Texto y fotos: Miguel J. Crespo / @MigueljCrespo

Valedor es el que te protege, el amigo que te hace valer. Es una mano extendida y un abrazo apretado, es ser leña cuando se necesita aguantar vara. Es un “reto constante”, “una bendición de dios” y una revista.

Mi Valedor es una publicación callejera y de reinserción social que ayuda a las personas en situación de calle. Nació hace más de dos años y su fórmula es sencilla, pero efectiva: los valedores compran la revista en cinco pesos y la venden en 20.

revista mi valedor, fotos

Es una nueva oportunidad de vida: escribir, colaborar, publicar y vender cada edición de su propia revista. El primer Street paper en México.

***

Desde la redacción de Mi Valedor se ven las manecillas del reloj chino de Bucareli marcar el mediodía. Luego sus campanadas rebotan al interior de una oficina pequeña y desordenada. María Portilla estudió pintura en Londres. Sentada frente a una pared atiborrada de recortes, post its y fotos, recuerda que una tarde mientras caminaba por las calles londinenses se topó con The Big Issue, una revista callejera que nació en 1991 con el objetivo de ayudar a indigentes y personas sin techo en Inglaterra.

María pensó en la urgencia de replicar el modelo editorial en México. Pero nunca imaginó que ella, junto con cinco amigas lo hicieran realidad. “Al inicio no sabía mucho sobre edición, nos fuimos capacitando sobre la marcha y yo terminé como editora. Paula García se encarga de la comunicación y coordinación de textos; Delphine Tomes es la editora de fotografía; Regina Rivero es la administradora y Ana Isabel Nieto es la diseñadora del papel y el portal web”, me cuenta María. Luego acaricia su cabello negro y largo hasta los hombros.

delphine tomes y maria portilla

Delphine Tomes y María Portilla.

En 2014 el proyecto fue fondeado y lograron publicar los primeros números de la revista. Mi Valedor es bimestral y en cada edición los temas cambian. “Nosotras ya tenemos los números y temas del año planeados. Los posibles colaboradores en cuento, crónica, ilustración y foto. Siempre surge algo pero tratamos de tener todo listo”, cuenta María, mientras Delphine nos escucha mirando la pantalla de su computadora.

Entre los 11 números que han publicado están: Made in Chinga, Extinción, y Quemando Grasa, el más reciente. Cuentan con 30 vendedores, pero solo 15 son constantes: visitan la redacción tres veces a la semana, compran sus revistas y asisten a los talleres.

Delphine Tomes es fotógrafa; llegó a México de paseo y ya no regresó a Inglaterra, su lugar de origen. Es editora de fotografía y encargada de algunos de los talleres que imparten los martes y jueves. Además ayuda a los valedores cuando retratan las calles de la ciudad.

revista mi valedor

“Para ellos todo es fotografiable. Les enseño a mirar de manera crítica el tema que estemos trabajando, pero al mismo tiempo me cuestionan la importancia de una imagen que yo descartaría. Ven las cosas diferentes”. Delphine se aprieta la mascada que lleva amarrada por encima de la frente, sus ojos son tan verdes que combinan con el moño en su cabeza.

Mi Valedor sobrevive de publicidad y donaciones, pero también es miembro de la red internacional de periódicos callejeros. María, Delphine, Regina, Paula y Ana Isabel han aprendido, durante los dos años que llevan publicando, a no subestimar las capacidades de cualquier persona por su apariencia o situación. Los valedores les enseñan a disfrutar la vida a pesar de todo lo que les toque vivir.

Los valedores portan chaleco rojo. Caminan kilómetros con revistas bajo el brazo y miles de  historias que contar.

 HADASSHA FRAGASO

A veces escucho una voz que me dice “diles que no estás loca, así naciste”. Soy bilingüe. Tengo 57 años. ¿Hijos? Sí. Bueno, tuve siete embarazos y me sobreviven cuatro. Hace más de 15 años que no veo a la más chiquita. Me la quitó la gringa con la que se casó mi marido cuando viví en California.

Ella lo manipuló para que lo hiciera, le mintieron al juez. Dijeron que me prostituía por veinte dólares, que los había abandonado y que estaba loca. Yo no entendía, no sabía ni que decían y para todo declaraba que sí.

revista mi valedor

Escuchaba el inglés y se me subían las tripas al cerebro. Era el rencor que tenía contra la gringa. Vendí mi orgullo y doblegué mi vanidad. Le pedí perdón, a pesar de que ella me daño, y al final funcionó. Me liberé, aprendí inglés y supe todas las mentiras que dijo la gabacha y aquel cabrón.

Cuando regresé a México levantaba cartón, antes de venderlo, lo golpeaba con todo mi coraje y furia para sacar la impotencia de no traer un peso en la bolsa. No me gusta robar ni prostituirme, me da miedo.

Estas chicas hermosas me encontraron en el comedor público de Ecuador, ahí por Garibaldi. Me invitaron a los talleres y desde hace cuatro meses trabajo con ellas. Mi Valedor es una bendición de dios. Ahora camino mucho y estoy conociendo más a mi México amado.

¿Qué si me dolió tatuarme las cejas? Poquito, me duele más no ver a mis hijos.

CAMAXTLI ORTIZ

El dios de la cacería, eso significa mi nombre. Crecí en Cuernavaca, donde era repartidor de leche Liconsa. Hace seis años llegué a la Ciudad de México. Junto con mi madre vine a pasar el año nuevo a casa de una tía. Ya no pude regresar a Morelos porque no tenía para el pasaje. Dormí varias noches en la central camionera del sur, luego me enteré del albergue Coruña, pase una noche ahí que se convirtió en cinco años.

revista mi valedor

Apoyé en casi todas las áreas. Desde la limpieza, la cocina, lavado de ropa, hasta el trabajo social. Una tarde las chicas de la revista visitaron el albergue y nos invitaron a participar en sus tallares. Entre que sí y que no, un viernes me decidí a ir. Ahí me capacitaron y desde hace casi dos años este es mi trabajo. Mi punto de venta es fuera del museo Tamayo.

Mi Valedor es un reto constante. Me gusta mucho aprender cosas nuevas y el taller que más me gusta es el de radio.

FRANCISCO ISMAEL GONZÁLEZ

En México es muy fácil hacer baro. Es cosa de saberte mover. Sé soldar, albañilería, plomería y un chingo de cosas. Pero no me gusta emplearme. Pagan poco y es un trato denigrante. Y para trabajarle a un pobre buey mejor trabajo solo.

Llegué al D.F. a superarme y no para desmadrarme. Viví en La Marquesa. Salí de la cárcel con depresión, nadie me ayudó. No pedía dinero o que me abrazaran. Solo que me orientaran porque necesitaba ayuda. Ni mi familia, ni conocidos, nadie me tiró el paro.

revista mi valedor

Me agarraron con una bacha de mota y la convirtieron en un chingo. Para el sistema siempre hay pagadores. Las cárceles deben estar llenas de gente pendeja. El Gobierno es lo que quiere. Que nuestra juventud este idiotizada. Caiga en las modas, droga, televisión, consumismo, todo lo que es nocivo. Nuestros jóvenes están robotizados. Estamos viviendo la decadencia.

Todos lo generamos. Desde que te preguntas “agua o caguama”, pues mejor caguama. “Un cigarro o una fruta”, un cigarro. La banda se va por lo que hacen los demás. Porque dicen que es lo chido.

Cuando llegué a Mi Valedor no sabía nada de fotografía. Me gustaba, desde morrito tenía la curiosidad de tener una cámara y hasta ahora me la pude comprar. No sabía usarla, aprendí en los talleres que hace la revista y en un curso del Centro Cultural Xavier Villaurrutia, en la Glorieta de Insurgentes.

Está bien chido que mis fotos se publiquen. La fotografía es una forma de detener el tiempo o regresarlo. En unos 20 o 30 años revisaré mis fotos y recordaré lugares, paisajes o atardeceres. Y si retrato algo chido y sirve como denuncia, pues que chingón, ¿no?

Editor Yaconic

Editor Yaconic

Previous post

LAS CRIATURAS ASOMBROSAS DE THEO JANSEN SON UN VIRUS ESPARCIDO POR TODO EL MUNDO

Next post

GALERÍA MAROMA: ARTE NÓMADA EN LA CIUDAD DE MÉXICO