Texto y fotos: Daniel Geyne

Me dirijo hacia el Deportivo Plateros. A mí alrededor morros se dirigen hacía una sola dirección. Por su imagen deduzco que les gusta el rock. Paso por un Walmart y una unidad habitacional gigantesca; luego atravieso el mercado clásico de los domingos en los barrios y comienzo a dudar si voy en la ruta correcta. Pero una pareja —el bato con una chamarra que dice straight edge— me hace pensar que voy bien, al Van Doren Afternoon Special, evento de Vans que originalmente se realizaría en el Monumento a la Revolución y que un día antes fue cambiado de sede.

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Pero regresemos. Sentí chingón desde que salió el cartel. Por algunos de los grupos: Anti-Flag, Fucked Up, Wavyes, Seguimos Perdiendo, Cardiel y Chingadazo de Kung Fu. Y porque el evento con el que Vans clausuraría su 50 aniversario, se perfilaba como lo más cercano a esa mística por la que yo y muchos nos identificamos desde morros con la marca: punk, skate, cultura callejera.

“De la banda pa´ la banda”.

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Lejos de esos eventos cool que la marca fundada por Paul Van Doren ha organizado en la ciudad. En esos en los que debías ganar un boleto y tenías acceso a barra libre para embriagarte escuchando a artistas olvidables. Y no le veo nada de malo; yo fui y me arrastré de ebrio por lo menos en dos ediciones. Pero el concierto en Plateros ofrecía esa vuelta a los orígenes. La marca sabe cuál es su mercado, y mientras otras firmas diversificaron sus productos, ésta se mantuvo firme en su ideología; lejos de las estupideces que hicieron de Disney o los Beatles.

Pasaban las dos de la tarde cuando entré al deportivo, luego de varias revisiones. No había mucha gente. Todos morros, muy morros. Algunos iban acompañados de sus papás. Me dirigí a la zona de prensa. Lucía semi desierta. Un paisaje distinto al House of Vans en Lienzo Charro de Constituyentes, ocurrido días atrás, donde “todos querían estar”. En el escenario ya había ruido.

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Sonaba Chingadazo de Kun Fu. La banda formada en 2014 fue la encargada de calentar la tarde con su punk de digestión suave. La gente respondió bien. Ellos se veían y escuchaban bastante emocionados. Y qué chingón, la neta, porque luego hay bandas con cara y actitud de que les da hueva todo, más allá de las gruopies (si es que tienen) y el pomo (si es que les dan). Los batos del Chingadazo traían pila. ¿Su música? Mmmmh… la verdad la he escuchado miles de veces en otras bandas y a mi edad me da un poco de hueva. Pero imagino que para los morros está chido. Rolas de desamor, etcétera. Luego de subir a palomear hasta al bato que les toma las fotos, terminaron su set con “Sexo Anal con Hipsters (Por detrás)”. ¿Hay opción por delante?

Comenzó a llegar más bandera y los ánimos mejoraban. Llegó la hora de Cardiel. Un putazo sónico, lo que es. Yo tenía un chingo de sed y quería una chela. Pero oh, sorpresa, no vendían bebidas. Así que me lancé corriendo por unas al Walmart. Me di unas afuera con un compa que me topé y cuando regresé ya había el doble de gente. Me revisaron la mochila tres veces. “Son varios filtros”, dijeron los “Lobos” o como se les diga a los de seguridad tipo Ocesa. Unos castrosos de lo peor.

En el escenario estaba Seguimos Perdiendo. Esta banda lleva un chingo tocando. Más de 15 años, desde que salí de la secundaria. Y si llevas un rato metido en la música a huevo que los has escuchado mencionar. La banda se prendió y se abrieron pequeños círculos de pit. Mientras Seguimos hacía lo suyo aproveché para ir a mear y ver las rampas de skate. Las vi muy humildes, como que les valieron ve*rga. Después me dio el munchies y me fui a dar una de las hamburguesas gratuitas con la carne más culera he probado en toda mi vida. Pero, hey, ¡¡¡eran gratis!!!

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Era hora de los californianos de Wavves. En esta banda algún día tocó el baterista de Hella, Zach Hill, y básicamente por eso los topaba. Nathan Williams, su vocalista, venía enfermo. Su voz estaba destrozada. Después de disculparse varias veces decidió ceder el micrófono al público. La dinámica era la siguiente: preguntaba quién se sabía la rola y de los que levantaban la mano escogía a una persona. Para esa hora ya estaba casi llena la cancha de pambol del deportivo y la gente lucía contenta. La primera en pasar fue una morra que lo hizo bastante bien, y Wavves se rifó como pudo. En las últimas canciones subieron a dos morras y un bato que al principio cantaron fatal, pero luego agarraron el pedo y se pulieron.

Me sentí reconfortado. Terminaba de fumar un poco de weed, las personas a mi alrededor la estaba pasando de huevos y sin una gota de alcohol. Ni ruedas de la fortuna, ni pendejadas que no importan cuando vas a un concierto. Se ha perdido el rumbo. Ahora las bandas sólo son una parte del entretenimiento en los festivales. Todo en pos de marcas y activaciones. Y es que las marcas le dan en la madre a las cosas cuando llegan y quieren instaurar su pedo. Y todos caemos en el juego. Por eso me sentía bien, porque esto era como un volver a esos tiempos en los que lo importante era topar a la banda que te latía y escuchar otras más. Lo demás valía madre. Wavves tomó la decisión de salir a tocar e incluir a la gente. Entre todos sacar el pedo adelante, en lugar de optar por cancelar, que lo hubieran podido hacer seguramente. Chingón ahí…

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Fucked Up es una banda bastante particular. Desde su Year of the Dog de 2006, cada 12 meses han lanzado EP´s inspirados en el calendario chino. El último, Year of the Hare, empieza con una rola de 21:38 minutos que está bien maciza. Su peculiar vocalista, Damian Abraham, parece (por su actitud) no estar en la misma banda que sus compañeros, pero se complementan perfectamente. Después de arrastrarse, lanzarse, recorrer cada rincón del escenario y ganarse al público, Fucked Up ofreció un show de altura. Para ese momento comenzaban a surfear los primeros cuerpos.

Luego llegaron los Anti-Flag. Muchísima gente sólo vino a ver a los veteranos de Pennsylvania, quienes demostraron porque eran los estelares. Hasta se discutieron un cover de The Clash, “Should I Stay Or Should I Go”, y el mosh se puso bueno. La banda nadaba por todos lados y aquello era una verdadera fiesta.

Me fui pensando en la experiencia: una muy chingona porque de eso es de lo que se trata: la gente y los grupos, ambos entregándose sin necesidad de nada más que sólo música. Bien por Vans.

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Editor Yaconic

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