Por Juan Carlos Hidalgo y Aarón Enríquez / @eternautafugado / @aaron_care

Transcurre la segunda mitad de la segunda década del nuevo milenio. Con ella, la costumbre de hacer un retrato anual de lo ocurrido en el cada vez más amplio universo pop, retoma su significado nostálgico y revelador. Libramos batallas todos los días. Y son cada vez menos triunfantes los héroes sobre los que se erigió el siglo XX.

Quienes pensamos en lo imposible que sería ganarle a la muerte y apostamos por jugar de su bando intentando matar a los viejos símbolos, a los antiguos referentes, envalentonados con el hoy inmediato y la fría indiferencia que nos da la promesa de un futuro más incierto que nunca, bajamos la guardia ante la inmortalidad de las obras.

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Enmarcadas con la muerte cuelgan escalofriantes algunas canciones que aún nos aferran al ayer, al tiempo que otras cuantas halan fuerte hacia el hoyo negro que revelará nuestro futuro. El que ya llegó, muy parecido al que algún día soñamos, y aquel que aparentemente no llegará nunca. Esta lista pretende ser escuchada durante algún microsegundo del maldito loop que nos grita cada vez con mayor fuerza, que a esto suena el siglo XXI.

“I can`t give everything away” (Blackstar) – David Bowie

“I know something is very wrong/ The post returns for prodigal songs”. Así comienza un tema que también es epitafio. El inmenso Duque Blanco se rodeaba de ese sax que tanto le gustaba y flirteaba con un jazz chatarrero. La ceremonia litúrgica de su voz dominándolo todo mientras anticipaba su partida a través del milagro del arte. Hay plasticidad estética y verdad existencial en cada frase, en cada entonación.

“Ketamine for breakfast” (Let Them Eat Chaos) – Kate Tempest

La vida en los barrios londinenses es áspera, ruda, pero emocionante. La sobrevivencia de una generación —como otras tantas— sin creencia en el futuro. Acá una chica de 30 años que se ha propuesto narrarlo todo, ya sea a través de obras de teatro, novelas, poesía o trap salvaje que transpira vitalidad y furia callejera —como en este caso—. La electrónica crepitante potencia un flujo discursivo rabioso e inteligente.

“Daydreaming” (A Moon Shaped Pool) – Radiohead

“Daydreaming” contiene pequeñas piezas del rompecabezas que fue para Thom Yorke una relación de 23 años (la mitad de su vida, como se escucha al revés al final de la canción) con Rachel Owen. Sin duda el ápice de su inspiración para este disco y quien para contribuir a la serie de fallecimientos trágicos en el 2016 fatal, muriera apenas el 18 de diciembre a los 48 años de edad. El video, una obra genial de Paul Thomas Anderson, nos pone a un Thom, soñador sin remedio, buscando a través de diferentes puertas para llegar a guarecerse al calor del fuego, dentro de una cueva de nieve: “El daño está hecho”.

“I need you” (Skeleton Tree) – Nick Cave & The Bad Seeds

La inesperada muerte de un hijo adolescente es una terrible tragedia. A Nick Cave no le quedó sino intentar purgar el acontecimiento mediante un disco. Y aquí tenemos un tema lento en el que la interpretación no se desboca; con maestría va desgranando el dolor siempre con contención y elegancia. No hay impostura, tan solo la vida entreverándose con el arte.

“Drone bomb me” (Hopelessness) – Anohni

¿Un artista absolutamente necesario? Por supuesto. Alguien debía criticar a Barack Obama con agudeza y señalar sus fracasos. Además, la guerra en Siria y Oriente Medio continúa, por lo que esta canción habla de una niña que suplica para que la bombardeen los drones y pueda unirse con el resto de su familia muerta. El discurso es agudo, mientras el diseño sonoro futurista lo elaboraron dos enormes talentos: Hudson Mohawke y Daniel Lopatin. Sublime y ácida por todos lados.

“Sunday” (Post Pop Depression) – Iggy Pop

La iguana más musculosa del rock logró un enésimo quiebre al juntarse con gente de los Queens of the Stone Age y Arctic Monkeys. Solo Iggy Pop puede maximizar el día más relajado y cabalgar sobre una guitarra stoner. “I crawl for Sunday/ When I don’t have to move/ Caught up in dreams untangled one day”. “Sunday” es la prueba fehaciente de que el estilo no se compra en la farmacia.

“On Hold” (I See You) – The XX

Ha sido larga la espera para escuchar material nuevo del trió londinense. Después del éxito en solitario de Jamie XX, The XX ha vuelto con este primer sencillo en el que se nota la maestría y la influencia del encargado de estar detrás de las tornamesas. Un tratado de las voces distinto por parte de Oliver y Romi, que al parecer han decidido dejar la introspección para empezar a cantar hacia fuera. La letra: una historia de un amor que no termina por abandonarse. La primera probada de lo que se espera sea una de los primeras joyas de 2017.

“Am I wrong” (Malibu) – Anderson .Paak

Uno de los favoritos de la nueva ola de la costa oeste, que sigue teniendo a Dr. Dre como mentor, entregó uno de los álbumes más emocionantes de 2016. Con esta pieza, .Paak te arroja con tu crush a la pista de baile. Las demás parejas, el sudor, el funk, el soul y las discobolas giratorias, todo en el momento justo en el que ambos se dan cuenta de que esta danza se va a extender por el resto del fin de semana, entre las sabanas de alguna cama que no parará de humedecerse hasta que culmine la guerra.

“It means I love you” (Oh no) – Jessy Lanza

La rítmica como detonante del más puro y sofisticado hedonismo afterpop. La suave voz de una urbanita nacida en Canadá que se desliza encima de una cama de sintetizadores y programaciones. Suena pues una especie de tecnotribalismo para armonizar los ritos de todos aquellos obsesionados por el placer y los sentimientos.

“Steer your way” (You Want it darker) – Leonard Cohen

82 años de sabiduría y vivencia plena del arte. Como David Bowie, Cohen publicó el disco muy poco antes de morir y se despidió a través de la música. En este testamento vía canciones colocó en el penúltimo lugar (al igual que David) una joya que transcurre a media velocidad y en la que lucen bellísimas las cuerdas. El poeta va esparciendo su semilla y alejándose de esta dimensión mientras nos deja sus palabras: “Steer your way through the fables of Creation and the Fall”.

“Ivy” (Blonde) – Frank Ocean

Si algo ha sabido hacer Frank Ocean, además de lograr un dream team de colaboraciones en sus álbumes, es meternos hasta el tuétano de su propia historia, contada magistralmente en cada una de sus canciones. Él es su personaje favorito dentro de su propia lírica. “Ivy” cuenta la historia de un amor añejo.”We’ll never be those kids again, it’s not the same”, relata estremecedor.

“You are killing me” (Distorland) – The Dandy Warhols

Elogio del rock de garage y su estirpe, además de un homenaje al formato clásico de canción. “You are killing me” saca el máximo rédito a aquello de estrofa-coro-estrofa y a las frases directas. Hay momentos en que la magia del rock and roll brota a partir de la simplicidad y la elección perfecta de cada uno de los elementos.

“Vincent” (Teens of Denial) – Car Seat Headrest

El renacer del desorden de personalidad adolescente parece venir bajo el nombre de Will Toledo, quien decidió llevar a su banda a Seattle para desde ahí hacer de las suyas bajo el cobijo del legado de otros desadaptados como Kurt Cobain o Layne Staley. No confundir canciones que describen el universo interno de la descomposición posmoderna de un joven de 24 años, con la nostalgia grungera de la que seguimos huyendo. En “Vincent” hay guitarras, drogas, alcohol, vicio; hay depresión clínica, pero inspirada en Van Gogh y en Wikipedia. Bienvenidos de vuelta a la introspección post pesimista.

“Past lives” (Sunlit Youth) – Local Natives

Cargan a cuestas ser representantes de la nación hipster. Quizá por eso Local Natives no sea valorado en su justa medida. Aquí pulieron una joya que alude a El mago de Oz: “Take me/ To Dorothy Chandler tonight/ And I’ll find you/ Reflected a hundred times”. Parte de una voz prístina a un estallido melódico esplendente. Cuidaron cada detalle de la estructura que lleva al indie folk a lo más alto. Preciosa.

“No” (Sirens) – Nicolas Jaar

El extraordinario músico norteamericano creció en Chile, por lo que conoce la cultura latinoamericana a detalle. Recientemente apoyó al ecuatoriano Nicola Cruz, quien mezcla electrónica y sonidos andinos. Ahora el alumno le ha influido y presenta un tema en español que deconstruye el folklore regional. Hipnótico y seductor, va transcurriendo con parsimonia hasta sumergirnos en el trance.

Mexican chef” (Magic Trix) – Xenia Rubinos

¿De qué va la realidad neoyorquina aunque le pese a Trump? “French bistro/ Domincan chef/ Italian restaurant/ Boricua chef/ Chinese takeout/ Mexican chef/ nouveau America/ Bachata in the back”. Una perfecta instantánea de lo multicultural a partir de lo que ocurre en la gastronomía. Una revelación con raíces cubanas y puertorriqueñas combina R&B con electrónica y otras yerbas sonoras.  No en vano han escrito que se trata de “una Bjork de sangre latina”.

“Frankie Sinatra” (Wildflower) – The Avalanches

El regreso más inesperado de los recientes años. De la nada reaparecieron estos australianos y lo hicieron con una pieza que remite a la música balcánica y sus metales. En la voz, el rapero chimuelo Danny Brown se traslada al trópico a cantar calypso, fumar mota y beber vodka. “Frankie Sinatra” es la pura fiesta atascada.

“Ode to my next life” (Sonderlust) – Kishi Bashi

Y de repente a un virtuoso violinista de la escena indie le dio por explotar la veta clásica para insertarla en una explosión de electro-pop multicolor y radiante. Con una producción a lo Phil Spector, confecciona una canción que es toda seducción y candor. Los géneros se funden para que la música reine a plenitud.

“1973” (Kidsticks) – Beth Orton

Mucho menos folk que antaño y la inglesa eligió la flexibilidad de la electrónica al lado de Andrew Hung de Fuck Buttons como productor. Un juego melódico jovial cobija un ejercicio de mirarse en el espejo y asomarse al pasado. Esa mirada a una década atrapante se presenta con una estructura chispeante y arrebatadora. La memoria también puede ser una fiesta.

“Baila Sumeria” (Salve Discordia) – Triángulo de Amor Bizarro

Forma parte del mejor álbum español de 2016. “Baila Sumeria”  es una de esas canciones que no te permite parar, frenética hasta el tope, guitarrera y claramente influenciada por grupos como New Order o Echo & the Bunnymen. Y para volver con la omnipresencia de los viejos héroes, el propio Rodrigo Caamaño afirma que previo a la grabación de Salve Discordia no paró de sonar el Low de Bowie, lo cual reconoció como una de las principales influencias para este trabajo. Mucha mitología, referencias al satanismo, toques de feminismo y frases de amor tan lapidarias como “La ciencia es mentira sin ti”.

“Palermo Queens” (Palermo Hollywood) – Benjamin Biolay

Un crooner consumado decide darle una vuelta de tuerca total a la canción francesa y para ello se vale, nada menos, que de la cumbia villera. Fascinado por Buenos Aires, Biolay se concentra en su bohemia y encuentra a su musa —una actriz puesta a cantar— e intentan un curioso y primitivo rapeo. Un choque de trenes que pudo ser chocante pero que al veterano compositor inyectó encanto y personalidad.

Editor Yaconic

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