiguió bajar el consumo, aunque nunca completamente.

Nancy, de 30 años, ha consumido en los últimos años cocaína, tachas, salvia, MDMA, GMT y Popper, entre otras. Pero lo que realmente la enganchó fue la ketamina, más conocida por los consumidores como Special K. Se trata de una droga disociativa con un fuerte componente alucinógeno y con propiedades sedantes, analgésicas y anestésicas.

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Special K

Una chica que estudiaba veterinaria me presentó el Special K y estuve enganchada cuatro años. Es un sedante para caballos, te hace sentir totalmente relajado, como si estuvieras en coma, explica Nancy.

Después de cuatro años de consumo, cambiaron una sustancia en la droga que provocó que ésta tuviera una posibilidad de mortalidad mayor para los consumidores. La chica que le proporcionaba la droga a Nancy no quería arriesgarse y dejó de traficarla. A partir de ese momento ya nadie siguió vendiendo el Special K.

Ahí empezó para ella el síndrome de abstinencia: “Un día hasta me mutilé el pelo en una crisis nerviosa por no encontrar ketamina”, admite.

En ese momento empezó a probar cosas nuevas. Algo que pudiera reemplazar a la droga que había consumido durante cuatro años. La cocaína no le hacía nada, ya no tenía efecto en su cuerpo tras años de consumo de ketamina.

Ahí entraron en juego las tachas, aunque su efecto era diferente.

Con este tipo de éxtasis “vas enfiestado, no necesitas nada más, ni siquiera alcohol”.

Nancy explica que después de una noche de fiesta, la madre de uno de sus amigos les recogió a la salida de la discoteca y los vio a todos con botellas de agua. La madre se sorprendió y les alabó a todos por ser tan sanos. “En realidad estábamos todos hasta arriba de tachas”, recuerda Nancy.

Sin embargo, con el paso del tiempo Nancy empezó a notar los estragos de la tacha y de otras drogas que consumía y desarrolló una anisocoria, que se define por la asimetría del tamaño de las pupilas. “Mi grupito de amigos de ese entonces sufrimos una deficiencia visual, como el ojo caído. Consumíamos mucho y esa es una de las consecuencias  que padecemos todos. Entre tachosos, en general sabemos quién consume tacha, se nota”.

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A pesar de las consecuencias, Nancy no dejó de consumir ciertas sustancias, y menos cuando llegó a Ciudad de México desde Monterrey. Explica que la droga en la ciudad está a mitad de precio y mucho más accesible que en su ciudad de origen.

El barrio de Tepito, también conocido como el “barrio bravo” es el lugar adecuado. Nancy dice sentirse “como pez en el agua” en esta parte conflictiva de la ciudad, donde dice se puede encontrar todo. Todo, menos Special K.

“Lo primero que busqué en Tepito cuando llegué fueron los Reinoles. Eso es lo más parecido a la ketamina”. El Flunitrazepam, conocidos en la jerga como reinoles, rochas, ropies, o roofies, tiene un efecto sedante, y eso era el punto en común con el Special K que atraía a Nancy. “Los reinoles ya no los consigo ahora pero hace cinco años costaban 30 pesos cada pastilla”, explica.

Lo que le llamó la atención a Nancy cuando fue a comprar droga por primera vez a Tepito no fue solamente la accesibilidad y el amplio mercado, sino que el tráfico era un negocio familiar. “Es un una familia con niños con un negocio, como el que vende celulares. Lo tienen todo en un lugar escondido con una pared falsa y entras y está todo lleno de bolsas de basura y jarrones con droga”.

Como la droga era tan barata en Ciudad de México, Nancy empezó a consumir más y más, en una semana afirma que lo probó todo, hasta asquearse.

Pero todo cambió hace tres años, cuando le diagnosticaron diabetes. “Mi mamá es muy religiosa y dice que Dios me ha mandado esta enfermedad como un milagro para salvarme de mi vida loca de drogas. Si no, no lo hubiera parado”.

A pesar de que Nancy tiene carga genética de diabetes, dice que seguramente su estilo de vida influyó en el desarrollo de la enfermedad. Cuando su consumo era asiduo, la joven estaba extremadamente delgada. “Quién sabe si tal vez mi consumo de drogas y las fiestas pudieron influir en que me bajaran las defensas y se me manifestara el en más temprana edad. Era puro hueso”.

La diabetes influyó para que Nancy bajara el consumo de drogas, aunque no definitivamente. Actualmente sigue consumiendo esporádicamente ácido. “Con los ácidos alucinas, tu sensibilidad está a flor de piel”, subraya Nancy. Un cuadrito vale 100 pesos en Ciudad de México, concretamente en el “barrio bravo”.

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“(El ácido) es el químico que no he dejado, aunque no lo haga habitualmente. Pero para las otras sí que me lo pienso”.

Una vez al año, Nancy también consume el tereftalato de dimetilo, también llamado DMT. La droga se hizo famosa desde el estreno de la película Enter the Void y DMT: The Spirit Molecule, en Netflix.

“Son viajes de solo tres o cuatro minutos que te hacen sentir como cuando mueres y vuelves a nacer, dice siempre una amiga. Esa es la droga más chida, pero siento que sí abusas, los viajes son peores. Pero normalmente es un viaje bien bonito”.

Nancy se lo recomendó a un amigo; cuando la tomó se tiró al suelo como si estuviera nadando y, cuando ya pasó, le dio las gracias. Para él, había sido precioso.

En la actualidad, solamente consume marihuana y esporádicamente ácidos. Es “como un ancla que te disocia y que hace que no estés tan atento a la realidad”.

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Alguna vez vienen amigos de Monterrey de visita y llaman a Nancy. Le gusta mucho ver a gente de su tierra pero afirma que algunos amigos solo la llamaron para conseguirles drogas. Ellos solo quieren eso, “y yo ya les corto”.

Sin duda, la Ciudad de México invitó a Nancy a consumir ciertas drogas, algo que hace cinco años, fecha en la que se mudó a la capital, no podía hacer tan tranquilamente como en Monterrey.

Ella es una desplazada de la guerra contra el narco de ex Presidente de la República, Felipe Calderón. Los asesinatos hasta de algunos amigos suyos y el miedo le hicieron mudarse al Distrito Federal. Ahora, años después, Nancy admite que si se arrepiente de algo es de no haber aprovechado mejor su juventud. Y repite una frase que ella dice es de yonkis: “Perdóname madre mía, por mi vida loca”.

 

Editor Yaconic

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