De la columna Negra y criminal

Por Iván Farías / @ivanfariasc

EL IMPERIO CAÍDO

Con la caída del muro de Berlín en 1989, el relajamiento de las ideologías, la desacralización de Marx, Lenin y demás símbolos comunistas, Occidente ha encontrado en la antigua Unión Soviética el caldo de cultivo de una imaginería nueva pero de larga tradición. La gran Madre Rusia, como era llamada en los años de socialismo, era esa gran desconocida que ahora aparece maltrecha y sin embargo contenedora de cientos de tesoros.

Los primeros libros a los que nos acercamos son los periodísticos. Por lo que no es nada extraño que este año le hayan otorgado el premio Nobel a la bielorrusa Svetlana Alexievich, cuya propuesta hace un acercamiento coral a las condiciones en las que se vivió (y se vive) en aquella parte del mundo. Tampoco es extraño que un reportaje como La fiebre blanca —editado en México por las editoriales La mirada salvaje y Surplus—, del polaco Jacek Hugo-Bader, y traducido por su compatriota Anna Styczyńska, haya tenido una gran aceptación en el público mexicano.

CHIKATILO, EL ASESINO DE NIÑOS

Es en el territorio de la ficción donde el gran público desea perderse y disfrutar una historia. El niño 44, novela del inglés Tom Rob Smith es eso y más. Si bien conocedores y críticos fuera del género de la novela negra han amonestado algunas impresiones históricas y detalles (del tipo quisquilloso, como que no existe el nombre Leo, sino Lev), deteniéndose más en ver los árboles sin disfrutar del bosque, la novela ha sido un rotundo éxito desde su publicación en 2008.

el niño 44 salamandra

Smith no tiene una prosa depurada, no es un mago de las palabras, pero sabe estructurar de manera perfecta una novela que se desarrolla en 1953, en uno de los momentos más álgidos de la relación de la URSS con Occidente. Tom Rob nos ofrece como personaje principal a un agente de inteligencia interna, Leo Stepánovich Demídov, y como antagonista a un depredador sexual tan terrible como lo fue Andréi Chikatilo, quien asesinara a más de 50 mujeres y niños. Chikatilo no era detenido porque en el régimen soviético no era aceptado que un tipo como él pudiera existir, eso era propio del capitalismo.

Demídov es un hombre que cree en el sistema, que defiende la ideología soviética hasta sus últimas consecuencias. Su trabajo consiste en encontrar enemigos al interior, hasta que tropieza y cae en los engranajes de la maquinaria.

Se agradece que Tom Rob Smith sea ambicioso, que no se detenga en sólo contar la persecución de un hombre de la ley para encontrar a un asesino cruel. Va más allá, quiere hacer un retrato de la vida diaria en la Rusia de Stalin, mostrar el miedo y la paranoia que se respiraba en los últimos días del Stalinismo, mientras en Estados Unidos vivían su propio infierno con el Macartismo.

Pese a que El niño 44 es una novela extensa, uno no deja de pasar las páginas hasta arribar al final. Eso sí: un desenlace apresurado y un tanto forzado. En algunos momentos Tom Rob Smith desea salir de la casilla del thriller y hacer literatura, pero no puede o no se lo permite. No obstante, la novela reeditada por Salamandra Black no pierde ni un ápice de emoción y logra situar al lector en aquellos años y en aquel país. Lo cual no es cosa menor.

THE AMERICANS, UNA FAMILIA FELIZ

El ex agente de la CIA, la agencia de espionaje norteamericana, Joe Weisberg, es el showrunner y creador de una de las series menos valoradas de la actualidad. Tal vez la sobreoferta de productos televisivos ha hecho que The Americans, que es trasmitida en el canal FX y vía streaming por Netflix, no sea todavía valorada en su justa medida.

Weisberg se aficionó a los espías rusos en su temprana juventud, luego de leer El espía que venía el frío, del inglés John le Carré. Y en Joe se nota la influencia en el desarrollo de los personajes, que siempre se mantienen en un tono realista.

The_Americans

The Americans es el relato de una pareja de infiltrados soviéticos que fingen ser una familia feliz blanca en los suburbios de Washington DC justo cuando Ronald Reagan toma la presidencia. Son trabajadores, bien parecidos, con un par de hijos y con todo un futuro por delante. Aunque detrás de esa fachada se escondan dos agentes de la KGB que buscan robar los secretos militares de la potencia americana.

Con pocos recursos, actores de televisión, sin grandes apariciones, pero con personajes sólidos, creíbles y haciendo uso de transmisiones reales de aquellos años, con una fotografía y un diseño de producción modesto, la serie nos hace sentir capítulo a capítulo el vértigo de la persecución en ambos bandos. Los arcos argumentales van en el sentido político y en el interno. Las relaciones humanas de los policías y espías atraviesan constantemente los ires y venires de los sucesos.

The Americans se merece el halago de ser una serie muy bien realizada, que sin grandes presupuestos como Game of Thrones, o sin caras famosas como American Horror Story, sabe contar una historia y hacerlo bien.

Editor Yaconic

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