Por Juan Carlos Hidalgo / @eternautafugado

A través de los años he logrado identificar algunos de los atributos que me interesa hallar en los artistas. De entrada, que su propuesta siembre una gran cantidad de interrogantes —antes que ofrecer sólo respuestas—; luego, que provoquen una experiencia plena y en progresión. ¿Qué se requiere para lograrlo? En muchas ocasiones: magia y misterio. Hay mucho en el arte musical que no se limita a la ciencia —de ahí lo mágico— y luego vendrá ese sendero de interrogantes que te hacen explorar el interior de esa creación artística.

Ni duda cabe que Pumcayó, un quinteto de Guadalajara, consigue esto con su música; hacen una fina mixtura entre folk y psicodelia, que también abreva y disfruta de la tradición vernácula mexicana. Hay aprecio por nuestras raíces; pero también una perspectiva muy amplia de miras que los reconcilia con lo universal. Destacan por su virtuosismo como ejecutantes y por un sofisticado juego de voces. Ellos forman parte de una gran andanada de grupos que están devolviendo el lustre a La perla de Occidente.

En corto tiempo, Pumcayó ha pasado de ser parte de la Feria Internacional de la Música (FIMPRO) a realizar una gira por Chile, tocar en Colombia y el South by Southwest (SXSW) de Texas, para luego abrir un Festival Marvin —instalados en el corazón del Parque México—. A la fecha cuentan con un espléndido álbum debut que ha prolongado su vigencia, pero no se han conformado. Grabaron “Salamandra” —un clásico de Chac Mool— junto con los también tapatíos de Baltazar.

Tienen mucho por decir; es por ello que conversamos con ellos días antes de que lleguen a la ciudad de México para formar parte del Festival Lunario-Tierra Adentro. Ellos tocan el sábado 30 de julio, como parte de un elenco que se completa con Vayijel (Chiapas), Aux Matanshi (Querétaro) y Belafonte Sensacional (CDMX).

Parecería que el proceso de desarrollo del grupo ha sido acelerado —giras, festivales—, pero esto podría no ser exacto. ¿Al interior cómo aprecian la manera en que se han ido dando las cosas?

Lo entendemos como algo relativo. Por una parte, el proyecto sí ha tenido un crecimiento constante desde su arranque, consolidando metas y apareciendo sorpresas en el camino. Pero también se tiene el bagaje y trabajo de fondo de todos los que lo integramos; es la suma de todo ese trabajo y experiencia que sentimos que se han ido dado los resultados, pero aún queda mucho trabajo por hacer. Dada la naturaleza de Pumcayó, creemos que necesitamos cultivar una carrera de fondo donde el éxito sea la relevancia y consistencia a largo plazo.

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Pumcayó. Foto: Enrique Mendiola

Grabar “Salamandra” no fue una decisión usual en nuestro medio. ¿Cómo fue que escogieron esa canción? ¿Cómo surgió la colaboración con Baltazar?

Todo fue a raíz de las nominaciones que recibimos el año pasado por parte de los Indie-O Music Awards y su invitación a presentarnos en la premiación. El ejercicio que se nos propuso fue colaborar con una banda nacional nominada ese mismo año, haciendo un cover de alguna banda legendaria de México que ya no estuviese activa. La colaboración con Baltazar fue algo bien natural pues son muy buenos amigos y Federico es baterista invitado de Baltazar en sus actos en vivo.

“Salamandra” fue una elección que viene con algo de historia, ya que Paco es hijo del que fuera productor e ingeniero de grabación de Chac Mool y los primeros trabajos de Jorge Reyes como solista. De cierta manera fue un tributo a esta banda legendaria que abrió camino al rock progresivo en México y a Don Paco Rosas por labrar de esa vereda.

“Salamandra” es original de Chac-Mool; entre la gran cantidad de músicos que conocen, ¿existen ganas de valorar el pasado del rock mexicano?, ¿le interesa a la mayoría conocer la historia del rock a nivel internacional?

Desde nuestra óptica y en nuestra generación, sí percibimos esa cercanía con la historia del rock nacional, que es relativamente corta. Chac Mool fue un parteaguas en esa historia al ser la primera banda de rock con temas originales, en firmar con una disquera trasnacional. Fue a raíz del éxito que tuvo que las disqueras vieron la posibilidad de explorar y apostarle a mercados que se tenían subestimados. Pero también es cierto que ese interés por conocer la historia del rock nacional se ha diluido entre las nuevas generaciones; es más probable encontrar a un experto en la historia de la música foránea que de la nacional. Es un fenómeno que entendemos como orgánico, puesto que somos expuestos desde temprana a edad mucho más a la música extranjera y esto termina siendo un reflejo.

Ya no son pocas las bandas destacadas de Guadalajara; y no sólo en cantidad sino en calidad. ¿A qué atribuyen este nuevo momento de intensidad creativa de la ciudad?

Los músicos de Guadalajara siempre han estado produciendo y asociándose para crear cosas nuevas. De unos años para acá se ha profesionalizado en varios frentes la escena y eso ha provocado que haya más exposición y que se pueda salir de acá no sólo a recorrer México sino en algunos casos visitar el extranjero. Paradójicamente, la ciudad no cuenta con un circuito constante de foros en donde el público se acostumbre a ver a todas estas propuestas en condiciones adecuadas (audio, iluminación) y aunque hay algunos espacios trabajando para consolidarse tal vez sea lo único que falta para que podamos decir que Guadalajara es una ciudad musical completa.

Recientemente compartieron en Morelos un par de fechas con Capital Sur. ¿Qué nos pueden decir de esta banda?

Capital Sur es una banda muy interesante porque concibe su música desde una perspectiva diferente. No temen a los pasajes instrumentales, ponen mucha atención en las letras y poseen una ejecución muy amarrada y contundente, además de tener un cantante que sabe muy bien cómo llevar su papel. Como personas son excelentes y su último material promete dar mucho de qué hablar en todo el país.

¿Consideran que el centralismo es un problema importante para el rock mexicano? ¿Iniciativas como el Festival Lunario-Tierra Adentro contribuyen a compensarlo?

Definitivamente vivimos en un país donde todo sucede en la capital. Eso tiene sus consecuencias negativas en cualquier rubro. Sin embargo, el hecho de que ciudades como Guadalajara se vean en la necesidad de producir, auto gestionar y exportar su talento, hace que las bandas cobren mucha fuerza en su estructura y, aunque a veces se deban sortear problemas, una vez que encuentran la forma de dirigir la mira hacia la Ciudad de México se pueden hacer cosas muy importantes. Nosotros particularmente no creemos que mudarnos a la capital sea un objetivo de la banda, pero si lo es el trabajar con aliados que puedan hacer eco de los esfuerzos estratégicos que generamos desde Guadalajara para que los resultados sean más contundentes.

Sabemos que a ustedes les gusta el trabajo de Ampersan y El David Aguilar. ¿Es importante que elementos muy mexicanos se filtren en la música contemporánea del país, más allá de si se trata de rock o no?
Para nosotros sí es importante. Y oportuno. Creemos que el enorme legado musical de nuestro país da para un montón de exploración tanto en la labor instrumental como en la lírica y nos sabemos afortunados de ser parte de una avanzada de bandas que comparten esa inquietud. Precisamente Ampersan y El David Aguilar son excelentes referentes, porque aunque representan dos facetas muy diferentes de un mismo fenómeno generacional (Ampersan trabaja desde el Son, David Aguilar desde la tradición cantautora), los dos lo abordan desde un conocimiento muy profundo que legitima su sonido. Nos encanta el trabajo de ambos precisamente porque ese conocimiento les permite inyectarle jiribilla a la tradición con tino y contundencia.

Nuestro caso es un tanto distinto porque, a falta de una parte folklorista formal, nosotros partimos desde el contraste, o sea de la contraposición entre lo familiar y el disparate. Nos gusta mucho trabajar con estructuras o dinámicas poco predecibles, para lo cual nos apoyamos en influencias del rock progresivo —ése es el disparate—, y nos vuela la cabeza el efecto de corto circuito que produce la infusión de elementos tradicionales —lo familiar— sobre esas bases.

Parte de su música tiene una faceta —digamos— contemplativa; ¿han ido preparando versiones para ser tocados en directo y con mayor poder?

Si claro. Para nosotros el disco, o sea la obra grabada, es solamente una fotografía de un objeto vivo en un momento específico. Esto nos lo inventamos como mantra de trabajo porque para cuando llegamos al estudio a grabar el LP algunas canciones ya iban en su tercera o cuarta versión, y nos costaba mucho trabajo “soltarlas” para que se grabaran en una sola forma, para siempre. Desde que comenzamos a tocar juntos hemos tenido la manía de estar cambiando la música constantemente, como si las canciones tuvieran vida propia y lo único que hacemos es dejarlas respirar, estirarse, contraerse, agitarse, y someterlas a la erosión del tiempo y la reacción de nuestra audiencia; todo esto hasta que poco a poco han terminado por adoptar una forma definitiva. Es casi como un proceso geológico.

Éste es el modus operandi de la banda en vivo y a nosotros nos funciona como una terapia liberadora, además de ser un excelente ejercicio de producción.

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Foto: Enrique Mendiola

¿A qué atribuyen que el tan mencionado relevo generacional en el rock mexicano se haya dificultado? ¿Seguiremos necesitando bandas que llenen lugares enormes?

Ese relevo generacional no ha sucedido porque a nosotros nos tocó una industria muy distinta. Es más difícil que de nuestra generación surjan bandas de estadios porque el mundo ha cambiado mucho: el mercado ya no da para eso.

Es necesario mencionar la trilladísima excusa de la crisis global de la música, esa que ya conocemos todos: de cómo en una generación pasamos del modelo centralizado de disqueras al Do It Yourself (DIY) con su sobresaturación y su inmediatez; del ritual de lo análogo a lo desechable del streaming; del formato del “concierto” al festival masivo.

Pero la situación de México (y probablemente de América Latina en general) es especialmente penosa porque ante esta adversidad no trabajamos para construir una escena, no hay un circuito para girar por el país; seguimos operando con un centro y una periferia; y la mayoría de las bandas emergentes pasan años atoradas en un problema de huevo y gallina: no hay demanda que les permita salir a tocar para generar esa demanda. Hay mucho trabajo que tenemos que hacer todos como músicos, promotores y periodistas para generar una nueva industria.

Pumcayó son: Raúl Andreu (guitarra eléctrica); Federico Díaz de León (batería y voz); Saúl Figueroa (guitarra acústica y voz); Francisco Rosas (bajo y voz); y Marcelo Salazar (guitarra eléctrica y voz).

Editor Yaconic

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