Por Edgar Khonde / @edgarkhonde

Hubiera sido mejor no haber escrito este texto. Y hubiera sido preferible morir joven, niño incluso, antes de que el capitalismo derrotara al socialismo, para evitar ser testigo de la normalización de la pereza. Esa pereza que encuentro en los cineastas que hacen de una idea bella —lo bello como un fenómeno filosófico que confronta los sentidos— un bodrio.

Regresé a México, recorrí la cartelera de la Cineteca y descubrí que proyectaban ¡Que viva la música!, película basada en la obra homónima de Andrés Caicedo. Mi alegría fue cercana al éxtasis. Y es que he de confesar que la novela caicediana es uno de mis libros favoritos.

No fuimos innovadores: ninguno se acredita la gracia de haber llevado la primera camisa de flores o el primero de los pelos largos. Todo estaba innovado cuando aparecimos. No fue difícil, entonces, averiguar que nuestra misión era no retroceder por el camino hollado, jamás evitar un reto, que nuestra actividad, como la de las hormigas, llegara a minar cada uno de los cimientos de esta sociedad, hasta los cimientos que recién excavan los que hablan de construir una sociedad nueva sobre las ruinas que nosotros dejamos. Pero nosotros no nos íbamos a morir tan rápido. ¡Qué viva la música!, Andrés Caicedo.

que viva la musica pelicula andres caicedo1

No soy de esos que dicen que el libro es mejor que la película. Considero que Fight Club, la cinta, es mejor que la novela; no se necesitan, una prescinde de la otra, ambas son fenomenales. Y podría citar más ejemplos. Además, pienso que el cine es un soporte de la literatura que cuenta con argumentos distintos; es decir, son dimensiones aparte. No pueden cotejarse, es vano el intento.

Sin embargo, cuando un rodaje se basa en un libro corre el riesgo de la comparación. Porque el motivo, la novela en este caso, funciona como una guía para el realizador. Puede ser que el cineasta coja la estructura íntegra del texto y trate de llevarla a la pantalla o puede ser que la deseche, y relate su versión de los hechos. Ambas formas son válidas. Y en su realización y resolución radica su fracaso o éxito. La cosa es presentar un discurso creíble; que convenza al espectador o que lo rompa (una verdadera obra de arte, sacude).

Lo que sucede con ¡Que viva la música!, la película, no sé ni cómo calificarlo. En apariencia, el realizador, Carlos Moreno, tenía una serie de elementos para fabricar un coctel molotov y se le mojó la pólvora a su pistola de chinampinas. Los ingredientes: un escritor colombiano distinto del boom de la literatura latinoamericana que se suicidó el mismo día que recibió su novela, la única, y que además fue dramaturgo, guionista y crítico de cine; una novela que funge como el soundtrack de una generación o la discografía de un melómano demente capaz de comprender en una sola mirada los sonidos caribeños de la salsa y la fuerza del rock anglosajón; una novela en la que el personaje principal es la música y el baile, sí: sexo, drogas y rocanrol. Si la América angloparlante tenía a los beatniks, nosotros, hispanoamericanos, teníamos a Andrés Caicedo. Un autor que podríamos decir se inventó a sí mismo. Crudo, reacio, insolente. Aun así, con todo ese capital estético e histórico, Carlos Moreno la cagó. Incluso si no existiera el libro la película sería —y es— un acto fallido.

que viva la musica pelicula andres caicedo2

“ES PRUDENTE OÍR MÚSICA ANTES DEL DESAYUNO”

No soy un crítico de cine. Se nota. Soy un lector que asiste como ferviente hincha al cine. Me gusta ver una película que me entretenga o me motive o me rompa. Con ¡Que viva la música! Buscaba, ante todo, asistir a un encuentro con la música (vean 24 Hours Party People para que me comprendan). Si Moreno hubiera hecho eso, presentarnos un filme con la música como elemento principal, la hubiera hecho grande. Pero lo que hizo fue coger pedazos, supongo que los que mejor asimiló de la novela (o los guionistas: Alberto Ferreras y Alonso Torres) y fabricó un puzle efectista incapaz de sostenerse durante 90 minutos (ignoro si ese es el tiempo que dura la película). Es decir, hizo un tráiler del libro. Sacó de su contexto el relato caicediano y no supo qué mierdas mostrar en la pantalla.

Dice Iván Gallo que el monólogo de María del Carmen Huerta (personaje principal de la novela, interpretada por Paulina Dávila, que parece la hermana región cuatro de Shakira, en serio, vean la película, seguro Moreno confiaba en el efecto) es inadaptable al cine. Yo pienso que se podría haber intentado de distinta forma, no como lo hizo el Moreno. Hubiese sido más certero si en vez de presentar el monólogo como el pensamiento de María, que el espectador escucha, pero que no guarda relación con las imágenes que se suceden, hubiera roto la cuarta pared. Confrontar directamente al público con el pensamiento de Caicedo tendría que haber sido brutal (échenle una hojeada al texto, la novela es una declaración generacional).

que viva la musica pelicula andres caicedo3

Regularmente, cuando veo cine mexicano me quedo con la impresión de que lo único que sabemos hacer bien los mexicanos es el tequila y la mota. Y ahora que vi la película colombiana, el pensamiento inmediato que me cruzó fue que los colombianos deberían de quedarse con lo que saben hacer bien: la coca y la cumbia (y el Pibe Valderrama y Shakira).

A lo mejor Andrés Caicedo fue demasiado para Moreno, Dávila y compañía. Probablemente Gallo tenga razón en que es inadaptable. No voy a decir que no la vean o que me decepcionó, tengo un sentimiento de desazón, de decepción, sí, pero no voy a restarle mérito al intento. Enfrentarse a Caicedo debe ser como un equipo llanero jugando contra el Barça y desde ese punto de vista la película se torna heroica. El escritor caleño sabía lo que había escrito, sabía que era irreplicable. Sabía que incluso él mismo no podría repetir su hit (golpe), el relato es una tunda al lector. Quizá por eso y para no derrotarse a sí mismo, Andrés Caicedo se suicidó. Y con ello aniquiló a la única persona que hubiera sido capaz de presentar una versión cinematográfica del relato.

“TODO ES TUYO. A TODO TIENES DERECHO Y CÓBRALO CARO”

Como dato anecdótico, en la película, en la novela no, se presenta un fragmento de la canción “Demolición” de Los Saicos, banda peruana que está considerada por algunos como el primer grupo punk; la rola entonces sería la primer melodía punk.

Caicedo incluye al final de la novela la discografía relacionada con la novela, al menos en la versión que tengo en mi librero. Hay un documental sobre Andrés que se llama Unos pocos buenos amigos, si les apetece el tema, se los recomiendo. No iba a escribir esto después de haber visto la película; pero luego entendí que presentar un filme así es domesticar toda la furia que contiene el libro, es banalizar a Caicedo. Así que decidí decir lo que pensaba de la obra de Moreno, una mierda, pues.

Editor Yaconic

Editor Yaconic

rusia negra nera y criminal ivan farias
Previous post

RUSIA NEGRA EN LOS LIBROS, EN TUS SERIES

Foals-entrada
Next post

FOALS: ARE YOU FUCKING READY!