Por Arturo J. Flores / @ArturoElEditor

México es el país en el que más picante se come. Y también el único donde puede uno pedir que le sirvan un elote con chile “del que no pica”. Así lo ilustra el standopero Carlos Ballarta en su reciente especial para Netflix. La trayectoria de Red Hot Chili Peppers podría resumirse con estos conceptos. Por momentos hemos sentido todo el rigor de su ardor en la boca; pero en otros, apenas si nos ha hecho cosquillas en la lengua.

Al grupo fundado en Los Ángeles en 1983 se le achacan por igual discos tan violentos como Mother’s milk (1989), pero también otros mucho más refinados del tipo Californication (1999). Decir elegante para quienes pusieron de moda un dresscode que consistía en colocarse un calcetín en los genitales suena involuntariamente humorístico. Los Red Hot Chili Peppers se mantienen vigentes porque han sabido diferenciarse de sus contemporáneos. Si bien su sonido ya no sorprende con la misma originalidad que a principios de los noventa, porque hoy en día la música mainstream se mueve en direcciones cada vez más amplias, los más jóvenes aún reconocen en los exponentes del híbrido funk metal, a unos cincuentones creativos de los que es imposible esperar lo predecible.

red hot chili peppers,, yaconic

Me explico: antes del estreno de Hardwired… to self destruction (2016), muchos teníamos una idea más o menos acertada de lo que vendría, a qué se parecería o qué estructuras autoimpuestas no se atrevería a romper Metallica. En el caso de los Peppers, su más reciente lanzamiento, The Getaway, estrenado en junio de 2016, suponía la oportunidad de arriesgarse al extremo, de evitar sus lugares comunes y sorprendernos explorando tesituras que no se reconocen como propias.

Decir que lo consiguieron al 100 por ciento sería inexacto, pero como alguien que les sigue la pista desde aquel lejano 1991, cuando los escuché por primera vez, puedo jurar que por lo menos lo intentan. Anthony Kiedis, Chad Smith, Flea y el guitarrista en turno, Josh Klinghoffer, porque la agrupación ha tenido que enfrentar una especie de maldición que les impide disponer de un integrante fijo en el puesto. A menudo suelen ponerse a prueba como compositores, ejecutantes e instrumentistas.

 Esta vez pasaron su propio examen.

josh klinghoffer

Josh Klinghoffer.

LA MALDICIÓN DE LAS SEIS CUERDAS

Paradójicamente, ha sido ese desfilar de verdugos de las seis cuerdas lo que los ha obligado a caminar por la línea del desfiladero, a inmiscuirse en lo desconocido, a reconocerse continuamente como músicos sin el riesgo a caer en la monotonía. Quizá sea una de las bandas que presume una línea rítmica a prueba de balas, conformada por la apabullante batería de Smith, sobre la cual danza el bajeo de Flea. Encima de esa alfombra, para cualquier guitarrista podría representar un agasajo colocar sus notas. Sin embargo, le exige una originalidad que por lo menos iguale su nivel.

Basta recordar que Dave Navarro fue despedido luego de grabar One hot minute (1995) porque su estilo no encajó con el resto del armamento musical. En 2014 comentó acerca de RHCP durante  una entrevista radiofónica: “No es algo que me atormente, no es que llegue a mi casa, me acueste en mi cama viendo hacia el techo y me lamente porque ellos no volvieron a llamarme. Sencillamente ellos continuaron con su vida y yo, con la mía”. Con ese tinte de relación de pareja se refiere a los chicos con los que escribió temas entrañables para la historia del grupo, como “Aeroplane” o “My Friends”, mismos que suenan muy poco en sus conciertos.

HÉROES DE LA HEROÍNA

RHCP ha tenido una trayectoria constante. Muy a pesar de sus integrantes, quienes han  tenido que librar batallas a muerte con sus propios demonios. La muerte de su guitarrista fundador, el israelí Hillel Slovak, que falleció a los 26 años a causa de una sobredosis de heroína. Mas allá de haber sido arquitecto de ese sonido tan particular de la banda en su primera época, Slovak era un entrañable amigo de Anthony y Flea, por no decir del exbaterista Jack Irons. Su muerte sacudió a los tres de forma que, aún a varios años de distancia, continúan despidiéndose de él. En “Feasting on the flowers”, del nuevo disco, puede escucharse el siguiente verso: “Caminaba por los calles y no podía oír la llamada de mi mejor amigo”.

Las drogas también alcanzaron con sus tentáculos a Anthony. En la célebre “Under the bridge” narra sus peripecias de junkie callejero que se inyecta debajo de un puente.

hillel slovak

Hillel Slovak.

Pese a la festiva alegría que desde sus inicios proyectaron, lo mismo disfrazándose de focos para subir al escenario de Woodstock en 1994 o simulando una felación entre Flea (¿fleación?) y Chad Smith cuando se ganaron un premio MTV en 1992 por el video de “Give it away”; aun siendo los explosivos provocadores que son, en el fondo de su música subyace una innegable oscuridad.

Los Peppers mamaron tanto del punk como de la música negra. Existe en su melodía una indiscutible deuda con el blues. Y queda claro, como vimos en el video de “Dani California”, que a ellos les gusta rendir honor a quien honor merece. En el clip aparecen disfrazados de todo su santoral rockero, desde Elvis hasta Nirvana, pasando por Misfits, Los Beatles, David Bowie y Poison, entre otros. Simbólicamente, esa cascada de sonidos los llevan a emerger convertidos en los Pimientos Rojos Calientes y Picantes al final del video dirigido por Tony Kaye, el realizador de Historia Americana X. Y por alguna razón no parece auto homenaje, aunque esté cerca de serlo.

 QUINTO DISCO CON AIRES DE DEBUT

Cada uno de sus álbumes ha sido determinante en la transformación Red Hot Chili Peperiana. Una banda que caminó sin caerse por el delgado cable del éxito efímero. Tenía todo para ser un one hit wonder. Sobre todo, un hit como “Give it a away”. Una canción funky, pesada y sexual que se impuso en medio de una invasión grunge que se autoplagiaba inconscientemente. También pudo ser RHCP un grupo que lanzó un quinto disco con aires de brillante debut. Porque Blood Sugar Sex Magik (1991) significó, de la mano de Rick Rubin que enclaustró a los músicos a componer y grabar en el interior de una mansión embrujada, ser el primer disco suyo que mucha gente escuchó. 15 millones de copias a escala mundial fueron el testimonio de una banda que, pese haberse formado desde 1983, fue en 1991 cuando enchiló con sus canciones al mundo entero.

Muchos volteamos a revisitar su catálogo: The Red Hot Chili Peppers (1984), Freaky Styley (1985), The Uplift Mofo Party Plan (1987) y Mother’s Milk permanecían ahí, madurando en las barricas del tiempo, dando cuenta de una agrupación sui géneris. Integrada por músicos destacados, rebosantes de sentimiento, caucásicos que tradujeron la cadencia de la música negra llevándola a un sitio, en el mainstream, en el que se mantenía virgen. Fue al final de la gira de promoción de este álbum genial, Blood Sugar Sex Magik, que John Frusciante, integrado al grupo en 1988, abandonó al grupo para grabar materiales solistas de gran finura pero poca repercusión comercial, además de limpiarse las venas de heroína.

red hot chili peppers

Los Peppers ficharon a Dave Navarro. Sobre One hot minute, el disco que junto a él se publicó en 1995, pesa el fantasma de la incomprensión. Contiene momentos brillantes, canciones que se quedaron tatuadas en el alma de los fans, pero comparado con su antecesor se quedó enano. De  nuevo las drogas contaminaron la convivencia de los músicos. Navarro fue expulsado a causa de sus adicciones, y Anthony no la pasaba nada bien tampoco. El disco que se encontraban grabando se quedó en el limbo y curiosamente fue hasta este año que se filtró por red la única canción terminada de aquellas sesiones, “Circle of the noose”, una suerte de anticipo al pop funk folk que los habría de distinguir en años posteriores. Uno de los videos en YouTube en el que se puede escuchar la canción, curiosamente no rebasa las 500 visitas. Paradójico para uno de los últimos grupos que nos heredaron los noventa y que continúa llenando estadios.

TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A CALIFORNIA

El Californication podría ser, simbólicamente, la mariposa que brotó de la crisálida musical. La banda no estaba sana. Tras la expulsión de Navarro, Flea se reunió con Frusciante, a quien la rehabilitación lo había dejado en la calle, para proponerle que volviera. El guitarrista aceptó encantado y juntos, los cuatro Pimientos se pusieron a componer. El resultando fue un disco que salió al mercado en el verano de 1999. No se parece en lo más mínimo a One hot minute. Se trata de un material mucho más sutil, refinado, lleno de texturas, melodías dulces, por más que sus letras rebosen sarcasmo e ironía, menos ruidoso pero a la vez, lleno de energía. Anthony poco a poco ha dejado de rapear, y desde Californication se ha animado a compartir sus dotes de cantante. Flea sencillamente es una bestia en el bajo. No hay manera de detenerlo y se acopla rítmicamente con Chad de una forma que nos hace pensar que los parieron juntos.

De esa nueva etapa picosa, que se podría calificar como “chile del que no pica”, porque más que nada existe para dar sabor, vinieron los discos By the way (2002) y Stadium Arcadium (2006).  En 2009 Frusciante abandonó otra vez a los RHCP para dejar en su lugar a uno de sus mejores amigos, Josh Klinghoffer. Aunque es mucho más joven que el resto de los integrantes, pues apenas cumplió 37, se ha sabido acoplar con quienes le llevan una década de ventaja en el mundo. Anda en un camino similar al de John, aunque con el lanzamiento de The Getaway quedó claro que Smith, Kiedis y Flea le brindaron la libertad creativa para mostrar sus arrestos.

 BREAKING BAD

Todo en el álbum significa rompimiento. Empezando por la sustitución de Rick Rubin, luego de una relación creativa que comenzó a finales de los ochenta, por Danger Mouse. Pero también porque la banda quiso llevar su música por universos desconocidos. Prueba de ello es “Go Robot”, que desde el nombre me parece un guiño a Daft Punk. “We turn red” suena a rock sin más explicaciones. El riff se repite como un mantra sobre una batería que lleva un papel protagónico. Y, claro, del otro lado del espectro se ubica la bellísima balada “Dreams of a Samurai”. Su introducción al piano despista por completo. Uno no se imagina a los RHCP de los noventa pisando un terreno tan melancólico que va in crescendo hasta sumergirnos en una atmósfera psicodélica tan lo primero de Tame Impala.

En México uno puede permitirse la excentricidad de comer chile del que no pica. Pero los RHCP, sin ser mexicanos, han servido a lo largo de tres décadas un menú rockero que incluye todos los tipos de chile. Desde aquellos realmente radioactivos que estallaban con la violencia del punk, hasta esos que no necesariamente obligan a expulsar fuego por la boca.

Digamos que hoy en día, son un platillo musical gourmet que se disfruta con la delectación de un sumiller que no tiene prisa por acabar la copa. Hace mucho la desfachatez del calcetín se cambió por un traje de corte italiano. No esperaría menos de unos músicos que han sabido hacerse viejos con sabiduría. Estos chiles ya no se cuecen al primer hervor. Nos queda una lección: si nos organizamos, pese a las drogas, los cambios de alineación, la muerte, el paso del tiempo y los malos entendidos, californicamos todos.

Editor Yaconic

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