ENTREVISTA CON MIGUEL ÁNGEL HERRERA

 

Por Alejandro Romero Barrientos / @romero_bar

Décadas atrás, el director canadiense David Cronenberg planteaba en sus filmes la viralización de la tecnología como medio para controlar a las masas (Crímenes del futuro, 1970, y Videodrome, 1983): una distopía que entonces sólo cabía en la ciencia ficción, y que años más tarde protagonizaríamos las generaciones contemporáneas. En tiempos en los que la información es espontánea y abundante, en demasía, el rubro editorial, y casi cualquier otro, se enfrenta a una transición acelerada; al uso de las herramientas tecnológicas para mantener la sustentabilidad.

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Hace algunos años, en 2008, surgió Monocromo en la ciudad de Morelia, Michoacán, una revista que a simple vista resultaba interesante —mi primer encuentro con la publicación fue en la dulcería de la Cineteca Nacional, donde estaba a la venta un ejemplar en DVD—. Aquel acercamiento me llevo a la red; lamentablemente, cuando por fin la hallé, la revista ya no se editaba. Ahora sólo es una pieza coleccionable y uno de esos experimentos editoriales que conjuntan la tecnología con el quehacer humanista de la escritura y las artes.

Cada ejemplar —en total se hicieron 18 y se pueden consultar AQUÍ— se editaba de acuerdo con el concepto del contenido. Así, el colectivo-revista utilizó la serigrafía, la impresión, el libro-cartón, el CD, el DVD, el VHS, la USB, periódicos viejos y hasta las playeras para diseñar sus ejemplares. El número 1, por ejemplo, contenía 10 trabajos artísticos impresos en blanco y negro en papel algodón; mientras que en el número 3 se incluyó un CD, en el 5 una playera, y cada pieza del 7 se hizo sobre hojas de algunos ejemplares de 1976 del periódico Excélsior.

Monocromo se despidió en 2014 con una edición en VHS. Su red sumó a más de cien colaboradores del mundo. La revista hizo de sus presentaciones fiestas que devinieron en encuentros lúdicos y de desparpajo. La revista llegó al Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, a la L.A. Art Book Fair, al Salon für Kunstbuch (Salón para el libro de artista) de Viena, a la Feria de Arte Contemporáneo en Buenos Aires (arteBA) y al Festival de la edición independiente en Milán (MICRO), entre otros recintos de arte, festivales y espacios editoriales.

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Entrevistamos a Miguel Ángel Herrera, uno de los editores de Monocromo. El equipo editorial estuvo conformado, además, por Rogelio Rosiles, Francisco Zúñiga, Paloma Gamiño, Paulina Morales y Tania Chávez.

¿En dónde y cómo se conocieron los fundadores del proyecto?

En la Escuela Popular de Bellas Artes, donde todos estudiamos.

¿Qué los orilló a desarrollar un proyecto como éste? ¿Cuáles fueron sus principales inspiraciones? 

Mostrar y difundir nuestro trabajo de manera accesible y sin intermediarios; crear una especie de galería que circulara de mano en mano. Y, en mi caso, tal vez indirectamente, estaba mi interés y la obsesión que tuve durante algún tiempo (aún persiste pero de forma diferente) por el movimiento Fluxus y todo lo relacionado a éste.

¿Cómo encontrar una propuesta editorial fresca, original y que se distinga del resto?

Eso no lo sabría responder realmente. Nunca nos propusimos hacer algo diferente y destacar del resto. Simplemente teníamos inquietudes que pocos habían explorado por estos lados y las concretamos en un producto que resultó ser algo diferente.

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¿Cómo fue su experiencia al lanzar el primer número? ¿Quiénes los apoyaron? ¿Dónde lo presentaron? ¿Hubo críticas y comentarios?

Nos aventamos la primera presentación sin saber lo que vendría después. Incluso sin saber que habría un segundo número. Por eso el primero se titula simplemente Monocromo. En ese entonces, 2008, aquí en Morelia, las presentaciones de publicaciones eran siempre iguales: aburridas. Como respuesta a eso quisimos hacer simplemente una fiesta e invitar a nuestros amigos a tocar. Lo presentamos en un bar muy pequeño, el Raven, que estaba ubicado en el centro de la ciudad y que nosotros frecuentábamos mucho. El dueño nos dejó hacer la fiesta ahí sin problemas. Se puede decir que él nos apoyó en ese sentido (en el Raven presentamos también el número dos antes de que el bar fuera cerrado permanentemente.)

El apoyo creativo vino de nuestros amigos que tocaron sin pedir nada a cambio: Chito (de La Sex Fleur), Jaime García (ahora Kryone, creador y dueño de Pira.md Records), Roma Transtorner (por el contacto con el ex-guitarrista César Arceo, que actualmente produce su música como Mr. Vampire) y Franz, que ahora es conocido como FrnzFrnz en Pira.md Records. Son personas que bajo otros pseudónimos colaboraron con nosotros en todo el periodo que estuvo vigente Monocromo. Algunos de ellos incluso tocaron en nuestra última fiesta en julio del año pasado. Esa es la gente que nos apoyó desde el principio, personas creativas que hacen las cosas de manera desinteresada, y que tienen propuestas interesantes que creemos deben ser vistas o escuchadas. Era todo el apoyo que necesitábamos. Cabe destacar que después tratamos de darle un giro a cada presentación proponiendo colaboraciones más directas con las bandas, o haciendo otras actividades: exposiciones, proyecciones, intervenciones, etcétera.

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En cuestión de críticas o comentarios creo que hubo una nota en el periódico anunciando que se haría la presentación, pero no recuerdo que “alguien” haya reseñado el evento o haya publicado alguna reacción (en ese entonces la única red social que utilizábamos era MySpace.) Las respuestas y comentarios de los asistentes fue muy buena. Hicimos 30 ejemplares y los 30 se vendieron ese día, posteriormente tuvimos que re-editar otros 30 (me parece) debido a la demanda. Para nosotros eso fue algo totalmente inesperado y motivador.

¿Cómo sobrevivir a la creciente oleada de publicaciones, sobre todo en el contexto independiente? 

Es raro contestar esto, puesto que Monocromo ya no se edita más.

Creo que los proyectos viven lo que tienen que vivir y solamente los involucrados, y el proyecto mismo, determinan los factores para que éste termine, independientemente de todo lo que está suceda alrededor; es decir, aunque surjan otros 20 proyectos en el mismo contexto que el tuyo, no es justificación para que dejes de hacer tus cosas. Incluso si hay otros 10 iguales. Depende de cuáles sean tus objetivos y del por qué haces lo que haces. Tal vez la clave de Monocromo fue no ser algo establecido y la principal característica el cambio constante, incluso de logotipo.

¿Qué tan complicado fue (es) conseguir colaboraciones siendo una publicación independiente?

Depende de qué tipo de colaboraciones te interesen. Para nosotros, creo, fue fácil porque nunca estuvimos persiguiendo “grandes nombres”; más bien, nos interesaba difundir el trabajo de gente como nosotros, que trabajaba de forma similar, pero en otro estado o país, y que generalmente eran accesibles y tenían la “cultura de la colaboración” (no sé si ese término exista). Ésta consistía en crear algo en conjunto, aportar, sumar y que todo fluyera de manera natural sin pedir nada a cambio. Creo que ésa es la diferencia entre un trabajo y una colaboración: esta última crees en lo que estás haciendo, en la naturaleza del proyecto y de alguna manera te sientes identificado. No sé cómo decirlo… se comparten los mismos ideales o al menos se coincide en algún punto.

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¿Cómo observan el panorama de contenidos en las publicaciones independientes actuales?

Te puedo hablar por mí. Tal vez cada uno tenga una opinión diferente. Actualmente hay muchísima actividad y propuestas, algunas más interesantes que otras, pero hay varias que me agradan bastante y con algunas incluso tuvimos el gusto de colaborar. Independientemente de eso, me parece destacable el hecho de que cada vez haya más gente haciendo las cosas a su manera; que elabora sus productos; que gestiona sus proyectos y genera sus espacios. Y de pronto las instituciones también voltean a ver los proyectos, los apoyan sin limitar su contenido o esencia. Es increíble.

Además de lanzar la revista en formatos como USB y DVD, en qué otros la presentaron y por qué la decisión de utilizar distintos medios para publicar.

USB, DVD, CD, playeras, posters, VHS, sobre periódicos viejos, etcétera. El soporte lo decidíamos según la idea y el concepto en cuestión. A pesar de que todos tenemos una formación en la plástica, siempre nos interesó colaborar con creadores de otras ramas creativas (escritores, fotógrafos, músicos, videastas, diseñadores…) y teníamos que darle la mejor salida a cada número acorde al contenido. ¿No se pueden reproducir piezas sonoras en una hoja de papel o sí? (Tal vez sí, ahora que lo pienso.)

¿Qué tan funcional y qué alcance puede tener una revista que varía sus formatos en cada edición?

Muy poco funcional en cuestión de conseguir apoyos o becas. Monocromo era demasiado “objeto” para la Dirección General de Publicaciones (del Conaculta), supongo, y muy “revista” para los curadores. Son cosas que no pensamos. Monocromo no fue algo fríamente planeado; surgió de una lluvia de ideas. Eso es lo que nos movía a hacerlo, que no seguíamos lineamientos ni teníamos que cumplir con las expectativas de nadie. Que prácticamente podíamos hacer lo que quisiéramos y dejarlo de hacerlo cuando decidiéramos.

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¿En qué beneficia el desarrollo y la aplicación de nuevas tecnologías en el mundo editorial?

Bueno, la tecnología es algo importante en cualquier ámbito. No veo por qué tendría que ser diferente en el mundo editorial. Sin embargo, y siendo sincero, ni yo, ni ninguno de mis amigos somos muy conocedores de cosas tecnológicas.

Para lograr el número de la USB (que supongo es la raíz de la pregunta) pretendíamos pagarle a un informático para que nos creara una interfaz en la que se interactuara con el contenido, pero nunca entendió lo que queríamos y al final nos entregó algo que no nos gustó; que no era lo que buscábamos presentar, así que decidimos desecharlo y hacerlo de nuevo nosotros, diseñando en Word con hipervínculos y guardando todo como páginas web. Así de simple y “anti-tecnológico”.

La tecnología nos rodea y es parte nuestros días: si estás trabajando en la ortodoncia tienes que vincularla con tu trabajo e investigar acerca de los nuevos aparatos y métodos; si estás a cargo de un proyecto editorial, igualmente, supongo. Es algo que se da de manera natural o al menos en nuestro caso así fue: queríamos publicar Gifs y una USB resultó ser el soporte ideal.

Ahora bien, hablando de un plano general, la tecnología resulta ser un gran vínculo entre el producto editorial y el receptor. Puede ser más atractivo para la lectura, para recibir la información; sin embargo, creo que un buen libro, unas buenas ilustraciones o un buen diseño igualmente pueden atraparte. No sé. Siempre es bueno crear nuevos formatos y ofrecer más alternativas. Sobre todo para el público joven e infantil, que se aburren fácilmente.

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En términos geográficos, ¿hasta dónde tuvo impacto la publicación?

Recibimos propuestas de colaboradores, reseñas o comentarios de varias partes del mundo. Se expuso de manera física en festivales y ferias en Milán, Nueva York, Los Angeles, Viena, Buenos Aires y en estos momentos se está (o se estaba hasta hace poco) exhibiendo en la exposición “Underground. Revues alternatives, une sélection mondiale de 1960 à aujourd’hui” dentro de La Fête du graphisme en París

Muchas gracias.

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