Por Iván Landázuri

Friquis (Almadía, 2016), la más reciente novela de Fernando Lobo (Ciudad de México, 1969), se construye a base de un lenguaje hilarante y desfachatado que continúa la línea reflexiva en torno a las obsesiones de su autor: las pantallas y la sociedad del simulacro.

Como en Sentido común, simulación y paranoia (Sur+, 2013) y Latinas candentes 6 (Almadía, 2013), en Friquis Lobo hace una crítica de lo que observa al interior de la sociedad contemporánea —del espectáculo, como la conceptualizara el filósofo francés Guy Debord—, al borde de la banalización más grotesca, donde se difumina la frontera entre la vida y el show.

fernando lobo

Fernando Lobo / Foto: Alberto Ibáñez “El Negro”.

La seudocultura televisiva, la pornografía y ahora la dinámica dentro de la farándula mexicana, son tópicos que Lobo utiliza para reflexionar sobre una época caracterizada por la industria del ocio, el fetichismo mercantil y los medios de comunicación como herramienta propagandística de una visión alienante. Lobo transgrede las fronteras más conservadoras de la narrativa y el ensayo, y articula un estilo vertiginoso e irónico que no permite la pasividad al lector.

La novela nos remonta a la idea de los freak show; pero con la diferencia de que ahora el circo es televisado en cadena abierta. Los personajes: Mac Cervantes y Tania Monroy, se encuentran en la disyuntiva de reafirmar su existencia solo a través de su presencia en las pantallas. Cuestión que en un medio como el del espectáculo televisivo es fugaz; elemento meramente desechables en esta industria en la que un tanque de nuevos rostros espera suplirlos.

Monroy es la conductora de unos de los programas con mayor rating en la Televisión Mexicana. Sus distorsiones estéticas la llevan continuamente a los quirófanos en busca de no perder vigencia en el medio; sin embargo, en su cirugía número 21 algo sale mal, y esta estrella proveniente del cine de ficheras termina con una deformación en el rostro. La situación da entrada a Cervantes, director de la Revista Farándula, quien publica en su portada el resultado de la operación fallida. Esto provoca la ira de Tania: la vedette toma por objetivo castigar la osadía del periodista de la nota rosa.

Un recurso interesante que emplea Lobo para estructurar esta sátira es entremezclar la realidad con la ficción. Y lo advierte al inicio: “Los hechos y personajes ficticios de este relato aparecen combinados con los reales de un modo absolutamente irresponsable”. Lobo da al lector un punto de referencia que le permite repensar la influencia de la televisión y las pantallas en el modo en cómo interactuamos y configuramos nuestras relaciones.

friquis fernando lobo almadia portada

Más que retratar una idea ciertamente desgatada de la televisión, esa de que se trata de un supuesto ente omnipotente responsable de la idiotización de la población, Friquis nos pone enfrente una televisión abierta producto de un liberalismo en su máxima expresión, cuya función es la de reproducir valores y aspiraciones de éxito que responden a intereses económicos particulares. Lo que da pie a un juego de reflejos entre las pantallas y una sociedad que busca ser representada por medio de éstas; donde el espectador tiene una falsa impresión de tratarse como el cliente en este sistema, cuando “en realidad, en la gran industria del espectáculo, el cliente es el empresario que busca espacios de publicidad, el público es la materia prima, es una masa que se puede manipular”.

Friquis explora con humor negro muchos aspectos que su autor reconoce en la actualidad, desde el impulso narcisista de exhibicionismo y el morbo, hasta las múltiples formas de representación que abarcan el cine, las redes sociales y los reality show. Una obra con un sentido claro, cuyas reflexiones se alejan del aleccionamiento y en su lugar ocupan un flujo delirante acorde al mundo que busca narrarnos.


Friquis. Fernando Lobo. Almadia 2016. 224 páginas. PVP: 229  pesos

Editor Yaconic

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