En búsqueda de los ndi xito

Por Saraí Piña
Ilustraciónes: Kitzia Sámano 

Hace 57 años Salió a la luz pública -por medio de un foto reportaje en la revista Life del etnomicólogo Robert Gordon Wasson- el uso ritual de los hongos enteógenicos (dios dentro de nosotros) por parte de los mazatecos en el estado de Oaxaca, siendo exhibida la figura de una chjota chjine (gente de conocimiento) llamada María Sabina Magdalena García. Dicha exhibición contraería años después cierta mitificación alrededor de esta chjine y de la pequeña comunidad Huautla de Jiménez, desembocando una oleada de turismo emergente, ávido de experiencias místicas, y con el firme propósito de hablar con Dios por medio de los ndi xitho (niños santos).

El turismo tuvo su apogeo a tierras huautlecas  en 1969 con el movimiento hippie, el cual vio en estos parajes el lugar idóneo donde se postraría una meca del consumo de enteógenos y de la puerta hacia otras realidades. Ese turismo, como el actual, llegaría a tierras oaxaqueñas con dicho propósito; sin embargo  varios son los que se van desilusionados al encontrarse con toda la comercialización de lo sagrado, de los niños santos, y de las pseudo ceremonias ofertadas por parte de neochamanes autóctonos y occidentales.

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Tal pareciera que estamos frente a la predicción de aquella abuela Sabina al decir:

“Desde el momento que llegaron los extranjeros, los `niños santos´ perdieron su pureza. Perdieron su fuerza, los descompusieron. De ahora en adelante ya no servirán. No tiene remedio”. (María Sabina)

Preedición hecha realidad pues la mayoría de los visitantes no tiene una idea clara del consumo de enteógenos desde el “otro”, en este caso el mazateco, el cual recurre a ellos en un proceso de salud/enfermedad/atención. El mazateco concibe la enfermedad binariamente cuerpo/espíritu y hombre/naturaleza dicha concepción tiene que ver con un mapa sagrado, en donde está presente la lógica de la persecución.

Para el mazateco el mundo es nombrado como “Dosen”, en dicho mundo en el Oriente se encuentra el Padre Eterno, entre ese mundo y el extremo del Oriente está el Mar Sagrado, y al otro lado del Mar está sentado el Padre Eterno en una mesa de plata, y con él todos los animales de la región. Para el mazateco el Padre Eterno da la vida y es dueño de la tierra y de las personas.

En lo que respecta al lado Poniente, se encuentra el Maligno o también llamado Chad-nai, Tie’e o Ska´ba  el cual se encuentra donde el sol se oculta, a su vez es visto como uno de los seres que propician la enfermedad. Habita en grandes cavernas, por lo que tiene encerrados a los “malos aires” o los “malos vientos” los cuales son los detonadores de enfermedades físicas y espirituales. Relacionados con el Maligno están los habitantes de la parte de enmedio entre Oriente y Poniente, causantes de la enfermedad, seres sobrenaturales que ocupan otras dimensiones de dicho universo llamados chikones. Para el mazateco donde nace el Sol están todas las cosas buenas, mientras que donde se pone el Sol están relacionadas las cosas malas. La convivencia que mantienen los mazatecos con los Chikones  es un convenio tácito de mutuo respeto a ciertas jurisdicciones. Podría decirse que tal convivencia se desenvuelve en la lógica del miedo a la persecución.

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Al presentarse cierta sintomatología (como la pérdida de fuerza, tener hambre, cansancio así como problemas sociales) es cuando recurren con un chjota chjine, el sabio o sabia hará un diagnostico a través de su propio método (leer velas, copal, cartas, maíz) en donde se revelará que es lo que ocasionó la enfermedad, la cual puede ser curada por medio de limpias con ruda y huevo, sobar, chupar o ingiriendo ciertos tes de hiervas medicinales.

El mazateco acude con diversos especialistas pues no todos los chjines saben dar los hongos, las especialidades que destacan son las de rezanderos, lectores de vela, copal, cartas, chupadores, masajistas, y hueseros. Dichas especialidades son aprendidas, y la mayoría de los chjines refieren que fueron conocimientos dados durante alguna velada con los honguitos, en todo caso el chjota chjine es un enfermo que se ha curado y ha aprendido un método personal.

En todo caso, si no se logra erradicar los síntomas, el chjine opta por velar con los ndi xitho junto a su paciente, para hablar con “los honguitos” y dar, por medio de las visiones, con el mal. Entre los mazatecos los hongos más apreciados son los “Derrumbe” (Psilocybe caerulescens) y “San Isidro” (Stropharia cubensis), dotados de una personalidad propia, son entes vivientes.

La velada (según la tradición mazateca) pone de manifiesto el contacto con la madre tierra, en donde se interactúa con los seres sobrenaturales. En su vuelo extático se establece un diálogo en donde en chjota chjine, quien es el traductor de dichas visiones, y se cura por medio de la palabra. Para llevar dicha velada el mazateco se somete a ciertas prescripciones como la dieta sexual,  preferentemente cuatro días antes y cuatro días después, pues es un tiempo dedicado a lo sagrado. También se guardan de ingerir ciertos alimentos, como el fríjol negro, así como privarse de prestar objetos o bien recibir visitas en sus casas después de la velada, ya que es un tiempo de guardar.  De no seguir estas prescripciones el mazateco pone en peligro su seguridad ontológica, “si no te cuidas quedas loco”, frase referente a la mayor falta (entiéndase el no guardar la dieta sexual).

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La velada con los ndi xito se realiza de noche pues es cuando menos ruido hay, así como el hecho de que pueden apreciarse mejor las visiones que muestra su medicina, además de que la noche es feminizada, por ende es el momento del reencuentro con la madre tierra.  Dichas veladas se realizan frente al altar, el cual está dirigido hacia el poniente de donde emerge lo bueno. Dentro de algunos elementos que se encuentran en dicho altar pueden ir desde la iconografía católica, flores, velas, copal y San Pedro (tabaco molido), el cual es utilizado como amuleto de protección y es untado en las coyunturas del cuerpo.

Los mazatecos dicen que un chjota chjine que tiene su mesa limpia es aquel que dirige sus rezos a esa dirección, mientras que aquel que hace lo contrario es considerado un Te’ej o brujo, aquel que trabaja lo “malo”. En todo caso, el consumo de los ndi xitho se efectúa como última alternativa durante el tratamiento de la enfermedad por la connotación sagrada que tiene para los mazatecos.

Actualmente estamos frente a un fenómeno de neochamanismo impulsado por el mercado de las nuevas creencias. Por ende no es raro ver la apropiación de algunos grupos New Age, impulsado por la búsqueda de la ingesta de hongos en parajes naturales mazatecos, sobre todo en el Chikon Nindo Tokoxo, cerro sagrado para el huautleco.

También existe el neochamanismo autóctono, que son infinidad de mazatecos quienes ante los ojos del turista ávido de la experiencia mística se venden como verdaderos “chamanes” e incluso aprendices de la abuela Sabina, ofreciendo veladas improvisadas y sin los cuidados previos. Tales “curanderos” no son reconocidos por la comunidad, pues no atienden sus enfermedades con ellos; por el contrario, son considerados como charlatanes, ya que es bien sabido que un chjota chjine no se muestra tan fácilmente a los extraños ya que su trabajo es delicado es en el como centro de relaciones sociales donde se pone en juego la salud, física, espiritual y social.

El  perfil del turismo actual que arriba a Huautla de Jiménez,  son personas de entre 15 y 40 años, de diferentes nacionalidades, estratos sociales además de académicos, los cuales van en busca de una experiencia tanto sensorial como espiritual. Está claro que no comparten el imaginario mazateco, así que la forma en la que realizan sus ingestas del enteógeno va desde comerlos solos en la montaña, encerrados en las cabañas que se rentan hasta acudir a un neochamán autóctono, o bien elaborando sus propios rituales en altares hecho con diferentes objetos significativos, que van desde plumas, fotos hasta artesanía que que evoque ingestas de enteógenos en otros lugares. Otros más realizan la ingesta -de forma solitaria o con algún grupo de amigos- sin guía alguna manifestando la posibilidad de una democratización del chamanismo.

Si bien es cierto que los enteógenos tiene efectos físicos similares en los individuos se anteponen las metáforas culturales de éstos y de cómo se elabora la experiencia en sociedades originarias, donde el consumo de las substancias que modifican la conciencia tiene un por qué, cómo, dónde y para qué consensuado socialmente, mientras que en sociedades occidentales son cuestiones que aún no se establecen, de ahí la grave toxicomanía.

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