Por Iván Nieblas / @ivannieblas

Queens of the Stone Age es una de las pocas bandas que mantienen vivo el espíritu del rock ante un panorama musical deslactosado, desabrido, inofensivo y bajo en calorías. Pero, para hablar sobre ellos, hay que remitirse necesariamente a sus orígenes en el desierto de California.

En los noventa, la música sufrió transformaciones importantes. La llegada del “rock alternativo”, gracias a la ambigüedad del término, parecía otorgar un permiso para experimentar con cualquier mezcla de sonidos. Tras la explosión del grunge, la música pesada reclamó su lugar en el trono. Estaba bien visto tener pelo largo y usar distorsión. No al extremo de los metaleros, pero tampoco tan suave como para no llamar la atención.

Mientras el mundo estaba ocupado con lo que sucedía en Seattle, en la zona desértica de California algo nuevo se gestaba. Tal como en Washington, puñados de jóvenes aburridos y fastidiados de las boybands, el hip hop, el glam y el death metal, se reunieron para escuchar discos de punk y rock pesado de los setenta, fumar marihuana y formar bandas. Kyuss fue una de esas.

El grupo tomó su nombre de un semidiós del juego de mesa Dungeons & Dragons; y junto a otras bandas decidieron hacer sus propios shows —ante las puertas cerradas de la escena californiana—, horas adentro en las profundidades del desierto, llevando equipo y generadores de energía para tocar en medio de las dunas.

Estas generator parties se convirtieron en una atracción; una especie de “club secreto” y Kyuss destacó entre todos los grupos. La razón de ello era su sonido, muy semejante a lo que había hecho Black Sabbath en sus primeros cuatro álbumes, con una buena dosis de efectos psicodélicos y un volumen tremendo, digno de cualquier banda de metal.

Kyuss llamaba la atención por el sonido de su guitarra. El causante de la admiración era Josh Homme, un rubio que nació el 17 de mayo de 1973 en una familia de clase obrera de Palm Springs, y usaba guitarras de segunda mano o de marcas no muy reconocidas, afinadas de forma muy grave, que hacía sonar a través de enormes amplificadores de bajo (para que lo grave tuviera un efecto contundente).

Aún no había cumplido 18 años y Homme ya estaba grabando su primer álbum. Posteriormente, disqueras transnacionales firmarían a Kyuss por tres discos, tras los cuales llegaron abruptamente a su fin en 1996.

Cada integrante de Kyuss tuvo sus razones para abandonar el proyecto. Las de Josh obedecían a dejar intacto el legado del grupo antes que convertirse en una banda mediocre y repetitiva. Fue entonces que comenzó la búsqueda de una salida para su creatividad.

Aunque se integró un tiempo a los Screaming Trees y trabó una buena amistad con el cantante Mark Lanegan, la locura del grunge era demasiado para él. Así que decidió formar una nueva banda desde cero.

El nuevo proyecto llevó por nombre Gamma Ray, pero luego de que los metaleros alemanes amenazaron con demandarlo, se vio forzado a buscar otra denominación. Recordó que el productor Chris Goss decía que el sonido de Kyuss lo hacía imaginarlos como unos reyes de la edad de piedra. A Josh le parecía algo demasiado agresivo, muy “macho metal”, así que optó por cambiar el kings por queens, con lo cual también le daba un toque de inclusión a las mujeres (a quienes quería atraer, desde luego).

queens of the stone age

Aunque en un inicio Queens of the Stone Age estuvo conformado prácticamente por exintegrantes de Kyuss, el proyecto distaba mucho de ser una banda como tal. Josh Homme prefirió emprender un camino en constante mutación. Después de todo, nuevos músicos implican necesariamente nuevas formas de tocar, nuevas visiones sonoras, ejecuciones de toda índole, precisión e intensidad.

Es por ello que QOTSA se convirtió en una especie de proyecto solista de Josh, un taller en el cual han participado todos los músicos que en algún momento le han parecido respetables o adecuados para el momento creativo por el que atraviesa.

¡Y vaya que ha tenido colaboradores de primer nivel! Desde los exKyuss, Nick Oliveri y Alfredo Hernández, hasta Mark Lanegan, Matt Cameron (Soundgarden / Pearl Jam), John McBain (de los otros padres del Stoner, Monster Magnet), Mike Johnson (Dinosaur Jr.), Dean Ween, Paz Lenchantin (A Perfect Circle / Pixies), Joey Castillo (Danzig), Billy Gibbons (ZZ Top), Julian Casablancas (The Strokes), Trent Reznor (Nine Inch Nails), Alex Turner (Arctic Monkeys), Jon Theodore (The Mars Volta), Elton John y Dave Grohl (el ajonjolí de todos los moles).

Es así que a lo largo de siete álbumes (todos diferentes en sus temáticas, ambientes, alineaciones pero manteniendo un eje único en su sonido, con pequeñísimas y atinadas excepciones), QOTSA se convirtió en el tipo de banda que Homme necesitaba crear desde los días de Kyuss: un grupo de rock sin restricciones de ningún tipo, capaz de apelar al público que gustaba de la música pesada y también hacer bailar a las chicas; un grupo respetado por sus colegas y admirado por el grueso del público que tiene sensibilidad para una buena dosis de rock cargado de honestidad.

La popularidad del grupo no debe preocupar a nadie, al contrario. Las acusaciones de “haberse vendido” o crear canciones con el objetivo premeditado de “vender millones” carecen de fundamentos. Nos tendría que llenar de regocijo que exista un grupo como Queens of the Stone Age, que aún promueve el sonido y la actitud del Rock & Roll: haz lo que quieras, pásala bien, rompe las reglas y sube el volumen tan alto como sea posible.

Editor Yaconic

Editor Yaconic

Previous post

EQUIVOCARTE TAMBIÉN ES UN ARTE. ENTREVISTA CON LA BANDA BASTÖN

Next post

SOFIA COPPOLA, LA SOLEDAD DE LA POBRE NIÑA RICA