De la columna Negra y criminal

Por Iván Farías / @ivanfariasc

I

Los leones chinos comenzaron a bailar al ritmo de los tambores. Los mueven asiáticos de cuerpos menudos y caras sonrientes. Hace frío, la gente lleva chamarras y bufandas. Mientras los bailarines hacen sus evoluciones los espectadores callejeros desenfundan sus celulares y mal graban lo que no ven. Una tanda de cuetes “chifladores” surcan el cielo. Acto seguido, una cartuchera de fuegos artificiales colgados de los postes iluminan de colores el cielo nocturno. La gente aplaude feliz. Sobre Avenida Independencia pusieron gran parte de los puestos que año con año acompañan la celebración del Año Nuevo Chino en el centro de la Ciudad de México.

—Durante 26 años lo han puesto afuera de mi casa —me dice Guillermo Rubio, ex policía y escritor de novela negra, autor de Pasito tun tun y El Sinaloa. —Este es el primero que no lo ponen acá. —Dice señalando la pequeña calle de José María Marroquí. La paralela a Dolores, principio y fin del Barrio Chino mexicano, el más pequeño del mundo. Memo vive desde hace décadas ahí, con su perro Malik, un can enorme y cariñoso que se está quedando sordo.

guillermo rubio visitando al diablo

Rubio escribió un cuento hace unos años, cuando trabajaba bajo las órdenes de Carlos Payan (don Carlos, siempre le dice), que se llamaba “El Águila Real”, personaje que acabaría encarnando Rogelio Guerra en la telenovela Nada personal. No se jacta de eso, me lo contó una vez que fuimos a desayunar barbacoa. Memo es un escritor nato, un tipo venido de las filas de la policía. Sus novelas rebosan violencia y humor negro. El Yaqui, el sicario protagonista de Pasito tun tun, baila antes de torturar a sus víctimas. Todo ese ritual es tan divertido que cuando entra en materia uno no sabe si seguir riendo u horrorizarse.

Memo ha cometido un par de equivocaciones al momento de publicar. Lo ha hecho bajo malas condiciones y en editoriales sin difusión. Su primera novela, la referida Pasito… es prácticamente una edición de autor. El gran público la desconoce, y eso que llegó a la mítica librería Negra y criminal de Paco Camarasa en Barcelona. La otra salió en Terracota bajo condiciones desfavorables para el autor. Huelga decir que la relación acabó muy mal. Su tercera novela, Visitando al diablo, un juego para Rubio, apareció editada por la BUAP con tal cantidad de errores que cuando me la obsequió me pidió disculpas de antemano. Si hubiera escogido una editorial con mayor distribución, Memo tendría miles de lectores.

II

“México, con cierta timidez, le llama a la calle de Dolores su barrio chino. Un barrio de una sola calle de casas viejas, con un pobre callejón ansioso de misterios. Hay algunas tiendas olorosas a Cantón y Fukien, algunos restaurantes, pero todo sin el color, las luces y banderolas, las linternas y el ambiente que se ve en otros barrios chinos, como el de San Francisco o el de Manila. Más que un barrio chino, da el aspecto de una calle vieja donde han anclado algunos chinos, huérfanos de dragones imperiales, de recetas milenarias y de misterios.” Así es como describe Rafael Bernal en su imperecedera novela El complot mongol ese pedacito de tierra asiática.

el complot mongol rafael bernal

Bernal fue un intelectual mexicano poco favorecido por el ambiente cultural. Para empezar, era católico, lo cual siempre lo marginó, al igual que Vicente Leñero, quien profesó abiertamente su fe. Los libros de Bernal salieron en la otrora editorial católica Jus, en sí mismo un escondite. Los temas que le interesaban no eran los de moda en el momento que salieron.

El libro Su nombre era muerte, una novela de ciencia ficción en el trópico fue vapuleada por los críticos de su tiempo. ¿Cómo un mexicano iba a escribir sobre ciencia ficción? Y cuando publicaba cuentos policiacos era aún peor. El policíaco siempre ha sido visto con la ceja levantada por la muy anquilosada intelectualidad mexicana.

su nombre era muerte rafael bernal editorial jus

Dice Xabier F. Coronado en la Jornada Semanal del 26 de junio de 2011: “Otro de los motivos por los que Rafael Bernal no ha sido valorado en toda su magnitud, es haber sido estigmatizado por una serie de acontecimientos o interpretaciones en relación con sus ideas políticas, cuando se integró al partido Fuerza Popular. Hay un hecho muy comentado de la vida de Bernal, acaecido el 19 de diciembre de 1948, cuando militantes de la Unión Nacional Sinarquista colocaron una tela negra sobre la estatua de Benito Juárez en la Alameda Central. Entre los detenidos, acusado de ser responsable del ultraje a la figura de Juárez, se encontraba Bernal. El escritor nunca aceptó esta acusación y negó haber tomado parte en los hechos. Posteriormente, fue indultado por el presidente Miguel Alemán, pero no quiso aceptar el perdón porque eso significaba reconocer su culpa. Poco después Bernal se desvinculó del movimiento sinarquista.” Tal vez por eso Bernal se la vivió viajando, observando a lo lejos a México.

La recopilación de cuentos largos o noveletas, que hace Martín Solares en Antología policiaca, editada por el Fondo de Cultura Económica, nos muestran la evolución de la narrativa criminal de Bernal. El último cuento es el mejor de todos. Bernal deja atrás el whodunit inglés y crea unos personajes en un contextos realista, que no real. El último cuento sucede en Japón y hay implicaciones internacionales en un asesinato.

III

Si alguien se lo propone puede escribir una novela. Si alguien se lo propone con más ahínco puede hacer muchas novelas. Si alguien se lo propone con mucha preparación y constancia puede escribir una novela y ganar premios. Pero pocos pueden crear personajes que caminen y anden una vez que el autor se haya muerto. Ahí está Raskolnikov, Anacleto Morones y el viejo Aureliano Buendía. A Bernal le sobreviven Filiberto García y Martita Fong, el ruso Ivan Laski y el gringo Graves, el político Del Valle y el Coronel. Ah, y todos los chinos que van quedando muertos en el camino.

Los chinos celebran en 2016 el año 5776. Nos llevan siglos de adelanto. Mientras bailan y comen fideos y panes al vapor se van consolidando como la potencia mundial. El mundo, tan solo por números, les pertenece. El idioma más hablado del orbe es el chino y solo lo hablan ellos. Hace no mucho dieron a conocer la noticia que células del cártel de Sinaloa estaban haciendo negocios ya con las triadas hongkonesas más importantes. Un laboratorio de metanfetaminas descubierto en Manila, donde criaban gallos de pelea como tapadera para sus actividades ilícitas, puso en alerta a la policía filipina y a las autoridades norteamericanas.

Lo interesante de esa nota fue que mientras la metanfetamina inunda Estados Unidos, es decir, una droga para pobres, la cocaína llega a China, es decir, una droga para ricos. Bay bay superpotencia; nǐ hǎo! nuevo rey mundial.

Mientras caminamos entre la muchedumbre vemos como los mexicanos y los asiáticos están ya fundidos. Los puestos diseminados en Dolores e Independencia tienen toda la parafernalia oriental, pero no faltan los chamanes hechizos mexicanos, los puestos que venden “revolución” a través de libros piratas del Che o camisetas con fotos de Zapata y Villa.

—¿Y sigue habiendo fumaderos de opio clandestinos? —Le pregunto a Guillermo Rubio. Suelta una risa estruendosa y me cuenta.

—Cuando trabajaba en la federal investigué a un chino que vendía heroína. El cabrón se la pasaba fumando opio y jugando con esas pinches fichotas que hacen un montón de ruido cuando las azotan en la mesa. Hasta que se oyen, cabrón. —Y volteó hacia la ventana de su departamento. No se oyen los ruidos del Pai gow, una especie de fusión entre el dominó y el póquer, muy popular en donde hay hijos de Mao, sino los cuetes y los tambores en esa fiesta que dura todo el fin de semana.

—¿Y te gustó El complot mongol? —Le pregunto ante la risa de mi mujer que sabe que es mi obsesión en los últimos días.

—Lo leí hace mucho tiempo. El cabrón de Filiberto vivía en la otra calle, en Luis Moya. —Dice Rubio emocionado. —Yo estoy escribiendo una novela que será enorme. Uno de los personajes es hijo de Filiberto García. Porque seguro el cabrón era de la Dirección General [la desaparecida y tenebrosa DFS, órgano de espionaje gubernamental durante la guerra sucia]. Tengo que cambiarle el nombre, por los derechos, pero su hijo va a ser uno de los personajes.

esto es un complot bef

Filiberto sobrevive a Bernal. No por nada el año pasado se hicieron varios homenajes al complot. Desde libros como el compilado por Bernardo Fernández BEF, ¡Esto es un complot!, que incluye la artillería pesada del noir en México: Imanol Caneyada, Élmer Mendoza, Iris García, Hilario Peña, Francisco Haghenbeck, Joserra Ortiz, además de Micro y Pedro Ángel Palou. Planeta hizo recorridos por el Barrio Chino, coordinados por Ivonne Reyes Chiquete. Y un servidor hizo un paseo desde el Café La Habana en Bucareli, pasando por el edificio donde vivía Héctor Belascorán Shyne, cruzando por los lugares donde los personajes de Spota y Gavaldón cobraron vida en sendas películas, hasta llegar al Barrio Chino, hogar de Filiberto García.

IV

Sebastián del Amo, director de El extraño mundo de Juan Orol y Cantinflas, anunció el año pasado que harían una nueva versión cinematográfica de la novela de Bernal. Y presumió un elenco lleno de estrellas mexicanas. A la fecha no hay noticias de nada concreto. La versión realizada en 1978 dirigida por Antonio Eceiza es pésima, una afrenta a la historia original.

Hace frío, veo el celular y me dice que son las once de la noche y que la temperatura es de casi 3 grados. Los tambores vuelven a sonar y los tigres reaparecen. El año nuevo chino entra el 8 de febrero. Faltan poco más de 24 horas para eso. Levanto la cabeza y me parece ver la figura de un hombre delgado que trae un saco especial en el que no se le nota la 45. Es un hombre que usa loción Yardley, que tiene los ojos verdes y nació en Michoacán. Dice de él mismo que es un hacedor de muertos.

Cuando intento fijar la mirada el hombre ha desaparecido entre la muchedumbre de la calle Dolores, el Barrio Chino.

Editor Yaconic

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