Por Miguel J. Crespo / @MigueljCrespo

Amor de cabaret que no es sincero/ Amor de cabaret que se paga con dinero/ Amor de cabaret que poco a poco me mata. Canta la Santanera. Le siguen risas, llantos, historias, recuerdos, golpes, maltratos, violaciones, ojos cerrados, sonrisas arrugadas, valor, coraje y el silencio de Plaza de la Soledad (2016), el primer documental de la fotógrafa mexicana Maya Goded.

Plaza de la Soledad es miles de fotografías, un libro y ahora un documental. “El video fue la posibilidad de realmente entablar una conversación; que ellas participaran más”, dice Goded. Ella es quien aborda la cotidianidad de estas mujeres de una forma completamente humana.

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Maya Goded.

“Crecí en la Ciudad de México donde la sexualidad femenina está dominada por la moral”. Maya utilizó estas palabras como trampolín para adentrarse en las calles de la Merced y entender la vida de las prostitutas veteranas, a quienes retrató para formar un vínculo que traspasó la cámara.

En Plaza de la Soledad, la cámara de Maya no existe. Las protagonistas hablan sin ningún filtro. Son ellas quienes aparecen frente a la estufa y preparan la comida; se quitan la ropa en el cuarto de un hotel de paso; lloran al recordar sus amores fugaces o los golpes de alguno de ellos.

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Plaza de la Soledad / Maya Goded.

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Plaza de la Soledad / Maya Goded.

La complicidad que Maya logró con las protagonistas del documental, Carmen, Lety, Ester, Ángeles y Lupe, es estrecha. Resultado de 20 años de charlas, retratos y anécdotas que se notan en cada fotograma del filme. La intimidad es un hilo conductor importante en la película, nos aleja de los prejuicios banales que, comúnmente, permean a las sexoservidoras.

Nos acerca a ellas de manera natural: son tu madre, tía, hermana o abuela. No las juzga ni las victimiza. Son ellas y sus circunstancias de vida. Nada es blanco o negro. Solo es. Y el documental de Goded es una dignificación a la fortaleza de esas mujeres que son capaces de reír, coger, querer, excitarse, ser sensuales y resistir entre tantos años y tanta mierda.

“Los oídos no tienen párpados y lo que les llega ya no se olvida”, así explica Javier Marías que el silencio es una cicatriz profunda. En Plaza de la Soledad existe algo más estruendoso que la voz y el bullicio: el silencio. Ese que arremete al final de cada testimonio. Son tres o cinco segundos eternos. Los rostros gesticulan y se aprietan antes de que brote el dolor. Ahí el ruido nos deja sordos.


Plaza de la Soledad se estrenará en los cines de México el 5 de Mayo de 2017.

Editor Yaconic

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Revista de arte y cultura

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