Texto y fotos: Yair Hernández / @yairaudio 

I

Antes de cruzar el enorme portón negro, Iván asoma el dinero de su pantalón para verificar la cantidad: 80 pesos lo separan del clamor que emana el número 203 de la calle Luna, en la colonia Guerrero.

Tras ese umbral oscuro está El Chopito, vástago del vigente Chopo que entró en funciones para aliviar la reciente ausencia-prohibición de las tocadas que tenían lugar al final del recorrido del progenitor.

23 anos de la sekta core

Sekta Core.

Este remiendo para eventos —ubicado a un par de cuadras del legendario tianguis— ocupa el patio de un bar de paredes rojas en las que cuelgan lonas que anuncian los eventos deportivos del momento.

Iván Elizalde, o Snoopy para los amigos, ha conseguido la cifra y avanza al único filtro de acceso: un par de tipos que, tras la puerta, buscan mota o chelas ocultas en los asistentes.

23 años de la sekta core

El show de este sábado 6 de mayo de 2017 es del agrado del joven veinteañero, pues algunas bandas son representativas del ska core, sonido que conoció  a los 13 años. Además, el evento tiene un toque festivo: se celebran 23 años de la que para Snoopy es “la madre del ska core mexicano y de las más influyentes en la escena de ska en México”: la Sekta Core.

II

El flyer citaba a la una de la tarde pero las primeras guitarras sonaron una hora después. Nada raro, nadie se queja. La media centena de camisas negras con logos de bandas, que se sitúan en las banquetas aledañas al foro, esperan con cerveza en mano.

A las 14:10 los primeros acordes vienen de Convulciones (sí, con c), banda de la que pocos sabían, pues se anunciaron la noche previa  en lugar de otra que ahora nadie recuerda. Empiezan bien: temas propios y la nostalgia de Eskorbuto y The Stooges logran que el polvorín —que funge como piso— comience a elevarse.

23 años de la sekta core

Snoopy.

Media hora y dos cervezas de $60 después, el dueto Ivzarium (o algo fonéticamente similar)  sube y desafortunadamente calma las suelas inquietas. Sin pena ni gloria, oportunidad para ir al baño y por más chelas.

Pero aquí después de la calma viene la tormenta y Barbanegra, ahijados de los cumpleañeros, ocupa la tarima. “Esto ya chingó a su madre”, dice el vocalista, y la gente responde: “A mi madre no, pero sí a quien se meta al slam”. Las suelas y el polvo vuelven a tomar protagonismo.

23 años de la sekta core

Primera gran ovación hasta la tercera banda. La cuarta es Next, viejos lobos del metal nacional quienes, con menos frenesí que sus antecesores, mantienen la dislocación de brazos. Segunda ovación hasta la cuarta banda.

Y después de la tormenta viene el huracán. Porque sigue la Sekta Core y los que se habían mantenido lejos del escenario se amarran las agujetas y comienzan a silbar. Y los que ya estaban cerca se acercan más.

III

Además de la Sekta, Iván escucha a Mafia rusa, Voodoo Glow Skulls, South Central Skankers, Los Hijos del Muerto y 8 Kalacas. Bandas frenéticas en su sonido, capaces de incitarlo al slam, eso que le “provoca una descarga de adrenalina que me encanta”.

Pero con la que tiene una relación más directa, de cuates, por la que se enteró de hoy es Barbanegra, sus vecinos de la colonia Providencia, ubicada en el límite de Azcapotzalco y Naucalpan: “Viven en la misma calle de la casa de mi abuelita y antes siempre se armaban las pedísimas. Siempre me ha gustado que sean bien aferrados en el aspecto de la música. Me gusta ver cómo crecen y se hace conocidos”.

23 años de la sekta core

A pesar de esta cercanía con los eventos y algunas bandas, el también técnico en redes en telecomunicaciones nunca ha formado parte de una. Lo suyo es el enjambre de golpes y la formación de montículos de vasos pues al mes “me ando gastando unos humildes 500 baros en puras chelas y siempre salgo muy pedo de los toquines”. Lo suyo es ser fan.

Antes de que los máximos representantes de la Ska Core Familia pongan a brincar a las centenas de personas reunidas en El Chopito —y que por ende Iván se pierda en el mar de golpes junto a  mis hermanos los 666 Crew, una pandilla de antaño que le cae a los toquines de ska—, le hago una última pregunta:

—¿Por qué te dicen Snoopy?

—Es por mis ojitos y porque de morro estaba más gordo, pero no me late.

IV

El primer golpe llega desde la derecha y antes de que Salcedo, el actual vocalista de Sekta, comience a vociferar. La propietaria del embate es una chica con mohawk roja, mirada perdida, olor a inhalante y parches llenos del prefijo anti.

El segundo leñazo ya no es de la chica Anti —que en segundos se perdió en algún lugar de este patio que en cupo se da un tiro con el Alicia—, proviene de un chico con gafas y brackets.

sekta core 23 años

Al tercer trancazo los festejados ya tocan efusivamente. Y del cuarto coscorrón se pasa al décimo noveno en menos de un minuto. La vena ska core embravece a los presentes.

Para la segunda canción el polvo domina el aire y no convive quién no brinca y empuja.

Atrás se ve una niña en hombros; cerca del escenario unos ya se despojaron de la camisa; el slam de mujeres comienza a chocar con el de los exhibicionistas; una señora que ronda el sexto piso no deja de alzar los brazos; la que sirve las caguamas ya se salió a asomar; dos niños se empujan entre si cerca de la puerta; el vocalista de Next mueve y mueve la cabeza; un gordito quiere volar pero nadie lo pela; el de brackets cae al piso y rápidamente dos lo auxilian;  la chica Anti sigue desaparecida; una rubia-roba-miradas no abandona su puesto frente al escenario a pesar de los embates y un joven tatuado hasta la cabeza, a pesar de ser chaparrito, es el que más golpes suelta.

23 años de sekta core

“Mientras estemos juntos nadie nos podrá tirar, mientras estemos juntos nadie nos podrá alcanzar”, se vuelve el grito de guerra a mitad del show. A pesar de haber transcurrido media hora sectaria, nadie se queda quieto.

Así sigue el público lo que resta del evento. Yendo y viniendo, saltando y cayendo.  En algún momento uno que otro ingenuo sube al escenario y pocos son los que ocupan la fila del baño.

La Sekta Core es un suceso que contagia, desinhibe y hace comulgar. No han sido en vano 23 años afrontando la adversidad, aunque esta banda, que empezó una noche en alguna colonia y ahora vuelve una zona de terror cada Vive Latinoaún se siente joven. Y los rostros infantiles en el show respaldan su vitalidad: en los próximos años todavía habrá quien quiera gritar “todos están mal menos yo”.

Editor Yaconic

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Revista de arte y cultura

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