La colonia Guerrero, ubicada en pleno corazón de la Ciudad de México, alberga tesoros de la cultura popular capitalina: desde sus famosos machetes, cantinas y pulquerías, hasta verdaderas joyas arquitectónicas que se mantuvieron ocultas bajo el polvo del abandono por décadas, como la mansión de Antonio Rivas Mercado (1853-1927).

El ingeniero y arquitecto oriundo de Tepic, llegó a ser director de la Academia de San Carlos en 1903 y fue el responsable de conseguir la beca para que Diego Rivera estudiara pintura en Europa, aunque posteriormente fuera tachado por el pintor de no ser nacionalista.

©Hideki Yukawa

Es reconocido por su trabajo como diseñador no sólo de la columna que sostiene al “Ángel de la Independencia” – proyecto que le fue otorgado al no habérsele permitido construir el Palacio Legislativo –, sino también de varios edificios en Ciudad de México como el actual Museo de Cera, la casa del presidente Manuel González en Peralvillo y la conclusión del Teatro Juárez, éste en Guanajuato. Como restaurador, trabajó en la fachada del antiguo Ayuntamiento de la Ciudad y fue el encargado de decorar algunos salones del Palacio Nacional.

Su estilo está fuertemente influenciado por Europa, continente por el que viajó durante su juventud y a gracias al cual, muestra fuertes injerencias de arquitectura mozárabe que lo cautivó en España y plasmó en la magnífica residencia construida en 1898, situada en la calle Héroes número 45 en la anteriormente citada colonia Guerrero.

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Ocupando un área de dos mil metros cuadrados, el inmueble posee una orientación particular: en lugar de estar en ángulo recto para quedar de frente a la calle, está posicionado a 45 grados. Consta de sótano, dos niveles y galería al frente. De todos los elementos que la componen, ninguno puede pasar desapercibido: de las bisagras grabadas a las columnas dóricas y fachada de cantera. Los materiales y texturas abundan en tamaños y formas, pues el inventario incluye siete tipos de cantera, ladrillo, piedra, madera, más de 80 modelos distintos de azulejos y 50 mil piezas de mosaicos encáusticos mezclados con perfecta armonía.      

Esta obra arquitectónica, ahora patrimonio de la capital, es una construcción de características únicas en su tipo y lo que la vuelve tan especialmente bella no es solamente su extensión o el eclecticismo de su estilo, sino las historias que alberga y las que se han generado a partir de la misma.

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Una de ellas cuenta que, en este lugar, el ingeniero, arquitecto y restaurador Antonio Rivas diseñó la columna del “Ángel” como se conoce popularmente al Monumento a la Independencia de México. Y justamente, de la escultura que corona al monumento, La Victoria Alada, la residencia exhibe actualmente en su entrada la cabeza del ser alado ángel que durante el terremoto de 1957 se vino abajo y tuvo que ser reemplazado.

Uno de los relatos más conocidos en torno a la hermosa mansión ocupa incluso un libro entero, La sombra del ángel, novela histórica sobre la vida de Antonieta Rivas, escritora, intelectual y una de las hijas del arquitecto, conocida por su trabajo como gestora cultural. El texto ocupa un lugar profundamente especial entre los habitantes de la colonia Guerrero, pues parte de él se desarrolla en el vecindario. Asimismo, la obra narra una de las anécdotas más trágicas de la época: el suicidio de Antonieta en la catedral de Notre Dame tras terminar su relación con José Vasconcelos.

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Escrita por Khathryn Skidmore Blair, biógrafa de la hija de Rivas y quien resulta ser nuera suya también, la novela no sólo es uno de los motivos por los que la residencia ha gozado de popularidad. Gracias al escrito, los mismos vecinos de la colonia fueron quienes contactaron a Skidmore para pedirle apoyo y rescatar el inmueble abandonado tras el sismo de 1985, quien logró captar la atención Luciano Cedillo en 2006 para iniciar los trabajos de restauración.

La casona, muestra representativa de la arquitectura ecléctica de finales del siglo 19, estaba a punto de colapsar, de acuerdo con el arquitecto del proyecto, Gabriel Merigo. Por tal motivo, recibió una minuciosa reconstrucción de elementos estructurales y en caso de ser necesaria una sustitución de materiales, se utilizaron similares en buen estado para evitar todo lo posible la pérdida de características tan importantes para la construcción. Esta intervención hizo posible recuperar valores originales que se encontraban en riesgo por su avanzado deterioro y evitó la demolición.

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Aunque a la fecha los trabajos no han finalizado del todo, ya es posible visitar el recinto, pues la vida ha vuelto no solo al espacio por sí mismo, también de una de las zonas más estigmatizadas del Centro durante las últimas décadas. La casa, lejos de los años de invasión, saqueo y abandono, ahora funciona como un Centro Cultural gracias al apoyo de las autoridades de la CDMX y va en camino a recuperar su iconicidad como parte de la colonia Guerrero y como parte de una ciudad de México que también continúa en reconstrucción.

Los fines de semana es posible asistir a una visita guiada en punto de las 13:00 horas, pero es recomendable llegar con anticipación pues el cupo es limitado.

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