Por Nacho Hipólito / @j.ignacio

I

Tenía 10 años cuando mi tío Jorge “Negro” Hipólito me llevaba al Chopo. Mientras caminábamos por ese caótico tianguis deambulaban frente a nosotros militantes de diferentes “tribus urbanas”. Imperaban los metaleros; pero también había góticos, algunos rockabilly, unos cuantos hippies y por supuesto punks, quienes más llamaban mi atención, sobre todo por su icónico corte de cabello, el mohawk.

Los veía caminar a un lado de nosotros y sentía que nos iban a golpear solo por diversión; o peor aún, que nos asaltarían con cuchillos y pistolas. Creía que su música hablaba de drogas, de cómo planear asaltos o cómo asesinar a alguien. Y no podría haber estado más equivocado, pero venía de una escuela católica y mis padres eran increíblemente sobreprotectores. Entonces compartía su punto de vista: los punks eran enviados del diablo.

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Rancid en 1994: Tim Armstrong, Brett Reed, Lars Frederiksen y Matt Freeman / Foto: Martyn Goodacre.

Hasta que compré un número de la revista La Mosca, con The Ramones en la portada, me sumergí en el mundo del punk, y me di cuenta que no era lo que pensaba. Desde que escuché “Judy is a Punk” el género se convirtió en uno de mis favoritos y en un compañero inseparable.

The Clash, Bad Religion, NOFX, Descendents, Minor Threat, Misfits y Social Distortion se convirtieron en mis bandas preferidas; pero hubo una me cambió para siempre: Rancid.

La música de Rancid no solo me ha acompañado en los mejores momentos de mi vida, también me ha ayudado a formarme como persona. Todo comenzó con …And Out Come the Wolves, el tercer álbum de la banda.

II

Rancid se formó en 1991. Tim Armstrong y Matt Freeman decidieron comenzar un nuevo proyecto tras la separación de su entonces banda, Operation Ivy, dos años atrás. Pero más allá de hacer música, se trataba de mantener su amistad. Armstrong era un drogadicto. Un par de años antes de la formación del grupo, el cantante casi muere de una sobredosis de valium y whisky. “No importaba si hacíamos música juntos o no, él seguía siendo mi amigo, y como si el destino nos lo diera, Tim y yo formamos Rancid”, dijo el bajista en una entrevista para Rolling Stone.

La amistad es la característica principal para entender a Rancid. Sí, su música los transformó en iconos del punk, pero lo que hay detrás de la banda es lo que realmente importa.

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Brett Reed, su primer baterista, se unió a la banda sin saber tocar. Alguna vez contó que cuando Freeman y Armstrong lo invitaron a formar parte de la agrupación, llevaba poco menos de una semana practicando con una batería usada. Después de un mes ya grababan su primer EP y dos años más tarde, en 1993, su primer álbum: Rancid.

Ésta es otra de las grandes características de Rancid: la inclusión. Armstrong y Freeman no necesitaron de un baterista virtuoso, sino de uno que tuviera actitud y ganas de hacerlo.

Lars Frederiksen se incorporó en 1993 como segundo guitarrista, y fue casi por accidente. De hecho Billie Joe Armstrong, el cantante y líder de Green Day, ocupó ese lugar brevemente. Tocó en un par de shows y ayudó a componer una de las canciones más populares de Rancid, “Radio”. Al final, Billie Joe decidió seguir con Green Day, y Frederiksen lo suplió. Con el tiempo Lars se convirtió en la columna vertebral de la banda.

Esos fueron los años formativos de Rancid —cosecharon dos álbumes increíbles—, pero el cenit llegó en 1995 con …And Out Come the Wolves, uno de los discos seminales del punk contemporáneo.

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III

Tenía 14 años cuando compré el tercer álbum de Rancid. Recuerdo muy bien el momento. Me regalaron 500 pesos de Navidad, y en una ida a Mixup compré el All Hallow’s EP, de AFI; el Punk in Drublic, de NOFX y …And Out Come the Wolves, de Rancid. No sabía lo que me esperaba. Esos tres álbumes (en especial el de Rancid) se convirtieron en el soundtrack de mi adolescencia. Y no solo eso, me ayudaron a encontrar muchos amigos.

“Time Bomb” sonaba cada que mis amigos y yo salíamos a dar el rol en mi viejo automóvil; “Roots Radical” era clásica cuando hacíamos guerras de crema de afeitar; “Junkie Man” era el fondo musical cuando nos saltábamos a una casa abandonada y “Old Friend” era un himno de violencia, aparecía cuando nos saludábamos a zapes en las mañanas. Esos son solo algunos recuerdos que estarán para siempre conectados con Rancid, y que siempre evocaran una cosa: amistad.

IV

En los ochenta el punk era una de las subculturas más herméticas. Los que eran parte de la “escena” eran increíblemente intolerantes con todos los que no formaran parte de su círculo social, y en especial con los que querían formar parte de él. Si no tenías un mohawk, no te drogabas, nunca te habías peleado, o no conocías a muchas bandas punk, no podías ser parte de la subcultura, no importaba cuanto disfrutaras de la música.

En protesta, los Dead Kennedys escribieron “Nazi Punks Fuck off”. Desde entonces la escena se ha abierto, poco a poco. Los Descendents —en especial Milo, su cantante— rompieron con la imagen casi obligatoria del punk; NOFX abrió las puertas al humor que tanta falta hacía a la característica violencia; mientras que Minor Threat ayudó a que las drogas, el sexo y cualquier exceso dejara de ser parte intrínseca del género.

El punk pasó de ser violento y peligroso, a ser un refugio musical y social para todos los que se sentían rechazados por la sociedad. Ya en los noventa, agrupaciones como The Offspring, Green Day, Lagwagon y Rancid ayudaron a que la subcultura se esparciera.

V

En 1995 Rancid se convirtió en una de las agrupaciones más importantes e influyentes del punk. …And Out Come the Wolves probaría el poder que Armstrong tenía como compositor, la fuerza que emanaba de la voz de Frederiksen, lo salvaje y armónico que podía ser Matt Freeman en el bajo y la ferocidad que salía de los brazos de Brett Reed.

“Maxwell Murder” marca el monstruoso ritmo de todo el álbum. Desde el primer minuto con 26 segundos las canciones del álbum no paran de sorprender: “The 11th Hour”, “Roots radicals”, “Time bomb” y “Olympia WA” son los primeros desplantes de punk que ahora son básicos en la educación musical de cualquiera. “Junkie man”, “Ruby Soho”, “Daly City Train”, “Journey to the End of the East Bay”, y “Old friend” son las pruebas concisas de que no es cualquier álbum, sino un hito.

Lo que creo que hace a estas canciones inmortales es el acercamiento que Tim Armstrong tiene con sus escuchas. El cantante nos cuenta historias, nos hace creer que somos sus mejores amigos, sus compañeros punk de corazón y su crew. Armstrong nos hace sentir como si estuviéramos con él cuando en “Olympia WA” relata su complicada relación con Tobi, de Bikini Kill; en “Junkie Man”, la convivencia con drogadictos de las calles; mientras que en “Journey to the End of the East Bay” nos cuenta de sus vivencias mientras formaba parte de Operation Ivy. Y así es todo el álbum.

…And Out Come the Wolves es otra gran prueba de cómo Rancid representa la cohesión y amistad inherente del punk.

VI

Me sorprendí cuando vi el nombre de Rancid en el cartel del Vive Latino. Pero no lo detesté como muchos otros punks de antaño lo hicieron. Escuché y leí comentarios: “¿Rancid y el Vive Latino?, ¡qué horrible combinación!”, “¿Qué hace Rancid en el naquísimo Vive Latino?”, “¿Por qué se prestaron a venir al peor festival de México?”, entre otros.

Lo que olvidamos todos es que Rancid fue una de las bandas que ayudaron a que el punk fuera más incluyente y abierto. No importa en qué festival se presenten, tampoco importa antes de quien toquen, o quien se presente después. Armstrong, Frederiksen, Freeman y Branden Steineckert (baterista desde 2006) vendrán a México y compartirán el escenario con bandas que oscilan entre el hip-hop, metal y el pop. Y a ellos no les importa mientras puedan compartir su música con su crew, con nosotros. Matt dijo alguna vez: “The only people that are happy with us are us”.

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Rancid en la actualidad / Foto: Epitaph Records.

VII

Estoy seguro de que en esta edición del Vive Latino tendré una regresión a esos tiempos en los que iba al Chopo con mi tío. Veré a todo tipo de tribus urbanas: los skatos irán a bailar two step con los Fabulosos Cadillacs e Inspector; los metaleros armarán mosh pits con Brujería y Moonspell; los cholos irán a forjarse un porro y a disfrutar de G-Eazy o los Crew Peligrosos; mientras que los punks irán por una sola razón: Rancid.

La única diferencia de cuando tenía 10 años será que esta vez no me darán miedo los punks; al contrario, estoy seguro que cuando Lars y Tim empiecen a cantar “Give ‘em the boot the roots the radicals/ Give ‘em the boot you know I’m a radical/ Give ‘em the boot the roots the reggae on my stereo”, abrazaré a un par de rebeldes con mohawk y saltaré hasta que Rancid salga del escenario.

Editor Yaconic

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