Por Alejandro González Castillo / @soypopesponja

Vas a meterte en cuatro cabezas. A deshebrar cuatro tupidas matas de pelo. Estirarás tus dedos y te abrirás campo, usarás las falanges como los dientes de un peine y moverás los brazos con fuerza, como si nadaras. Harás girar el plato, darás vueltas con él y conforme te acerques al centro, a ese agujero negro sin retorno, sabrás que nada volverá a ser igual. No en el universo de la música pop, al menos. No entre las paredes de tu cráneo ni tras tus costillas, cuando más.

Vas a perderte en el greñero de George, comprenderás lo indeseable que resulta pagar impuestos y te obsesionarás por vivir el presente sin reserva alguna, tanto que lamentaras cada vez que la lengua se te adormezca y no te permita decirle a los demás lo que de verdad sientes. Convivirás con los piojos de Paul, sabrás de la tristísima historia de Eleanor Rigby y de lo penoso que es vivir en soledad, con los ojos vacíos; aunque también te lamerán sonrientes las flamas del sol y descubrirás que el amor vive en cualquier esquina, incluso ahí, donde habita esa araña patona que te causa pesadillas. También escalarás la sesera de Ringo y desde ahí comandarás la ruta de un submarino retacado de amigos, una especie de comuna jipi ultramarina cuya buena onda convertirá en un buen tipo al mismísimo Kraken. Finalmente, podrás hacerte un análisis frenológico montado en la calavera de John; analizarás si tu exceso de sueño es síntoma de depresión y bajita la mano le pedirás anfetas a tu médico para aliviarte, pero éste te recomendará mejor entrarle al ácido para que así te lleves con gente interesante, esa que sabe lo que es morir y renacer en un parpadeo.

the beatles revolver 50 anos

The Beatles, 1966 / Foto: Kondrad Hyland

Qué viaje vas a protagonizar. Si va a ser tu primera vez, si tú atrevimiento te orillará a hundirte en los surcos del Revolver con los oídos vírgenes, como habrás notado ya, debes tener cuidado. Vaya, que la expedición será gozosa, claro; pero tras ella sabrás que los Beatles fueron más osados de lo que te contaron tus abuelos. Porque sí, Lennon, McCartney, Harrison y Starr hace cincuenta años idearon una obra definitiva, confeccionaron uno de los puntos más altos en la historia de las tonadas que en este planeta se han cantado; sin embargo hay mucho más que eso en el trabajo de marras, no todo en él es innovación, visión y perfección. ¿Sabes qué más tiene el Revolver? Sentimientos. Y esos no se evalúan bajo parámetros tan fríos como los que la historia suele usar para darle sentido a la existencia.  Así que no voy a ser yo quien te dicte por qué las catorce canciones que integran el séptimo álbum de los Beatles son importantes a ese nivel, el histórico; yo solo voy a contarte que vas a meterte en cuatro cabezas, justo las que Klaus Voormann trazó en la portada de ese disco producido por George Martin en 1966. Y si aquello de que cada cabeza es un mundo resulta ser cierto, bueno, tienes un trabuco enfrente. Porque vas a levantar las tapas de los sesos de un cuarteto francamente excepcional.

revolver portada klaus voormann

Portada, Klaus Voormann.

Así que vas. Alístate. Tal como el propio John sugiere en “Tomorrow never knows”: “turn off your mind, relax and float down stream”.

Ahí las tienes, cuatro testas con melenas frondosas esperándote pacientemente.

Editor Yaconic

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