Las pulsiones del ser humano, el arrebato y el deseo han acompañado al hombre a lo largo de siglos enteros. La escritora mexicana Ana Clavel explora estos temas en libros como Las ninfas a veces sonríen, El amor es hambre y recientemente lo hace siguiendo los pasos de la musa de Nabokov con su libro Territorio Lolita.

Con un estilo ensayístico agudo, haciendo honor al gran ensayista Montaigne, ella va trazando esos descubrimientos que iniciaron con ciertas peculiaridades que le parecían interesantes para irse por las ramas, dejándose llevar por su lectura a diferentes encuentros con Nabokov, Peter Pan, Lewis Carroll y una decena de personajes más que nos llevan como lectores a este camino de investigación en torno al deseo y el arte, que Ana ha logrado en este libro.

“Felices coincidencias”, como las llama ella, son esos hallazgos que le han dejado soltar su pluma, su mente e ir reflexionando para dejarse llevar por esas intuiciones y así surgió esta obra. Un libro muy libre, creativo en donde se encuentran hallazgos luminosos, aunados de erudición y creatividad.

Luego de siete años de investigación y trabajo este libro se encuentra entre nuestras manos y no importa cuando sea leído, su atemporalidad y su trabajo narrativo ayuda a transportarnos junto a estos personajes, todas estas deidades de seducción y deseo.

Charlamos con la escritora Ana Clavel sobre Territorio Lolita.

Ilustraciones @broken_isnt_bad

El deseo

Son esos elementos desconocidos que se trabajan en sueños, en el inconsciente. Pero claro no lo tengo. La primera vez que leí Lolita no me gustó, me pareció muy tramposo de parte de Humbert Humbert cómo se mostraba como el inocente y no caí en sus redes.

Muchos de los críticos nunca habían considerado ver a Lolita como un sujeto en el cruce de dos edades, con apetitos e inexperiencia. Es muy fácil como es la mirada masculina, adjudicarle a la mujer o niña, toda la perversidad en cuanto al deseo. Es una perversidad y mirada que tiene que ver más con el deseante, le descargas buena parte de la responsabilidad que te provoca. Ese tipo de críticos estaba más casado con esa mirada ciclópea, una mirada reduccionista.

Proceso de investigación

Me sirvió mucho que cuando estaba trabajando el tema me topé con la caperucita cuando escribía El amor es hambre, y se me ocurrió catalogarla como la hermana menor de Lolita. Lolita es un fenómeno muy específico, es un ser anfibio que navega entre dos aguas de niñez y pubertad. Eso viene a ser el asunto de que cuando tú como deseante o amante proyectas sobre el amado o idolatrado, tú construyes un universo. Esa construcción puede ser maravillosa como en el caso de una obra de arte o terrible como en el caso de abusos espantosos.

Yo no sé hasta donde sea hasta un lado presiones del tipo capitalismo que nos están llevando entre las patas a consumir los mismos productos que cuerpos. Agotar los deseos de una sed inagotable, insaciable pero que al mismo tiempo a lo que nos lleva es a una situación muy esquizoide o buscar la inmediatez de la realización. Porque ya no se está ritualizando el deseo, ya no están los procesos de seducción, ya es inmediatamente consumar el deseo y a veces de una manera muy enferma.

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La interioridad de la nínfula…

El deseo ciclópeo que solo tiene un ojo para depositar atributos o deseos, es el estereotipo universal de la nínfula como perversa, en el que hay muchos intereses de descargarle a ella la responsabilidad de lo que acontece. No quiere decir que no haya deseo en ella, pero es algo muy dedicado, se piensa que es culpable y no hay que buscarle otras posibilidades y de eso casi no se ha hablado. Pensar más allá del arquetipo y estereotipo, pensar más allá de Nabokov y de los que lo siguieron incluidos Kubrick.

No digo que nunca que se haya tratado, sino que casi no se ha tratado. Ese sería el plus del libro, al tratar el tema tan afondo de que en realidad el deseo de la nínfula siempre ha sido, un deseo que la esculpe y define desde fuera y que poco sabemos realmente de la nínfula.

¿Cómo presentar esa interioridad?

Creo que detrás de todo el deseo es complicado porque siempre reduce y objetualiza. Ese es el reto importante de la amante que tiene que superar el deseo en una suerte de poética amoroso, el asunto de las lolitas y la manera en la que se ha trabajado, rebajándola en los estereotipos o adorándola, pero desde fuera, es un trabajo que no se preocupa tanto de conocer realmente a su sujeto amoroso.

Nunca lo define como sujeto sino como objeto. Ahí está la destreza del personaje de Nabokov de mostrarnos la complejidad que tiene que ver en torno a la mirada que objetualiza y que reduce en el deseante del amante y de cómo mucho del arte, la fantasía y la creatividad se pueden desarrollar a un lado increíble a partir de un objeto que les fascina y que de esa manera de él proyectamos todo lo que nos despierta. La creación de lolita, en términos del narrador, la obsesión de Humbert Humbert crea una obra de arte. El arte surge de obsesiones, neurosis, desequilibrios que están ahí y que por fortuna tienen esa desviación y ese resultado. Entonces es impresionante como pensar que el arte podría ser uno de los resultados del deseo y de las fantasías y de los paraísos infernales que crea el deseo.

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Se debe ritualizar el deseo…

Se debe ritualizar para que en esa formalización se encuentren metáforas, caminos aledaños, la fantasía toma su peso. Encuentra otras vías de escape más creativas. Incluso si uno piensa por ejemplo en lo que es la construcción del amor en occidente tiene que ver con una ritualización del deseo, uno recuerda cómo se retoman los elementos para sublimar el alma del caballero en una búsqueda de una exaltación hacia la divinidad, ahí llegaste a unos niveles de sublimación del deseo.

En Territorio Lolita descubro sin habérmelo propuesto, una indagación sobre un deseo que muchas veces se calla, pero que no por no mencionarlo deja de existir. Y que en realidad lo que habría que hacer además de espantarnos y censurar los casos terribles, es explorarlo a nivel de arte, de literatura. Este fenómeno lolita tiene tanta fuerza, que es importante indagar que es lo que está sucediendo. El deseo es un asunto más escurridizo de lo que la normatividad o la convención o censura o políticamente correcto quieren manipular.

¿Y la censura de estos temas?

El deseo es un tema que en general nos perturba mucho. Porque nos descoloca, siempre cuando somos racionales o somos ciudadanos normales, creemos que nosotros manipulamos a los deseos, pero en realidad lo que sucede es que son los deseos los que nos mueven a nosotros.

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Jaqueline Pérez-Guevara

Jaqueline Pérez-Guevara

Chihuahua, 1993. Periodista y gestora cultural.

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