Una vez vi a Ernesto Cardenal leer en Bellas Artes:

el poeta parecía una nube

con forma de santo.

Iván Palacios Ocaña.

Por Emiliano Escoto / @EmilianoMaes

Fotos: © Cortesía FIL Guadalajara

Andar crudo debe ser peor que estar muerto. Caminar por la larga avenida Mariano Otero con el sol pegando duro sobre tu cabeza es un suplicio digno del más terrible de los infiernos.

Después de varias cuadras por fin llegamos al número 1499 en la colonia Verde Valle, Dirección oficial de la FIL Guadalajara desde hace 30 años.

¿Cuántas cabezas no habrán sufrido este recorrido? Me pregunto mientras lleno el formulario para registrarme como prensa.

Ernesto Cardenal, FIL 2016

Tras un breve coqueteo con las chicas del voluntariado, que me dieron el gafete con el que puedes acceder a todos los rincones de la feria, logré llegar al garrafón que en ese momento me pareció el contenedor con el agua más refrescante del planeta. Varios vasos después pude poner en orden mi cabeza y elegir qué actividades visitaría.

Múltiples cumpleaños se festejan año con año en la Feria de Guadalajara, uno de los más valiosos este 2016 es el de el periódico madrileño El País, posiblemente el diario más importante de habla hispana a nivel mundial. Fue fundado el 4 de mayo de 1976 por José Ortega Spottorno, hijo del gran filósofo español José Ortega y Gasset, en el inicio de la transición española, apenas cinco meses después de la caída de Franco. En torno a eso charlaron Juan Luis Cebrián, primer director del periódico; Antonio Caño, el director actual del medio, y uno de los personajes principales de esta feria: Mario Vargas Llosa, quien festeja sus 80 años.

“Qué bueno que no existió un medio como El País en la época Franquista”, dijo en algún momento Antonio Caño. Imagino que se refería a que habría sido imposible hacerlo como lo hacen y que hubiera sido muy peligroso. Sin embargo, creo que más bien un diario como El País es necesario frente a gobiernos autoritarios. Por eso me quedo con lo que escribe Juan Luis Cebrián en el libro de más de 300 páginas que hicieron como homenaje: “Una democracia sólida se basa entre otras cosas, y muy fundamentalmente, en la creación de una opinión pública plural e independiente capaz de contradecir y aun de confrontar al poder”.

El Pais, FIL 2016

Vargas Llosa me defraudó. Ninguna reflexión interesante en su discurso, más allá de decir que El País es un medio siempre dinámico y en constante movimiento, siempre reinventando la manera de hacer periodismo en español. Espero que sus otras participaciones sean más lúcidas.

El dolor de cabeza regresó ante el aburrimiento de la charla. Me arrepentí de estar en ese salón junto a más de 100 personas, y la sensación de estar más allá de la muerte se apoderó de mí. Decidí salir a tomar aire, aún quedaban algunos minutos de charla. No soporté más.

Hace un par de meses visité Ica, en Perú. Ahí descubrí el verdadero significado de oasis. Caminar más de 10 minutos en el desierto, sintiendo el calor abrazador por todos lados, con la arena pesada y caliente llenando tus zapatos, hace que entres en un estado de cansancio brutal. Puedes voltear a cualquier dirección y lo único que ves es arena del mismo color y forma. El desierto es igual de imponente que el mar, ambos te recuerdan lo pequeño que eres. Ante ese panorama, encontrar de pronto una laguna con agua cristalina y árboles verdes es un acto de magia, te da calma, te refresca, te relaja, te llena de vida. Eso es un oasis.

Mario Vargas Llosa, FIL 2016

Salí del auditorio Juan Rulfo, ubicado en el área de salones de la planta baja del Centro Expo Guadalajara, casa de la FIL desde siempre. Muchas personas se aglutinaban en el lobby luchando para entrar a alguno de los eventos que se presentaban en las salas. Después de cruzar la puerta alcancé a leer en la habitación de enfrente un nombre que inmediatamente atrajo mi atención y fijó mi próximo destino: Ernesto Cardenal.

“Una nube con forma de santo”, así lo llama Iván Palacios Ocaña. Para mí es ternura, tal vez ambas descripciones significan lo mismo, tal vez no, lo único cierto es que tienen algo en común: la figura de Ernesto Cardenal  representa algo que tiene que ver con la bondad. Un anciano que ha reducido su tamaño con los años, un personaje cuya cantidad de arrugas es proporcional a las radiantes ideas que hay en su cabeza. Una boina negra que destaca una figura de otro tiempo, lentes luminosos que resaltan esos ojos puros que parecen mirar algo nuevo en cada momento. Todo eso apareció en mi cabeza de golpe en cuanto abrí la puerta y vi al gran poeta nicaragüense gritando de forma lapidaria: “¡Me vale verga la muerte!”

La primera vez que leí al poeta centroamericano fue durante un programa de radio dedicado al festival de cine de la UNAM, en esa ocasión su “Oración por Marilyn Monroe” me llenó todo con la palabra desconsuelo:

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados

que cuando se abren los ojos

se descubre que fue bajo reflectores

(…)

La película terminó sin el beso final.

La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.

Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.

La cosa fue diferente, un Cardenal con el espíritu revolucionario, a flor de piel tras la muerte de Fidel Castro, terminó su lectura con un aire esperanzador. El personaje principal fue su poema “Sobre las olas”, dedicado al guerrillero Laureano Mairena del Frente Sandinista de Liberación Nacional, y personaje importante en el asalto del 13 de octubre de 1977 al cuartel de la Guardia Nacional de San Carlos, una de las batallas fundamentales para comprender el triunfo sandinista en Nicaragua.

Ya que hemos nacido desahuciados

lo mejor es morir Héroe y Mártir

como vos moriste.

Decía la voz cansada del poeta, yo no sabía si al héroe sandinista o al último comandante de la Revolución Cubana. Me pareció maravilloso que siendo sacerdote de la teología por la liberación reconociera con orgullo a Laureano:

Una vez, comentando el Evangelio en la misa:

«Esos magos la cagaron llegando donde Herodes».

O, sobre la Santísima Trinidad (su resumen):

«Los tres jodidos son uno solo».

La noche que me confesó frente a la calmura del lago:

«Ya no creo en Dios ni en ninguna de esas mierdas.

Creo en Dios pero para mí Dios es el hombre».

Ernesto Cardenal, FIL 2016

Para Cardenal, la revolución y la religión son dos caras de la misma lucha, por eso le dice a su hermano Mairena y a todos los revolucionarios que han estado siempre, que no han dejado de existir y que siempre estarán, porque la muerte es como la piedra, y nada de piedra dura “si estás sintiendo/ más allá de la velocidad de la luz/ del final del espacio que es el tiempo,/ totalmente consciente,/ dentro de la conciencia/ vivicísima/ de todo lo existente”.

Escuchar al poeta revivió mi espíritu, fue un oasis en medio del infierno de mis propios vicios, una empapada de vida, ganas de revolución y espiritualidad. Ansias por reinventar el mundo a pesar de las crudas que parecen muertes y de las muertes que parecen crudas. Tornar los infiernos en oasis para poder cantar con él:

Yo quisiera morir como vos hermano Laureano

y mandar a decir desde lo que llamamos cielo

«Rejodidos hermanos míos de Solentiname, me valió verga la muerte».

Editor Yaconic

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