Por El Cinebar / @El_Cinebar

A ver. Hay chilangos en todas partes del mundo. No tiene que ver con tu biografía,  tu acta de nacimiento membretada por el exDF o por usar el Metro. Tiene que ver con haber pasado por aquí, aunque sea de refilón, y haber manifestado algún tipo de enamoramiento por una de las paradojas más grandes que ha construido el ser humano. Un lugar amor-odio que nos embarra a todos: la hoy rebautizada CDMX. Como disco compacto pirata.

De esa manera hay chilangos desperdigados por el universo. Y de esa misma manera se ganan el odio a madrazos. Por mamones. Porque no se sabe si es un complejo de superioridad o un síndrome escatológico. Una patología de la mierda. Sin meternos en la influencia católica apostólica y romana y el racismo chilango disfrazado de lástima.

Te prometo anarquía interior

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Pero se es mierda por todos lados. En el aire, en el agua, en cada esquina, en la ciclovía, en la Ex-hacienda los Morales, en la Roma de hoy, en el alma y por supuesto en el culo: mierda. La mejor y más pura mierda abizcochada la representa Miguel Ángel Mancera, sin duda alguna. De ahí pa´ abajo, jerárquicamente, hasta la rata más esquelética, anémica y agónica del Bordo de Xochiaca.

El otro tema: ¿qué pedo con la anarquía? Ah, pues bien fácil: vayan a la calle de Colombia en el Centro, cerquita del Zócalo. Quédense ahí cualquier sábado todo el día hasta la noche chupando gomichelas, comiendo Dorilocos y oyendo reguetón en la banqueta. Verán qué es la anarquía aplicada, o lo que es lo mismo en versión chilanga: me vale verga todo.

De este contexto sale una película bien chilanga, Te prometo anarquía (2015), dirigida por Julio Hernández Cordón, un  güey que nació en Dakota o Carolina del norte, no me acuerdo. “Gringo” pero que creció entre Guatemala y Guatepior (México). “La peli”, como dicen los que saben, fue realizada con una coproducción alemana, con los apoyos de festivales europeos, con productores colombianos, con foto uruguasha, con un purépecha en patineta y quién sabe qué pinche embarradero más. Eso sí, bien mexa. El nuevo nuevo nuevo superultradevanguardia que no entienden por pendejos… que les saca un pedo con mojón en Locarno… Cine Mejicano. Muy Mexicano.

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Ese pinche cine mexicano autonombrado de autor que para mis tías es bien pinche aburrido y no se entiende ni madres. Que para ser muy muy mexicano y triunfar en Europa nació en los territorios noventeros, clasemedieros, entre las clases de foto y realización y mariguana barata envuelta en papel biblia. Nació entre las antípodas de Harmony Korine (Gummo, Julien Donkey-Boy) y el dogma más mamón del danés. Con pretensiones rusas tarkovskyanas. Un modelo “contemplativo” espantapendejos que se agotó hace pocos segundos.

La pretensión al máximo: filma sin guión. Y cuando entrevistan a los actores lo primero que dicen es “cuando me mandó el guión… ” ¿Qué pedo? Ya no entendí.

Pero bueno, en medio de toda la pretensión, alrededor de la película diseñada para europeos programadores de festivales, resulta que este crew global de Te prometo anarquía ama la CDMX. Tienes que amar-odiar esta ciudad para retratarla de esa manera; tienes que tener pasión por esta mierda de concreto que asfixia, sobre todo en horas pico, para hablar del amor y generar nostalgia. E intentar ser lo más honestos con las sensaciones. Y que los machos más urbanizados se exciten a escondidas con la primera secuencia.

te prometo anarquía, interior

Un amor-odio en pantalla que siembra muchos guiños fundamentales en este país, empezando con la confusión de los mexicanos que creen que la guerra es entre el Estado y los narcos. En realidad es entre el narcoestado y los demás,  que ponemos los desaparecidos. Un pinche narco de adeveras retratado en la película: calmo con sangre fría y directo. No como el Cochiloco. Lo único que realmente me cagó fue la aparición, más fortuita que las de Lyn May, de Ashauri recitando por enésima vez, con la misma anticadencia de siempre y el mismo tono, un “poema” espanta niñas de secundaria.

Conclusión pendejos (me gusta la palabra pendejo porque era la que más me decía mi papá de niño: “Pendejo”), conclusión: ya sé que no entendieron ni madres y van a decir ¿te gustó o no mamón? Lo que me caga es el discurso de mercadotecnia del cine mexicano. De autor auspiciado por el mismo Estado al que dice criticar. Te prometo anarquía, me parece, es un retrato de los más chingones de la Ciudad de México. Construye comentarios políticos y sociales agudos. Pone por encima de todo la nostalgia, no el amor, la nostalgia urbana.

Véanla, que es lo más importante y hagan su pedo. Disfrútenla a tope y no me chinguen. Yo nada más le hago caso a mi editor que me tira línea y lo hago para cobrar por palabra. Caca, caca, caca. Caca.

Editor Yaconic

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