Hace un mes entró al país el frente frío número 10, según el Sistema Meteorológico Nacional, sinónimo de harta e intempestiva lluvia, temperaturas caladoras, nevadas en algunas partes del país y gripa… mucha gripa. Reflexioné sobre cómo combatir el mal clima que abrazaría la ciudad: una chamarra (de las que restringen el movimiento), un calentador eléctrico y unos calcetines (que no estén rotos).

Repentinamente se me ocurrió: “¡Qué mejor forma de hacerle frente al frío que dándome un chapuzón en un lugar soleadito!”. Analicé las opciones existentes, varias dentro de la Ciudad. Las principales, el parque acuático Las Águilas y el de Coyoacán —igual a correr por las fuentes de Revolución, pero más triste—.La idea era salir de la decadente urbe y respirar un poco de aire fresco. Se me ocurrió ir a una playa, por lo menos un acapulcazo, pero realmente no quería estar fuera más de dos días, ni aguantar vendedores de pulseritas y empanadas. Lo idóneo era ir a uno de los tantos oasis cercanos al otrora DF.

Tepetongo

Tepetongo

Los posibles destinos eran tres: Oaxtepec, El Rollo y Tepetongo. Analicé la mejor opción como millennial:

Oaxtepec: Six Flags ganó la licitación del parque al IMSS, por lo que este 2017 lo transformarían en Hurricane Harbor. Eso significaba que estaría igual de caro que la feria esa, y no me gustaba la combinación de palabras del nuevo nombre. Lo descarté.

El Rollo: solo vi un video en YouTube. Lo único llamativo eran los actores y actrices que habían contratado para aparecer semidesnudos. Estaban bien ricolin@s.

Tepetongo: Su comercial me dejó anonadado. En tres minutos soltaban un choro sobre el agua, fuente de vida; casi citaban a Darwin para hablar del origen de las especies. Después en un salto abismal: “Se ha demostrado desde tiempos ancestrales que el agua es… (pausa suspensiva de 10 segundos) ¡Diversión pura! El parque acuático más cool. Más de 15 albercas, 45 toboganes y el Hoyo negro (¿?), el Kamikaze y su agua cristalina y pura de manantial”.

Tepetongo

Tepetongo

El video de Tepetongo me recordó los días de infancia en los que no había nada en la tele, solo la infumable saga de La risa en vacaciones. Lo que me hizo creer que no estaría mal ir y salir medio encuerado en el video de alguna familia que estuviera grabando su viaje.

Recurrí a los tours que vendían en su página: salían a las siete de la mañana en el metro Patriotismo e incluían transporte ida y vuelta y entrada por poco más de 200 pesos. No sonaba mal, pero el viaje de casi tres horas —el video decía que eran 90 minutos— en un bus escolar resultó insufrible para la espalda, igual que la persona sentada al lado para el humor.

Tepetongo es un oasis en la carretera México-Guadalajara —que atraviesa el pequeño municipio de Contepec, Michoacán— junto a la Hacienda Cantalagua, administradora del parque acuático. Las únicas dos manchas visibles a lo largo de un llano café, desértico y kilométrico.

Tepetongo

Tepetongo

Llegué poco después de las 10 de la mañana. La fila para entrar era ridículamente larga, solo comparada en proporciones con la cantidad de alimentos, refrescos, fogones y cosas inflables que cada familia (mínimo de siete integrantes) llevaba para sobrevivir. Un día para rostizarse.

Hora y media después de abierto el parque, las aguas cristalinas y puras de manantial, que con tanto fervor presumió el video, eran espesos caldos blanquecinos. Los bañistas se sazonaban en una mezcla de cloro, bloqueador solar, refresco, grasa de garnachas y meados. Solo las albercas con no más de metro y medio de profundidad estaban así. Las hondas y las de castrosas olas (que alcanzaban dos metros y medio de profundidad) aún eran transparentes. ¡Bendita la gente y su incapacidad natatoria!

Tepetongo

Tepetongo

Así resumo la Tepetongo Experience:

—Gente amontonada peleando y jugando en las partes poco profundas. Intentos para no ser arrastrados, por las olas, a las partes en las que ni de puntitas podrían mantener la cabeza al aire.

—Alguno que otro individuo disfrutando de la tranquilidad de la profundidad.

—Cientos de entidades voraces que no cesan la comilona. Se metían a los chapoteadores con quesadilla en mano.

—Padres que apenas podían seguir el paso a la hiperactividad de sus criaturas.

—Personas durmiendo y/o hastiadas del sol (por lo general gente mayor que se arrepentía de haberse dejado convencer para ir).

Tepetongo

Estar en Tepetongo es como seguir en la ciudad, en algún parque o plazuela específicamente. El asfalto lo reemplazan los cuerpos de agua cochina. Olor a sudor y perfume con cloro y bloqueador. El tufo a fritangas es permanente, al igual que la indiferencia que todos los presentes se tienen. Al menos en la metrópoli todos los cuerpos gelatinosos, que muchos podrían considerar como contaminación visual, dejan todo a la imaginación. ¡Amén por ello!

Raúl Campos

Raúl Campos

Cultural Journalist & Documentary Photographer Kitsch Journalism Mexican decay Anarchy Road

Previous post

DE LA MERCADOTECNIA AL CORAZÓN, UNA ENTREVISTA CON WE THE LION

Next post

IVAN BRUN, EL VOMITO DE LA BARBARIE CONTEMPORÁNEA