Por Feli Dávalos / @feligres

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En el segundo semestre de 2012 yo estaba a full viviendo mi idilio bucólico con mi mujer Anaité en las siempre verdes tierras de Coatepec, Veracruz; trabajando en la radio estatal veracruzana, haciendo nido y comenzando una faceta de freelance escribiendo en medios electrónicos, sobre todo de rap. Era el único modo que tenía en el bosque de poder seguir en contacto con el erre a pe, después de haber estado seis años al frente de Scratchamama en Ibero 90.9, y otras gestiones que llevé a cabo en la Ciudad de México de 2005 a 2011, alrededor del rap, antes de mi partida a Coate. Lo único que me dolió de irme de la Ciudad fue dejar Scratchamama.

En esa coyuntura me buscó Kyzza Terrazas vía DM para que le pasara información sobre rap; no nos conocíamos personalmente, pero a través de amigos en común sabíamos el uno del otro y nos seguíamos en Twitter. (Yo había leído un libro suyo.) Kyzza estaba escribiendo un guión de ficción en el que un personaje rapeaba, por lo que quería empaparse de lo que sucedía en México.

Le pasé un par de textos que recién había publicado, le di rolas de ejemplo, y se prendió tanto que me propuso hacer un documental sobre el rap en México. Al poco tiempo Kyzza conoció a Carlos Sosa, director de La Casa del Cine y de la productora Viento del Norte Cine, enfocada en hacer documentales sobre música. Le contó de la idea y Carlos se montó al barco. Ese fue el inicio formal de lo que terminaría siendo, cuatro años después, Somos Lengua.

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EL PROCESO

Carlos le puso unas cámaras enfrente a Kyzza, y con un crew mínimo fuimos a filmar algunas batallas, eventos, y entrevistamos a un par de raperos en sus casas. Todo en corto. Con ese material se hizo una carpeta que metió la productora en la convocatoria del Imcine en 2013 sin éxito, y un año después a la de Eficine, que sí se consiguió. Con ese presupuesto se pudo producir Somos Lengua. (Información, por cierto, que es de dominio público, pueden consultarla en la página del IMCINE). Digo esto porque en realidad el presupuesto con el que se contó para hacer la película fue mínimo, y toda la producción fue guerrera.

El proceso fue largo. Kyzza estuvo de lleno cuidando la manufactura un poco más de dos años. Carlos y yo —y el resto del equipo que tuvo funciones específicas y absolutamente necesarias— fungimos como aliados incondicionales; pero al final el bautizo de fuego fue para mi homie Killa K.

De principio a fin la experiencia consistió en embarrarse de lo que podríamos llamar la “Rap Life”; de la fascinación que estos personajes que bendicen el micrófono y su universo tan extenso en México puede causar en quien no los conoce. La manera en la que Kyzza decidió conocer el rap que se hace en el país fue haciendo una película. Fuimos a casas, estudios, tocadas, batallas, etcétera. El proceso fue de descubrimientos constantes en todos sentidos, marcados por la risa loca y el asombro más infantil e inmediato. Es decir: la pasamos a toda madre. Sin duda, el modo más real de vivir el rap.

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Somos Lengua no es una película sobre la escena del rap en México, tampoco habla de los orígenes de éste en el país, ni siquiera de quiénes son los mejores raperos ni es una radiografía de la escena. El resultado es un homenaje personal a este descubrimiento, que se traduce en una mirada íntima a la práctica del rap en el país.

ALGUNAS CONSIDERACIONES

Muchas de las decisiones que se tomaron fueron por logística. Por ejemplo, escogimos las ciudades que se visitaron porque era más barato en la relación cuántos raperos había, y cuánto costaba cada viaje. Hubiéramos querido ir a Hermosillo, a Cancún, a Morelia y San Luís Potosí, pero era absolutamente imposible dado el presupuesto. Asimismo con los raperos; a muchos los buscamos y no se pudo concretar una entrevista, por razones de muy diversa índole, por lo que trabajamos con lo que se iba consiguiendo. Y créanme, coordinar a tantos raperos fue una labor heroica.

En esa medida, no están todos los que son, ni son todos los que están. Y sería ridículo pensar que se pueden meter a todos los raperos importantes del país en ochenta minutos de rodaje, y que el resultado no fuera tremendamente soso, aburrido y sin mayor fin que fungir como pasarela. Somos Lengua no es un rockumental, no es VH1. Los personajes escogidos responden a la lógica interna de la película, dada por la narrativa propuesta, en la que el personaje es el rap, la práctica misma, retratada por un artista, que es Kyzza.

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Supongo que tendrá fallos; pero creo que es injusto que se hable de algo que aún no se conoce, como lo he visto en Facebook. Incluso gente justificando la ausencia o la inclusión de tal o cual rapero, aduciendo a que el realizador no era alguien “venido del rap”. La visión me molesta porque creo que tiene gran valor que alguien que no es de la escena haya hecho un documento de esta naturaleza. Tal vez porque es una lección para quienes conformamos la supuesta escena. Pero además porque nunca se había reunido a tantos raperos de tantos lugares del país y con visiones tan diferentes en un solo producto de esta envergadura, lo que en sí mismo es pionero.

En segundo lugar: se quedó muchísimo material fuera, tanto entrevistas, como conciertos, retratos de diferentes raperos y de ciertas circunstancias. Por ejemplo, fuimos a seis programas diferentes de radio dedicados al hip hop (en Monterrey, Aguascalientes, Torreón, Guadalajara y Ciudad de México) y ninguno sale. También fuimos a la Iglesia de la Mostaza y filmamos completa una misa de Fermín IV y no sale en el corte final. Filmamos casi enteras la final nacional de Red Bull Batalla de los Gallos 2014, además del segundo evento de Línea 16, pero salen apenas unos fragmentos.

Las razones por las que se quedó fuera bastante material responden a lo que decía arriba respecto a la lógica interna de la película. Pero también porque Somos Lengua pretende ser un proyecto con continuidad, no sólo estos ochenta minutos que dura la película. Se está charlando la posibilidad de hacer una serie de TV, en la que se pueda profundizar en los retratos de raperos del país, con el material ya grabado, pero también con nuevo.

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Al final del día, un esfuerzo de esta naturaleza nos ayuda a todos lo que hacemos rap o estamos involucrados en su manufactura de algún u otro modo en México. La idea es que la mayor cantidad de personas puedan verla, aunque será un proceso que lleve muchos meses y requiere ulterior gestión.

Los que formamos parte de la producción estamos emocionados, nerviosos, contentos y a la expectativa. Agradecemos las muestras de apoyo y la expectativa que ha causado en tanta gente en la página de Facebook. Un reflejo claro de que el rap que se hace en este país, le pertenece a muchísima gente.

Gracias.

Paz y respeto para todxs.

Los esperamos este jueves 25 de febrero en el estreno mundial, en las Islas de Ciudad Universitaria, en el marco de la sexta edición del Festival Internacional de Cine de la UNAM, Ficunam, a las 7 de la noche.

Editor Yaconic

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