Por Vania Castaños / @Vaniacache
Fotos: Luis Avilés

Por tercer año los organizadores del Raymondstock lograron su cometido: armar una fiestota-festival. Los venues pasados habían sido un poco más discretos y aptos para aquellos que gustan de las drogas; pero la verdad es que, viendo que Pxxr Gvng estaba en el cartel, el foro importaba poco.

¿Festival de millennials incomprendidos? Yo ni soy millennial. De hecho, no tengo muy claro lo que es un millennial. Entiendo que es esa generación de chavos que se llevan bien con la tecnología y nacieron en los 90 —o algo así—. En todo caso el line up fue, en gran medida, dedicado a los modernos. Así que nosotros llamaremos esto: “Raymondstock, festival de modernos intoxicados”.

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¡Reggaeton is back, perras! Llevo pensándolo desde hace un rato y he ido perfeccionando mi perreo. Así que ver a Poor Gang como festejo de cumpleaños era un regalo ideal.

Desde temprano cité a mis amigos para que echáramos las cubas previas. El Raymondstock  Jr. empezaba a las cuatro; pero la verdad es que ninguno tenía ganas de entrar antes de embriagarse. (Por lo menos un poco.)

***

En el Indie Rocks! ya estaba tocando Papá enojado. Y sí, están chidos, pero… la chela y los chupes adentro costaban 80 pesos. No había reingreso, así que lo mejor era aprovechar. Nos tomamos una botella y unas chelas; escuchamos a La Mafia del Amor en el auto; la pasamos bien y de pronto ya eran las seis. Justo la hora límite para entrar. Así que nos dimos prisa.

Cuando llegamos ya había varias personas perreando con Jamez Manuel —residente de Naafi—. Lo acompañaban Cristobal Tobar y Andrés Landon, percusionista y productor de Mariel Mariel, respectivamente.  Empezamos a mover las caderas. Pasaron unos tragos y después de que Mariel también acompañara a Jamez, Tomasa Del Real subió a demostrar lo que es perrear. Para entonces las cosas estaban claras: si estabas en el Raymondstock Jr. tenías que perrear.

Mis amigas modernas y sus amigos, los modernos, ya estaban ahí. Me di cuenta cuando, después de Jamez, salimos al lobby y los vi, producidos y de negro porque #underground.  Seguía No Somos Marineros y la verdad es que nunca he sido muy fan, así que fui a convivir un rato. Entre chelas, cigarros y chistes vimos a los de Pxxr por ahí. “¿Qué pedo con esos batos? ¡O sea, tienen como 20 años!” Y bueno, obvio destilaban puro gueto.

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Además de los muchos modernos, había otros cuantos que quizá sí eran millennials. Parecía que la estaban pasando bien (los identificabas porque se acercaban a D Gomez, Khaled o Young Beef, de la Gvng, para tomarse selfies).

Desde hace algunas reseñas les conté que la Naafi —el sello discográfico de los modernos— viene con todo y era momento de que uno de los socios LAO, subiera al escenario. El vestíbulo se vació. Todos a bailar otra vez. Con chelas en las manos y un olor a marihuana circundando. Era imposible no bouncearnos con la mezcla de reggaetón/tribal del DJ.

En algún momento LAO invitó a Tony Money y Young Mily, de T.Y, otro colectivo reggaetonero de la ciudad de México. Presentaron “Excítame”. Qué sabroso es el reggaetón y quien diga que no porque es para “incultos”, “iletrados” o “machistas”, y que “denigra” a las mujeres, permítanme decirle que para mí, que soy feminista, el reggaetón me parece excelente para nuestra liberación.

Parece que a muchos les incomoda saber que a las mujeres también nos gusta el sexo o lo sexoso. Me encanta decir que también disfrutamos perrear y bueno, no tuve ningún problema en moverme al ritmo de “bien bien buena, tú te vez bien buena”.

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Hasta entonces todo había sido un ensayo de la fiesta. Había quien movía tachas, perico, y por ahí rondaban aguas con ácidos. Terminando LAO y después de otro, tocaba ver a Pxxr Gvng.

¡Boom! El Indie Rocks! empezó a apestar a Trap. “I love pussy, and pussy love me”; los batos españoles ya estaban rompiéndola y nosotros decidimos acercarnos al escenario tanto como la multitud nos lo permitiera. Para nuestra sorpresa llegamos bastante adelante y bueno, una vez ahí, donde el calor era recio, empezamos a perrear intensamente.

Le dimos duro, justo cómo el reggaetón lo exige. La verdad es que a muchos, incluyéndome, no nos importó que varias de las canciones fueran puritito playback. Digo, ya saben lo que decía Tupac Shakur: thug life.

Para nuestra buena sorpresa, Tomasa subió al escenario para ponernos bien hot con “Bonnie N Clyde”, la canción más hip de La Mafia del Amor, el proyecto alterno de los Poor y el casi himno de los modernos. “Bien dura, bien, dura, bien dura; que se te suba la temperatura”. ¡Uff, uff, uff!, todo estaba yendo muy bien.

De vez en vez D Gómez hablaba, pero se le entendía poco. No me había importado hasta que noté que el show estaba detenido y el MC reclamaba algo. De arriba gritaban cosas y ya se estaba armando un desmadre. Al perecer le habían lanzado agua desde el público. Y él, cual Azealia Banks en el House of Vans, paró el show.

Todos se escuchaban muy enojados y de pronto un reflector comenzó a apuntar hacía el presunto  culpable. Cuando nosotras reaccionamos, resultó que era mi amigo Alexander —del clan de modernos—. El público lo empezó a rodear y parecía que poco a poco lo estaban llevando hacia el escenario. “¿Qué pedo? ¿Van a entregarlo? ¡No mames!” (Urban style).

Quien sabe cómo, pero de pronto D Gómez ya estaba abajo reclamándole a Alexander. Después de la disputa el show terminó.  Alexander tenía cara de desorientado. Obviamente no había sido él quien aventó el agua. Le pregunté qué le había dicho el MC:

—Wey, pues le dije que yo no fui. ¡Yo no estaba chupando! Y aparte estaba agarrando mi mochila. Era imposible.

Entre la confusión y la tristeza por el repentino fin del perreo, recuerdo también a Mariel justificando el caos que Pxxr Gvng había ocasionado. “Son ghetto, tenían que terminar con algo así, está bien, wey”. Y pues sí, “la Mariel” tenía algo de razón.

Confirmé la teoría de la chilena cuando ya pasada la madrugada, Alexander y Gómez platicaron y el cantante le confesó al dude que sabía que no había sido él porque “tenía cara de confundido, no de culerito”.  El chiste era armarla de pedo.

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Después de los reggaetoneros ya nada volvió a ser igual. Era momento de hacer explotar toda esa droga que habían consumido y nada mejor que una dosis de techno para logarlo.  Desde Nueva York, Aurora Halal se ocupó de los beats, pero la mayoría seguíamos recuperándonos y re hidratándonos por el baile anterior.

Aún era temprano y el Foro se empezaba a vaciar. Los pocos millennials se retiraban. Cuando Halal terminó Ital empezó su show. Yo entré al a escuchar un rato, pero ya muchos se veían muy tronados; trabados. El lugar no estaba ni a la mitad. Muchos estaban afuera, preguntando por el after.

A medianoche Los Residuos Del Cristal empezaron con sus sonidos que para nada atenuaban el éxtasis de unos cuantos que ya se veían bien explotados. Me quedé un rato, pero todo se tornó incómodo cuando después de moverme tres veces de lugar, en menos de 10 minutos había aparecido un borracho “galán” junto a mí.

Salí y después de platicar un rato con mis amigos decidimos movernos, como los pocos que quedaban ahí. El after ya se había armado y obvio era en la cuna de los modernos, el Bahía Bar. Así que abordamos el auto y nos dirigimos a la Juárez. Allá la fiesta con los Pxxr Gvng siguió y siguió hasta que la droga se acabó.

 

 

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