La lengua como el agua

La lengua es como el agua. Es un ente terrible, enorme; pero es muy noble. Se adapta a cualquier superficie y no obstante siempre es la misma. Así, el Slam Poetry la toma como base y junto a otros elementos irrumpe en las urbes, toma bríos propios en cada rincón y se perfila como una alternativa artística y cultural de cohesión social en países como México, donde llegó apenas hace ocho años.

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Por Eduardo H.G. @altermundos

En 1985, el albañil Marc Smith realizó una serie de eventos en el bar de Jazz Get Me High Lounge —que luego mutó en el Green Mill— deChicago: poetas periféricos se reunían para escupir letras bajo el formato “micrófono abierto”. Al calor de estos recitales nació el Slam Poetry: torneo en el que cada poeta cuenta con determinado tiempo para exponer textos propios sin más que su voz. La semilla fue sembrada, el tiempo hizo lo demás…

“Una de mis influencias liricas para eslamear es Chava Flores, por ejemplo. Yo hablo español desde ‘el chilango’, por eso le pongo eSlam (con ‘e’). Lo vuelves tuyo; es nuestro ya, tiene chile verde”, dice Rojo Córdova —uno de los más asiduos promotores del Slam Poetry en México— en platica con Yaconic un lluvioso día veraniego en la Ciudad de México.

“Cualquiera puede hacer Slam Poetry”, comenta el eslamero, activista y promotor cultural, antes de explicar el nacimiento del movimiento en el Distrito Federal: El 19 de febrero de 2005, Katia Tirado, junto con Tiosha Bojórquez, Edgar Khonde, Karlos Espetaperro y Lalo Jaranas, deciden hacer un experimento performático en el museo de arte experimental Ex Teresa Arte Actual.

En el libro eSLAMex. Primera antología de espoken Word mexicano (2013, Kodama Cartonera y (H)onda Nómada Ediciones), cuya compilación e introducción corre a cargo de Córdova, Edgar Konde escribe: “No lo sabía en ese instante, me presentaría a declamar en lo que fue el primer Slam de poesía en México. De esa noche recuerdo la victoria de Tiosha, la borrachera de Espetaperro y el gran público que celebró el nacimiento de los eslamers”.

En la charla, Rojo esboza: Slam Poetry se entiende actualmente como una competencia amistosa donde poetas de diferentes estirpes se reúnen para leer o recitar, en no más de tres minutos para cada uno, piezas propias sin más instrumentos que su cuerpo, voz, la interacción con el público y un jurado escogido al azarque califica del uno al 10 —con decimales—para escoger al “mejor” (la categoría responde a lo lúdico del ejercicio).

Los “cómos” indican la riqueza del movimiento. Cada región,subregión, país, ciudad e incluso cada sesión tiene sabor propio con un crisol de participes —público y poetas—, entre los que figuran, para el caso mexicano: raperos, jaraneros, punks, escritores, feministas, activistas, amas de casa, rockeros, estudiantes, enamorados… la lista sigue, la mayoría jóvenes.

Para Córdova Slam Poetry apela a la literatura pre-Guttenberg, es decir, la oral, la primera antes del libro, cuyo antecedente más remoto es el aparato fonador. La oralidad como acto comunicativo del hombre para formar parte de su entorno: “aquel que observa que su alrededor le dice algo de sí mismo. El canto del cosmos construido y deconstruido. La lengua como espejo sonoro de la realidad en donde se desarrolla”.

Esta tradición caracterizó, con el devenir de los tiempos, a los juglares y trovadores en la edad media, a los griots africanos en el siglo XIX, al Spoken Word de Gil Scott Heron (con su cenit en la pieza The Revolution Will Not Be Televised, en español La Revolución no será televisada) y al grupo Last Poets, entre otros. En México a los decimeros del son y el huapango, así como la lectura en voz alta.

Hoy, el Slam Poetry se nutre en la demografía: según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) la mitad de la población en México tienen 26 años o menos y “estamos fregados, no hay dinero; nos cierran espacios en las universidades; nos criminalizan por la música que escuchamos y cómo vestimos. En los Slams los chicos adquieren sentido de pertenencia. Es una válvula de escape, una primera forma de hacer tribu”.

“Mi objetivo último es la alfabetización mediante el Slam, acercar a las personas a las letras, lo cual se logra. Los libros como fuente, las letras como una forma de activismo, de accionar en un país como el nuestro donde pocos leen”. En ese sentido, esta actividad es una herramienta pedagógica,horizontal, colectiva y plural.

—En ciertos países y ciudades, como Australia y Chicago, el Slam Poetry es utilizado como forma de diálogo ahí donde el tejido social está roto. Y de cierta forma eso pasa también en México, según lo comentas:

“Sí, es una vía de reconstrucción social. Otro ejemplo: en Alemania algunos eslameros lo usan en la actualidad para contrarrestar el bullying contra los inmigrantes turcos, particularmente en las escuelas; y es que allá tienen esa problemática muy fuerte”.

Rojo (como le dicen muchos de los jóvenes que toman sus talleres de Spoken Word) saca una pequeña bolsa de plástico y come, disimuladamente, mientras observa a su alrededor y toma un poco de jugo de guayaba: “es un dialogo, cuando un eslamero recita se acerca al otro, lo reconoce al tiempo que él mismo se reconoce”.

Y continúa: “hay que romper el hilo, ayudar a sanar a la sociedad, poner un grano de arena para cambiar el estado tremendo en el que nos encontramos. Estamos mal; pero, como dice Eugenia León: ‘Quién dice que todo está perdido, yo vengo aquí a ofrecer mi corazón’ [canción original del artista argentino Fito Páez]”.

Por lo pronto, Córdova sueña que en 10 años exista una red nacional de eslameros, la cual ya da sus primeros pasos en ciudades y estados como Guadalajara, Monterrey, Morelia, Baja California Sur y Tijuana. El territorio nacional fue eslamizado, sólo hace falta una persona que diga ‘yo me la juego’ y la escena local nace”.

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