Por Iván Farías / @ivanfariasc

Yo era un niño. En la pantalla de la televisión, una Zonda de torreta, transmitían los minutos finales del Muro de Berlín. Era 1989. Por fin, luego de décadas, las dos Alemanias se unificaban. Atrás quedaban años de persecuciones, espías, dobles agentes y personas asesinadas al intentar cruzar. El mundo dejaba de estar dividido en dos bloques ideológicos. El capitalismo había triunfado. Un año después, la gran bestia roja, la URSS, se desmoronaba en pequeñas repúblicas: el sueño socialista quedaba en ruinas.

Lo curioso de esta caída es que supo a derrota. Los noventa fueron furiosos, llenos de ira, de revancha. Si los años ochenta eran inocentes, los noventa se llenaron de drogas duras, de una vuelta al punk mezclado con oscuros mundos electrónicos. Luego vendría una época definida por las redes sociales y su interacción virtual.

stranger things portada

Es en el momento previo a la caída del Muro, antes de que el gran enemigo del “mundo libre” se viera reducido a cenizas, que se ubica Strangers Things, la serie original de Netflix que ha regado bits de tinta electrónica por todos lados. Strangers Things es la cereza del pastel de la nostalgia por los ochenta, que pasa por cintas como Super 8 (2011), Turbo Kid (2015), Kung Fury (2015) y libros como Ready Player One (2011), además de muchas otras manifestaciones, ya sea tanto en la música (el encumbramiento a deidad de David Bowie antes de su muerte) y los remakes innecesarios de cintas nodales de esa época.

Como muchos ya sabrán en este momento, la creación de los hermanos Duffer (Matt y Ross) trata sobre la desaparición de un niño en un bucólico pueblo de Estados Unidos y la búsqueda por parte de sus amigos, su madre y un policía. Para agrandar el problema, el gobierno gringo busca con desesperación una niña que tiene poderes mentales. La trama, además de parecerse a las decenas de películas que han mencionado críticos y blogueros, tiene muchos puntos en común con Watchers, cinta de 1988 dirigida por el chambista Jon Hess, producida por Roger Corman y basada en la novela de Dean Koontz, del mismo nombre. Además de aparecer el mítico Michael Ironside, el villano perfecto de esa época.

El que Watchers sea una cinta basada en un libro de Koontz me parece relevante porque él, a diferencia de Stephen King, siempre ha sido un poco más ñoño. En sus novelas no hay malas palabras, ni finales deprimentes, ni mucho menos personajes ambiguos. Los malos son malos y los buenos buenos, aunque caigan tendrán siempre un momento para redimirse. Este simple hecho define en mucho el tono general de Stranger Things. Es siempre inocente y es esta razón, a mi parecer, por la cual ha tenido tal éxito.

Stranger Things

stranger things 2016

La idea principal de la serie es en realidad recordar un tiempo que no existió, una idealización de la América blanca: buena, trabajadora, que vive en paz y cuando es golpeada por un infortunio vuelve a su equilibro gracias al trabajo de todos. El policía, por ejemplo, por más alcohólico y despreocupado de su persona que sea, toma las riendas de la investigación incluso contraviniendo las leyes federales. La madre ausente deja su vida trabajadora a tope para abocarse por completo a la búsqueda de su vástago perdido. Incluso el adolescente prepotente, luego de probar su castigo, se redime.

Idealizar un tiempo en el que había un enemigo claro allá afuera: los comunistas, un tiempo en el que la amenaza no provenía de dentro, y si lo era (como en este caso, el mal padre, el líder del experimento) era identificable y por lo tanto se podía exterminar. En eso consiste Stranger Things, en recordarnos que hubo una vez un tiempo donde todo era bello y no había maldad.

Editor Yaconic

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