#CORONACAPITAL2015

 

Por Miriam Canales / @miricaiba

Para aquellos que se quedaron con el mal sabor de boca por los aguacerazos del año pasado en el festival Corona Capital, les tenemos un par de noticias: la primera: lo más probable es que en esta edición el caro y moderno outfit que adquieran en una tienda departamental quedará intacto, ya que para ese fin de semana —21 y 22 de noviembre— se avizora un clima más favorable. La segunda: mucho estrógeno indie punk brotará con la presencia femenil de Sleater-Kinney, en medio de propuestas emergentes y bandas británicas consolidadas como The Libertines y Muse.

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La temperatura ambiental no sólo es importante para gozar del cartel, incluidos grupos de moda o veteranos. En este caso, ¿quién dice que ya no se es lo suficientemente joven para tocar con ímpetu y hormonas juveniles? Las “señoras de las cuatro décadas” Corin Tucker (vocales), Carrie Brownstein (guitarras, vocales) y Janet Weiss (batería), originarias de Olympia, Washington, epicentro de la corriente Riot Grrrrl, han sufrido altibajos a lo largo de su vida y carrera.

El rock alternativo, la femineidad y la diversidad sexual, combinados con el lado maternal, han jugado un papel para continuar escribiendo la historia del trio, que data de 1994. En esta ocasión, para no sólo rememorar glorias pasadas, presentan su nuevo álbum, No cities to love. Nueva parada del camino de vaivenes en el que se han desenvuelto.

EL VIGOR FEMENINO COMO GRITO DE BATALLA

Corin, Carrie y Janet no son el estereotipo de mujer ordinaria que llegaría a una junta colegial de padres, pero han revelado en entrevistas recientes cómo su faceta familiar ha influido en su desempeño. Chicas maduras con guitarras a cuestas o MILFS en potencia, su fiesta no ha terminado. En esta ocasión México los acoge ante un público predominantemente hipster no muy familiarizado con su obra por la brecha generacional.

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Sus lazos con la escena grunge suscitada a inicios de los 90, gracias a Soundgarden o Nirvana, habla de su génesis y el apadrinamiento que gozaron todos éstos por la disquera independiente Sub Pop, que aún se encarga de distribuir sus discos. En esta corriente dominada por la testosterona, ellas enarbolaron la bandera Riot Grrrrl junto a otras agrupaciones con fuertes dosis de fiereza como Hole, Bikini Kill o L7. Desde entonces, su historia ha sufrido un proceso de transformación y maduración hasta llevarlas a ser lo que son actualmente. Críticos norteamericanos como Greil Marcus y Robert Christgau la han catalogado como una banda esencial dentro del panorama rockero contemporáneo.

UNA GÉNESIS INTENSA

Su nombre proviene de la calle Sleater-Kinney Road en Lacey Washington, locación donde solían juntarse en sus primeros periodos. Tucker había incursionado en otra banda llamada Heavens to Betsy; y Brownstein, estudiante en Evergreen State College, alma mater no sólo de su vida profesional, en Excuse 17. Mientras ambas coincidían tocando en otros conciertos con sus respectivos grupos, formaron Sleater-Kinney, concebido originalmente como un proyecto alterno sin saber que éste sería el que rendiría mayores frutos.  De forma previa, incursionaron aquí otras integrantes como Laura McFarlane, Toni Gogin y Misty Farrell, en la batería, antes de dar con Janet Weiss, quien antes había formado parte de Quassi.

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La relación entre Brownstein y Tucker iba más allá de lo amistoso y laboral. Esta intensidad fue impregnada a su proyecto al igual que otros que han surgido de noviazgos como el de Stevie Nicks y Lindsay Buckingham de Fleetwood Mac. Juntas, emprendieron un viaje a Australia en 1994 y antes de concluirlo grabaron el que sería su disco debut, lanzado la primavera siguiente. El clamor de estas Riot Grrrrls comenzaba a divulgarse.

Durante una década grabaron siete discos: Sleater-Kinney (1995), Call the doctor (1996), Dig Me Out (1997), The Hot Rock (1999), All Hands on the Bad One (2000), One Beat (2002) y The Woods (2005). Luego transitaron por un momento de silencio para dedicarse a proyectos solistas; Brownstein en la actuación, como el caso de la serie Portlandia, y la maternidad, además de las desavenencias que se suscitaron entre ella y su ex pareja Tucker. Para el segundo disco, su romance se había disuelto, lo que provocó problemas durante la grabación. Aun así se mantuvieron firmes en lo laboral.

EL REGRESO DEL RUGIDO

Este paso trunco sirvió para lanzar No cities to love el 20 de enero de 2015, después de que decidieran reunificarse en 2014 y presentar un producto nuevo más allá de la fórmula fácil de recurrir a éxitos pretéritos. Aunque esta última propuesta no difiere mucho de las guitarras briosas y el sonido áspero que las ha caracterizado. Aquí pueden encontrarse diez temas como “Price Tag”, “Fangless”, “Surface envy”, “A new wave”, “No anthems”, “Gimme love”, “Bury our friends”, “Hey Darling”, “Fade” y el homónimo que da título al disco, que ha recibido elogios por medios como Rolling Stone.

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En una entrevista realizada por esta publicación (en enero 2015, por el periodista Jonah Weiler) las mujeres revelan las dificultades por las que transitaron en su vida personal al suspender su carrera y dedicarse a otras actividades. La banda se encontraba cansada y dormida en sus laureles. Mientras Carrie no tenía deseos de continuar, Corin buscaba procrear otro bebé. Sus discrepancias las llevaron a la ruptura. “Corin conoce hasta el mapa de mis venas. No siempre se quiere a alguien que sepa esas cosas”. Explicó Brownstein. Tanta cercanía también puede producir fricción.

No Cities to Love surgió tras limar asperezas. El disco es una gama de todas estas vulnerabilidades, ambiciones y dudas en las que estuvieron inmersas, transformadas en una música intensa y poderosa. No hay canciones lentas ni baladas. Las letras son profundas. La estridencia se encuentra presente en todo momento. Se trataba de una renovación absoluta por la que decidieron apostar pese a su edad y circunstancias. “Era todo o nada”. Es de considerarse su buena actitud ante este reto en que el mundo mismo ha cambiado en una década de ausencia. Un mundo nuevo lleno de redes sociales, Spotify, piratería y precariedad al máximo para los músicos.

Así, estas tres mujeres, con su experiencia, tropiezos y novedades a cuestas tienen el desafío no sólo de obtener la credibilidad de un público mexicano nuevo para ellas, sino de ajustarse a una audiencia millennial tan inmersa en otros gustos musicales. De cualquier modo: ¿quién dice que Sleater-Kinney no merece una nueva oportunidad para seguir rockeando?

 

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