Hace algunos años decidí que iba a asistir al concierto de Radiohead sólo para escuchar a Kraftwerk abrir su concierto y en cuanto terminaran de tocar los alemanes, me iba a salir del lugar en señal de protesta. No lo cumplí, finalmente ni siquiera fui al dichoso concierto.

Lo que sí sucedió es que una multitud de ofendidos virtuales llegaron con antorchas (también virtuales, afortunadamente) hasta mi muro de Facebook para lincharme por denostar a Radiohead. ¿Qué tenía en contra del señorito Yorke? Nada. De hecho algo similar dije que haría cuando fui a ver Iggy Pop abrirle a Metallica (y al final no lo sostuve y me quedé a ver a los ex thrashers). Pero no se equivoquen, me gusta Radiohead, sobre todo Pablo Honey, su último gran disco.

ESCAPANDO DE LA ALDEA DE LOS  RADIOHEADLOVERS RADICALES

Antes de comenzar a escribir este texto, me topé con un infructuoso debate en redes sociales. Por un lado, alguien aseguraba que no debíamos criticar la música actual porque ésta es “innovadora” por naturaleza. En la otra esquina, estaba quien aseguraba que los viejos tiempos eran mejores y que hoy nada de lo que se hacía era de buena calidad.

Ninguna de las dos posturas es la correcta, porque para ser francos, ni en el pasado toda la música era maravillosa, ni en la actualidad todo es basura como dicen algunos instalados en el sillón de la nostalgia, esos que no mueven un dedo ni para hacer zapping. Hay artistas increíbles en esta década como los hubo en los años setenta, y auténticos fraudes musicales en el ayer como también evidentemente existen en el presente.

Además encuentro otra falacia: ser supuestamente innovador no va a ser necesariamente mejor en todos los casos; es decir —y sin que esta aseveración tenga el mínimo esbozo reaccionario—,  no hay que confundir experimentación sónica que da a lugar a nuevos estilos, con esos laberintos sin salida en los que se internan algunos artistas para no salir jamás, en el afán de sonar novedosos; algunos de los discos mas horrendos de la historia han sido perpetrados por esos señores embriagados de avant-garde que, en un afán deconstructivo equivocado, acaban confundidos por sus propias concupiscencias.

Pero regresemos al tema Radiohead no sin antes tomar una pequeña lección de parte de Aviador Dro, quienes en su canción “Qué vanguardistas somos”, ya lo habían explicado mejor.

Todo esto viene al caso cuando uno de mis contactos esporádicos en Facebook me planteó una duda existencial. Tiene que ver con dos grupos que vienen viajando del pasado, y que en su momento fueron señalados como innovadores. La pregunta que me hizo fue: “¿Quién es mejor, U2 o Radiohead?”. Una pregunta con maña, porque en estos tiempos, quizás el cuestionamiento correcto debía ser “¿qué grupo te da más asco, U2 o Radiohead?”, o algo así, que satisfaga el morbo y calme la adicción de sangre de quienes suelen darle click a estos “versus” provocadores. Finalmente, quienes acaban con el hígado desecho del coraje, son los fans de las bandas aludidas. Como los hinchas de U2 quienes desde hace años deben aguantar que Bono y compañía sean objeto de encono de quienes se dejan llevar por el meme de que aseguran que “U2 apesta”.

Sí, hoy todo mundo dice odiar a Bono y compañía. (cierto que ellos tuvieron un poco de culpa por invadir los iPhones de los sensibles consumidores con un disco no deseado y porque desde hace varios años no dan una…¿pero qué grupos de su generación sí?…). Lo malo, es que parece que nadie (pese a que llenen estadios) parece dispuesto a defenderlos. Y eso que U2 es uno de los últimos grandes del rock and roll.

Los años 80 fueron los más importantes de su carrera, y en los 90, aplicaron esa llamada “innovación” en discos que los alejaban de la fórmula para propinar  indiscutibles home-runs como Achtung Baby. Y no, hoy nadie parece dispuesto a aceptar que le gustan, pese a que tienen canciones grandiosas y discos indispensables para entender las décadas de los 80 y 90; o a que Brian Eno, el aún epítome de la modernidad, alguna vez los acogió y les produjo obras atemporales. Ya quisieran grupos contemporáneos como Arcade Fire lograr el cenit que tuvieron los irlandeses en su momento. ¿Y porqué Radiohead siguen estando tan consentidos y los otros no?

Esas criaturas atormentadas a quienes denominaremos “radioheadlovers” o “Yorkebelievers”, horda de fanáticos de la banda más radicales que las y los adolescentes hinchas de Justin Bieber, son quienes son capaces de pensar que un disco de Radiohead producido en un iPad a base de ronquidos sampleados de Thom Yorke y los efectos al azar de la guitarra de Jonny Greenwood, es una maravilla. No me malinterpreten, me gusta Radiohead, cuando la banda realmente hacia canciones y no les importaba mucho que digamos saber si sus canciones tenían ese tufo arty que no a todos les queda pero que ellos, han sabido capitalizar muy bien pese a que en la mayor parte de su obra reciente es sólo humo.

Lo que me impresiona, es que el ejercito de seguidores de Radiohead sea más amplio del de U2. incluso es un deporte decir que odias a U2 y todo mundo te va a aplaudir. En cambio, dices que no te gusta Radiohead o que OK Computer es bueno a secas, te ven como un anomalía. Y conste, una cosa es que Bono sea lo que dicen que es en South Park (¿no lo recuerdas? estás en una computadora, ¿y si lo buscas) y otra afirmar sin sentido crítico que el grupo sea malo (mientras escribo esto se me antojó escuchar “The Fly”, qué gran canción).

Y sí, quienes aseveran que U2 son basura, son los mismos que no se han tomado la molestia de escuchar un disco completo; simplemente lo ven leen en internet y lo dan por hecho. y conste que no es lo mismo decir: “no me gusta” a “es una basura”. Algunos de los mismos, son los que creen que Radiohead son unos genios. Momento.

Quizás lo sean, pero su inspiración en los últimos años recae en un reciclaje de sonidos de supuesta avanzada que impresionan sólo a quienes acaban de buscar en Wikipedia quién es John Cage. Como el personaje del video de “Karma Police”, el grupo lleva años perseguido por sus propios fantasmas y, pese a sobrevivir a los tiempos, ellos mismos se avergüenzan de cosas como Hail to the Tief, aquello estaba sencillamente muerto”, dijo Yorke en una ocasión sobre aquel disco, y mientras tanto, sus fans creen que fue una genialidad. Para eso, mejor The Beta Band.

Lo que fue genial eran canciones como “Stop Whispering” o “Fake Plastic Trees”, y nunca volvieron a lograr llegar a esos niveles; aunque a su favor, si lo vemos como un acto de supervivencia, quizás sin ese extremo barroquísimo —que es paradójico porque igual recurren a cuanta maniobras minimalista azotada se les antoje—, la muerte del rock alternativo noventero se los hubiera llevado consigo a la tumba y hoy serían como los Spin Doctors o algo así.

O pensándolo bien, quizás seguirían sonando como sus clones: Keane, Coldplay, genéricos y similares. Sí, tal vez me estoy equivocando y aventarse a surfear en esas olas de rock modernillo con flema británica fue lo más sensato que Radiohead pudo hacer para sortear los tiempos que se avecinaron. Quizás. O tal vez Thom y compañía sólo visitaron muchas instalaciones de arte y decidieron volverse pretenciosos para no defraudar a sus amiguetes de las galerías.

Me gusta Radiohead, pero por favor, hay veces que ni quién le crea a Thom esa la imagen de niño atormentado de Oxfordshire con tiempo y  dinero de sobra suficientes para generar ruiditos extraños y balbuceantes que se convierten en supuestas obras de arte discográficas.

Y no, no sé quien ganaría un mano a mano, como el de esas estaciones de radio que incitan al público a votar por su grupo o canción favorita o si en un enfrentamiento como de un episodio de “A Regular Show” se tratara.

Lo que sí creo, es que los fans de Radiohead son los más radicales y los de U2, quizás los más tibios, quizás porque aún se toman en serio eso de “Pride in the name of Love” y no quieren atacar al prójimo. En un mano a mano, seguro los segundos serían quienes acabarían en la lona en un charco de sangre, mientras los radioheadlovers se yerguen en el otro rincón del ring, sintiéndose infelices como Thom, pero, al mismo tiempo satisfechos de sentir que tienen la razón en sus pretenciosos pero románticos corazones y sí, quizás para celebrarlo se echen un bailecito al estilo Yorke.

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Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla @nosoymoderno
Periodista obseso de la cultura y la in-cultura pop, originario de la región de Orizaba, Veracruz. Edita la revista Círculo Mixup y colabora en diversos medios como Marvin y Vanity Fair. Odia la nata; le han publicado una decena de cuentos cortos y le gustan la italo-disco, el post-punk y el pop naif.

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