MISSING MY BABY

Era 1997, año en que el gurú Michael Shermer lanzó Why People Believe Weird Things, un manual sicalíptico de pseudociencia, superstición y oscurantismo que dio paso a un New Age desmedido y desaforado, justo ahí, en ese contexto, un joven Gregory Nava —director de cine mejor conocido por haber dirigido El Norte’(1983) con Ernesto Gómez cruz, primera cinta que desde el gabacho, versaba sobre la vida de los centroamericanos que enfrentaban la horrible y traumática experiencia de la emigración ilegal a los Estados Unidos— proyectaba su Selena, una versión maquillada y espolvoreada con cosméticos muy gringos, de la vida y obra de la “Reina del Tex-Mex”, en donde una aún Jennifer López se regodeaba en el papel de Selena Quintanilla, llenando maravillosamente unos ingenuos pantalones de spandex con unas nalgas de ensueño, nalgas, que por más millones de dólares que hayan costado, nunca se asemejarían a las de Quintanilla, quien en los años 90 se convertiría en la primer mujer que puso de moda el trasero grande.

Hasta mi mente de ex adolescente “meco” llegan imágenes no inhóspitas y más bien húmedas de aquella efigie morena de glúteos asesinos, la imagen es Selena Quintanilla parada en un yate, sosteniendo el timón, usando un traje de baño de dos piezas, cubierta con un pareo de red que deja ver su gran atributo, y ¡oh, Dios!, ni el David de Miguel ángel. Ahora Kim Kardashian presume su booty (trasero) como si fuera pionera en el arte de asar carne en el norte, ¡qué asco!, hay personas incapaces de olisquear la autocrítica, los descubrimientos ya logrados se deben al azar y a la experiencia vulgar más que a la ciencia, ya lo dijo Bacon.

La fama de Selena Quintanilla ha regresado, sí, pero con el vergonzoso revival de los años 90, y obviamente, todos aquellos que no vivieron en esa década son los más entusiastas, porque, ¿qué persona con tres dedos en la frente quisiera regresar a una época de plástico y brillantina, de playbacks y ropas peripatéticas?, ¡absolutamente nadie!, sólo los seguidores de la cuenta ‘Urban Outfitters‘ en Instragram, vacíos maniquíes de la moda en turno. Fluctúan los pines, los parches, las playeras, los vinilos y demás objetos que son presumidos en las redes sociales al por mayor, pero, ¿cuánto sabrán en realidad éstas personas acerca de Selena Quintanilla?, esa es una pregunta para Michael Shermer.

Selena Quintanilla nació un 16 de abril de 1971, poniendo en el mapa al pueblo de Lake Jackson, Texas. Se abrió paso en una trocha irracional de machismo, cerveza y misoginia, como lo era en ese entonces la música tejana. Firmó con EMI y lanzó bólidos a la luna del tamaño de “Como La Flor”, una canción insignia de la mujer en los años 90. Ganó 17 premios, entre el ‘Tejano Music Awards’, ‘Lo Nuestro’, el ‘Billboard Latino’, el ‘BMI’ y el ‘ASCAP’, siendo el ‘Grammy’ el que obtuvo una sola vez, la industria de la música suele ser muy despiadada con la mujer, ya lo dijo Chaz Bono: el género está entre las orejas y no entre las piernas.

Extraño escuchar por primera vez aquellas canciones, ser joven y tener la mente fresca, usar los pantalones guangos y sentirme cholo en la tierra de todos; ver las piruetas de Selena en el escenario, saber quererla a su tiempo, escucharla a su tiempo, bailarla a su tiempo, corearla, acompañarla de lejos, saberme parte de eso, parte de un todo, de una voz completamente auténtica, genuina, filtrada por el tamiz del desamor. La voz de la mujer que cantaba al unísono con el arrabal en aquél asfalto de blancos, la voz de la mujer que nadie quería oír pero sí tocar, la voz natural, la voz original de la semilla, el tallo y la flor, y eso no lo va a poner nunca nadie en una película.

Ilustración: Correoppola

TE PUEDE INTERESAR:

DIEZ LIBROS SOBRE MÚSICA QUE TIENES QUE LEER ÉSTE AÑO

MIERDA DE MÚSICA O CÓMO SER TOLERANTE CON LA BASURA QUE ESCUCHAN LOS DEMÁS

DAVID BOWIE, O CÓMO LA MÚSICA SE ENCUENTRA EN EL FONDO DEL SER

Mixar López

Mixar López

Narrador, cronista y periodista musical. Es colaborador de varias revistas y periódicos de México, Estados Unidos y América Latina. Vive en Des Moines, Iowa. Su primer libro de crónicas, Prosopopeya: La voz del encierro, está próximo a ser publicado.

Previous post

CUANTO MÁS AMOR DAS, MEJOR ESTÁS: RAP-TERAPIA DE KASE.O

Next post

PRENDIENDO HUMOS Y SENTIDOS: UN POEMA ERÓTICO AL AMOR