ENTRE EL COLONIALISMO Y LA ANGLOFILIA

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Por Cinebar / @El_Cinebar

Pinches ingleses de mierda me caga su colonialismo, sus aires de superioridad, su anacrónica monarquía, su puta invención de productos del sistema financiero, su soberbia disfrazada de humor british, su puto Shakespeare y su pinche buen oído para la música popular. Tú no sabes que los admiras y que existen porque los has oído desde tus genes, antes siquiera de que existieras ¿Cómo chingados nos aprendimos tantas putas canciones de los Beatles? ¿Por culpa de tus padres y de Universal Stereo? En qué momento te sentaste a escucharlas y aprendértelas. Nunca. Pero te las sabes. O las tarareas, mínimo.

Un profesor de filología aseguraba que el idioma inglés era muy rico hasta que aparecieron los Beatles. Y le creo. Aunque no me consta ni pienso hacer nada por confirmarlo. No me importa. Y entiendo por qué los conservadores de la época decían que los Beatles eran un mal ejemplo. También les creo. Eran tan mal ejemplo que los sistemas secretos se chingaron a Lennon por pasarse de listillo. Por tener voz y conciencia política. Tómala puto. Gol del sistema.

Pula la película

También entiendo por qué aparecieron los Sex Pistols. Y pusieron otro mal ejemplo. No importa que seas un imbécil para la música y apenas puedas tocar tres acordes. Vuélvete un Ricardo III en el escenario y puedes ser un ícono. Puedes pasar del working class a los hoteles de primera clase. Y claro morir como rockstar.

Pero más allá de nuestras anglofobias y anglofilias, la música británica pop se ha distinguido por no parecer pop y luego masificarla para que sea el gran negocio del pop. Y asegurar que te prendan aunque seas un melómano muy difícil. Desde nuestro punto de vista (mi banda de Chimalhuacán y yo) creemos que los ingleses sí la arman para la música. Son pendejos en el mundial pero sacan buenas rolas.

Pula la pelicula

Tengo 37 años y antes que explotara el desmadre de la música online y el Napster (o bueno, igual me enteré muy tarde) me quedé en el britpop noventero. Ya no pasé de ahí, me dio güeva bajar música. Ni compu tenía. Me prendía un chingo Kula Shaker (no sé por qué), estaba al pendiente de los pleitos de Noel y Liam y de los dos contra Blur, me sentía hipersofisticado escuchando a unos güeyes que parecían changos que le pusieron a su banda Supergrass cuando todavía no pasaban por MTV latino y casi me masturbaba escuchando Pulp. Pero nunca lo hice. Creo.

Por azares de la vejez me informaron que apareció un documental reciente del último concierto de Pulp, de su gira de despedida. Me valió verga. Luego lo vi y lloré. Brinqué, canté, me cagué de la risa, me empedé y la volví a ver. Y me dí cuenta que no puedo dejar de ver la película. Me obsesioné. Y sé que es por nostalgia. No me hago pendejo.  Sé que es por eso que los antiguos llamaban “mis tiempos” y ahora los entiendo. Jarvis Cocker es ese tipo de seres que les perdonas que sean ingleses y que los idolatras porque son ingleses y porque da todo en la vida para que te la pases poca madre, aunque tengas 37 años. Te enteras en el documental que tiene 50 años y tu concepción del tiempo y la edad se trastoca.

La conclusión es que hay que verla. Para que te acuerdes y duela, o para que veas que en la vorágine de Spotify sigues siendo sólo un consumidor más de los putos ingleses.

El Cinebar trae Pulp. Una película sobre la vida la muerte y los supermercados para los adultos que quieran chupar mientras se vienen y para los chamacos que quieran ligar. 1, 8, 15, 22 y 29 de abril en el Linneo, ubicado en Michoacán número 121, en la Condesa. Precopeo: 20:00 hrs. Función: 20:45. Acceso: 50 pesos. Reserva a través de inbox o DM en las cuentas de El Cinebar, Facebook y Twitter. Cupo limitado.

 

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