Por Carlos A. Ramírez / @estilo_perro

Es 1977. El punk está a punto de hacer erupción y por las calles de Nueva York bullen artistas (escritores, músicos, pintores) destinados a convertirse en leyendas, vagabundeando por bares, cafés y galerías de arte.

En medio de esa efervescencia, Tom Verlaine, un músico oriundo de Delaware, sueña con consolidarse en la escena de la Gran Manzana podrida. Por fin le ha llegado su hora, al lado de Richard Lloyd (guitarra), Fred Smith (bajo) y Billy Ficca (batería); Verlaine tiene en las tiendas una maravilla de 46 minutos de grabación, divididos en ocho cortes, que deslumbran a cualquiera que la escuche. El futuro parece brillar, esplendoroso. El plato se llama Marquee Moon. Su banda: Television.

television, 1975

Television en el CBGB, 1975 / Richard E. Aaron.

La portada del disco es de Robert Mapplethorpe. En este, Verlaine desplegó todo su  talento, el cual combinado con las habilidades de Lloyd, Smith y Ficca, ha dado como resultado un trabajo extraordinario. Ahora parece que únicamente resta esperar.

Lo que ocurrió a continuación es uno de los más grandes misterios en la historia del rock and roll: a pesar de que la crítica lo alabó unánimemente, el éxito comercial nunca llegó para Marquee Moon. El disco nunca conectó con el gran público norteamericano y tuvo que conformarse con un sencillo, “See no evil”, en el lugar 28 de los charts en el Reino Unido.

No obstante, fue el comienzo de un culto que atravesó décadas y se mantuvo vigente hasta nuestros días gracias a melómanos de todas las edades, quienes reconocen a Marquee Moon como uno de los álbumes más influyentes en la historia del rock. Los ecos que generó pueden rastrearse a lo largo del tiempo, tanto en bandas como Sonic Youth, Echo & the Bunnymen, The Hives, The Rapture, Yeah Yeah Yeahs y The Strokes, hasta en monstruos mediáticos como David Bowie y U2.

television, 1977

Television, 1977.

THE NEON BOYS

Nueve años antes, Tom Verlaine llegó a Nueva York junto con su amigo de la adolescencia, el bajista Richard Meyers —a quien el mundo conocería como Richard Hell—, ambos buscando fortuna como músicos y poetas. Ahí Verlaine conoció a Patty Smith, de quien se hizo pareja sentimental mientras se involucraban en la vigorosa escena punk neoyorquina.

En 1973, Verlaine y Patty editaron un libro de poesía llamado The Night (1976). Esto mientras Tom participaba en los primeros dos discos de Smith y al mismo tiempo tocaba y componía para The Neon Boys, la banda que formó con Hell y Billy Ficca.

Con esa formación el grupo grabó algunos sencillos, pero en ese año decidieron cambiar el nombre a Television, incorporando a Richard Lloyd como segundo guitarrista. “El rock and  roll era mucho más excitante que escribir poesía”, aseguraba Hell.

RICHARD LLOYD, EL CÓMPLICE PERFECTO

En ese entonces, Verlaine y Hell trabajaban en una tienda de artículos cinematográficos propiedad de Tom Ork, quien se convirtió en su mánager y en el responsable directo de sumar a Lloyd, un guitarrista y vago profesional, a las filas del incipiente grupo.

Richard Lloyd, quien pasaba por una mala etapa de su vida, se prostituía a cambio de casa, comida y drogas, afirma en el libro Por favor mátame: la historia oral del punk (1996), de Legs McNeil y Gillian McCain. Se ofrecía a cambio de un suelo dónde dormir. “No prometía dinero, esfuerzo ni trabajo, pero me tenían a mí. Entraba a un bar y le decía a una chica: Estoy enamorado de ti. ¿Quieres que vaya a vivir contigo?, no pagaré el alquiler, haré lo que me dé la gana, pero me tendrás ahí. Mucha gente aceptaba”.

television en el cbgb

No todo era miel sobre hojuelas. Por esos días, Hell, motivado por su deseo de ser famoso y por los constantes roces que tenía con Verlaine, decidió abandonar la banda para fundar Richard Hell and the Voidoids.

La renuncia, según el líder y compositor, resultó benéfica para el proceso creativo de Television. Lloyd cuenta que el primer bajista que audicionaron para sustituir a Hell fue Dee Dee Ramone, quien no quedó porque no sabía tocar. “Estuvo horas tratando de sacar una canción. Intentamos enseñarle pero el dude no daba una. Tocaba acordes con un solo dedo. Fue muy divertido”. El mismo Dee Dee tiempo después comentaría: “Me dieron una patada porque no sabía tocar bien”. Finalmente, el elegido fue Fred Smith y lo demás es historia.

EL CBGB Y LA EXPLOSIÓN DE LA ESCENA PUNK

Verlaine y Lloyd recuerdan que un día mientras caminaban por las calles de Nueva York buscando un sitio dónde tocar pasaron por el CBGB (que posteriormente se convertirá en  el mítico hogar del punk neoyorquino, pero que en ese entonces solo presentaba bandas de country y blues) y le pidieron chance a su dueño, Hilly Kristal, de realizar unas presentaciones en su local.

“Hilly nos preguntó qué tipo de música hacíamos”, rememora Richard Lloyd. “Le preguntamos qué querían decir las letras del local. Y él nos dijo: ‘country, bluegrass, blues y otras músicas para golosos inspirados’. Pues nosotros tocamos un poco de rock, country, algo de blues y otro tanto de bluegrass, le respondimos”.

Hilly dudó, pero finalmente aceptó darles tres domingos, que se duplicaron después del éxito rotundo de sus presentaciones. De acuerdo con Terry Ork —quien asegura haberle advertido a Hilly que le iba a costar mucho superar aquello con su country y su bluegrass— aquel fue el comienzo oficial de la escena punk y new wave neoyorquina. Solo así, el empresario apostó por grupos como The Ramones, Blondie, Talking Heads y Patty Smith.

television, 1977

MARQUEE MOON

En 1976, la banda grabó la espectacular “Little Johnny Jewel” que se convirtió en un auténtico hit underground. Un año después lanzaron su álbum debut: Marquee Moon: una salvajada que rompe todos los moldes de lo que había sido el rock and roll hasta ese momento. Lo llevó a sitios insospechados.

Danny Fields, periodista y mánager de The Ramones, afirmó que Television era “una banda hermosa. ¡Me parecían increíbles! Verlaine era tan fascinante que después de verlo en acción no necesitaba más arte, ni música, ni vida, ni amor, ni poesía. Eran la cosa más preciosa que hayas visto en tu vida. Y luego estaba Richard Lloyd. Él también era una belleza. Eran el grupo de la belleza”.

Lo cierto es que Verlaine y Lloyd armaron un dueto de guitarras imponente, que encarna a la perfección lo que Keith Richards, en su autobiografía Vida (2010), llama Weaving (el maravilloso arte de tejer el sonido con dos guitarras) y Marquee Moon parecía fruto del trabajo de una banda con mayor experiencia.

television, 1977

Backstage CBGB, 1977.

De Television, lo primero que llamaba la atención era su clara intención por tomar distancia de lo que hacían sus colegas del CBGB. Si los Ramones se empeñaban en evidenciar su desparpajo y lo poco que les importaba tocar “bien”, Verlaine y sus  secuaces habían amalgamado un sonido finísimo, levemente influenciado por The Rolling Stones, que rescataba lo mejor de Velvet Underground y lo mezclaba con fuertes dosis de jazz y psicodelia.

El resultado: un puñado de canciones potentes y elegantes que nada tenían que ver con los tres acordes y las explosiones minimalistas de 2 minutos y medio de sus contemporáneos punks. Tracks robustos cuya columna vertebral es la extraordinaria guitarra de Verlaine. Un instrumento que, según Patty Smith, sonaba como “miles de pájaros azules gritando”.

Marquee Moon inicia con Verlaine dibujando figuras sónicas, que son un perfecto preludio para el que será su primer single en Inglaterra: “See no evil”. Después “Venus”, ahí la guitarra rítmica se acompasa con una variedad de riffs de antología que culminan con un solo espectacular que incursiona descaradamente en los terrenos del jazz. Nos da un paseo onírico por las calles del Nueva York de finales de los setenta.

Con “Friction” la intensidad sube. Verlaine ejecuta un riff lisérgico, mientras canta con intensidad desesperanzada apuesto a que es fricción/ Tú sabes que todos nuestros muchachos van a terminar en la cárcel/ No quiero crecer/ Hay demasiada contradicción. Las cuerdas de Lloyd responden con un twang, un torbellino que envuelve al escucha.

“Marquee Moon”, el corte que da nombre al disco, es una obra maestra. Diez minutos de belleza. Rock en estado de gracia. Y Verlaine deslumbrando con su vena poética: “Hablé con un hombre y ya entrados en el tema, le pregunté: ¿Cómo hace para no volverse loco? Y él me dijo: Mira, amigo, no puedes ser tan feliz. Y, por amor de Dios, no puedes estar tan triste”.

television band

La nostalgia de “Elevation” y “Guiding light” sirven para bajar un poco las revoluciones y dejar todo listo para el poderoso remate que se desgrana con “Prove it”, un catálogo de los mejores riffs jamás grabados por un grupo de rock, el cual culmina con un solo inolvidable capaz de emocionar a las piedras; y la tremenda “Torn Curtain”, una dramática canción cuyo diálogo de guitarras, como si de un combate a muerte se  tratara, va in crescendo hasta alcanzar el paroxismo rasgando directamente en las cuerdas del espíritu del escucha.

TRABAJOS POSTERIORES

En 1978, la banda lanzó Adventure, su segundo disco de estudio, para después separarse. En 1992, se reunieron para editar su álbum homónimo, Television. Buenos discos ambos, pero sin duda obras menores comparadas con la insólita joya que es  Marquee Moon.

En unos cuantos días, en el marco del Festival Marvin, la banda se presentará en México. Y por fin la pequeña feligresía que les rinde culto podrá atestiguar en público las maravillas que tantas noches les han hecho volar en privado.

No pienso perdérmelo.

Editor Yaconic

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Revista de arte y cultura

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