Por Iván Farías / @ivanfariasc

De la columna Negra y criminal

Latinoamérica, este subcontinente producto de la conquista española y de la intervención norteamericana ha llegado un poco tarde casi siempre a todos los movimientos artísticos. La novela negra no es la excepción. A mediados de los sesenta, un puñado de escritores procedentes de orígenes diversos y producto de un recién instalado orgullo latinoamericano, vieron en el género policial una manera de sublimar la falta de justicia que existía —existe— en nuestros países.

El policial es un género noble que exige mínimos requerimientos para considerarse así. De tal manera que puede, como la mariguana, crecer en casi cualquier parte del mundo, llenándose del calor local, de sus particularidades. En Latinoamérica, al no tener un sistema de justicia confiable (por el contrario, es un motor de corrupción y semillero de criminales), los escritores recurren a la prensa como único bastión de salvación del hombre ante la andanada de injusticias.

En Qué solos se quedan los muertos (Booket, reedición 2014), el escritor argentino Mempo Giardinelli narra el caso de un reportero recientemente desempleado, que al recibir una llamada telefónica de una mujer desconocida avisándole sobre el asesinato de un hombre que conoció brevemente, se ve inundado por los recuerdos de su pasado. Giardinelli es un narrador argentino que durante el golpe de estado en su país tuvo que emigrar al nuestro. Eso llena de una nostalgia buena parte de los libros que escribió durante ese periodo; éste no es la excepción.

novela-2

Aquí, un inocente José Giustozzi decide esclarecer el asesinato del amante de una mujer que amó hace tiempo, en sus días de lucha revolucionaria. El encontrarla de vuelta hace que se revuelvan en la cabeza y el corazón los recuerdos de la patria a la que no puede volver, mientras se va enfrentando a la gandallés y torpeza de la policía mexicana, y disfruta de la belleza de la ciudad de Zacatecas.

novela-2-Memo-Giardinelli--foto-Mariela-Cirer-Lesta

Memo Giardinelli, foto Mariela Cirer Lesta

Adscribiéndose de lleno al género negro, en la novela vamos siguiendo los pormenores del caso mientras el autor, a veces cayendo en el exceso, nos hace constantes referencias literarias. Pero tal vez lo más interesante del título son las reflexiones que sobre el sentir latinoamericano va soltando por las páginas. Otra cosa curiosa es que, escrita en el 85, se adelanta a esta ola de novelas del narco, ya que el villano es uno de ellos.

Por su parte, el colombiano Santiago Gamboa, en Perder es cuestión de método (Almadía, redición 2014), nos presente otro periodista, en este caso Víctor Silampa, que decide investigar el asesinato de un hombre encontrado en terribles circunstancias. El tono de la novela va de desenfado, con momentos y personajes socarrones, que nos van mostrando una trama llena de corrupción política y de una policía que sirve para muy poco.

Santiago Gamboa

Santiago Gamboa

Silampa, romántico empedernido, sufre la pérdida de su esposa debido a sus correrías nocturnas como reportero y también como hombre que busca beber un trago por la noche. Gamboa se las ingenia para hacer un fresco realista de la sociedad colombiana, a la vez que va dosificando momentos de tensión que poco a poco van desenredando la trama.

Gamboa tiene una vena cómica que explota al mostrar, sin acotar nada, a sus propios personajes en su medianía. Así, encontramos a un tal Guzmán, genio en resolver enigmas, que debido a eso mismo es recluido en un manicomio; Emir Estupiñán, un zopenco ayudante de detective, que toma a Silampa como su gurú personal; además de un jefe policiaco que nos cuenta sus progresiva adicción a la comida.

novela-4

Esta acumulación de historias negras en nuestros países, que van desde los exitosos Paco Ignacio Taibo II, pasando por el cubano Leonardo Padura y el chileno Roberto Ampuero, han hecho que las editoriales y revistas comienzan a explotar el filón y, como en todo, comienza a haber, sino un boom, si un constante afluente de textos para nosotros los amantes de lo negro y criminal.

 

YACONIC

YACONIC

plaza-condesa-ent
Previous post

LEE SCRATCH PERRY Y MAD PROFESSOR EN EL PLAZA CONDESA

historias-de-taxistas-ent
Next post

CRÓNICAS DE CIUDAD CAGADA, POR IURHI PEÑA