JACK BONER AND THE REBELLION

La poesía como acto de reverencia, honesta y valiente. José Eugenio Sánchez, autor regiotapatío, o más bien tapatíomontano, se asoma por la ventanilla del autobús de la provocación mientras maneja en la carretera lírica y saluda, sombrero en mano, a algunos viejos compañeros de lecturas en Jack Boner and the Rebellion (Editorial Almadía, 2014).

JAck Boner p1

Por Paulino Ordóñez / @paulinoo
Fotos: Mishel Ceballos  / Yaconic

En esta ocasión, un Jack, un Allen, un Neal, un Lawrence, un Bill y una Carolyn, entre otros, llevan los roles estelares de Kerouac, Ginsberg, Cassady, Ferlinghetti, Burroughs y el resto de escritores, poetas, aventureros y agitadores que con sus botellas y sus chicas y su benzedrina/ hacían del Jazz y vibra zen un tocadiscos que por las mañanas/ ponía a los dinosaurios de Stravinski a golpear los botes de basura del vecindario.

En Jack Boner and the Rebellion, Sánchez parte especialmente de la novela de Kerouac, Big Sur (1962), para, igual que Duluoz, hacer un recorrido que a diferencia del de éste, no es para huir de la atención del público, la vida citadina y el alcohol, sino para evidenciar y (como si se tratara de un documental) dejar registro del estado mental imaginado de esta tribu de íconos americanos antiamericanos a partir de experiencias como la muerte (ya sea de una esposa para algunos o de un gato para otros) y el éxito, quizá inesperado, obtenido desde la contracultura.

Con estos elementos cargados de historia, José Eugenio Sánchez llama nuestra atención una vez más, ahora con el sonido que hace la botella en la mesa después de servir vino en los vasos de Jack, Allen, Neal, Lawrence y demás fantasmas invitados, sentados para conversar con nosotros. El golpe y ese trago que revive la acidez en el esófago el páncreas/ el resto de las tripas hacen que nos demos cuenta que el Jazz nos había sumergido en un mood en el que se nos había olvidado que (…) la verdad no es viable/ porque la humanidad no la merece.

Jack Boner 1

En este poemario nos reconocemos en Jack, pero también en Neal, quien debe señalarle a una mujer que no quiere acostarse esa noche con él, que la mitad de esa gran cama de hotel será desperdiciada. Como él, queremos ser el preferido de las camareras y contagiar a medio mundo —incluidos los círculos de escritores norteamericanos más importantes del siglo XX— de la alegría de vivir. Qué gran personalidad ha de tenerse cuando se influye a un escritor americano tan importante como Jack Kerouac y todavía se levantan olas a través de los textos de un poeta mexicano contemporáneo tan relevante como José Eugenio Sánchez.

Antes de que al final del libro el poeta se coloque el disfraz de Kerouac —mismo con el que el autonombrado rey de los beatniks dice, al inicio de Big Sur, querer pasar inadvertido en San Francisco: gorra, chamarra y pantalones de pescador— para revelarnos lo que podrían haber sido los haikus en ese cuaderno que los meados de un gato dejó inservible, ya estamos advertidos de que la poesía, la amistad, el amor, el sexo y todo lo que los beats mostraron sin inhibiciones en su versión repensada, es lo mismo que José Eugenio propone en este poemario para resistirnos a aceptar del todo este mundo espeluznante donde faltan tantas cosas, e inyectarle cierta esperanza, porque cuando nos besamos faltan menos.

JAck boner 2

Del contacto genital a la boca, de la boca al whisky y de éste a la boca de alguien más, se transmite la prisa por ganarle algo a la vida, impresa en las líneas de Jack Boner and the Rebellion. Sánchez se inmiscuye en la vida de estos personajes históricos y nos cuenta, porque sus poemas cuentan cosas, que ni el ¡bang! de una bala que dio en una mujer en vez de en el vaso que ésta sostenía en la cabeza, opacó el entusiasmo de estos escritores, que es también el de José Eugenio.

Jack Boner and the Rebellion cubre tanto las líneas reflexivas y contemplativas que José Eugenio Sánchez trabajó en El mar es un espejismo del cielo (1990), Tentativa de un sax a medianoche (1992) y  El azar es un padrote (1998), así como la ironía y descripción de situaciones que aparecen en Physical Graffiti (1998), La felicidad es una pistola caliente (2004) y Galaxy Limited Café (2012).

Por nuestra parte, debemos contagiarnos también, sí, como lectores, pero además dejarnos llevar por el simple hecho de estar vivos: así que hay que beber del mismo vaso, brindar con José Eugenio, alzar el brazo para poner el alcohol por encima de nosotros y escribir un haiku al respecto; que la gente nos ponga boner (erección) como apodo, por nuestra evidente excitación y también por la excitación que provocamos en otros y luego, incluso, podría suceder tal como José Eugenio hace con Jack Kerouac y sus amigos: quizá años después de que hayamos muerto algún poeta nos dedique todo un poemario.

La invitación es clara; en la portada del libro, Alfred E. Neuman (niño ficticio, símbolo de la revista MAD) nos pregunta una vez más: “¿qué?, ¿preocuparme yo?”, señalándonos el código de actitud para esta nueva fiesta: norteamericanamente irónica y sinvergüenza, para embriagarnos con un sax que resultó más que tentativo y apretar el trasero más cercano apenas llegando a la celebración, porque sí: José Eugenio asegura que tampoco se va a preocupar y nos incita a lo mismo vía las-fórmulas-de-vida de los poetas beat, parafraseadas para que la poesía acontezca en nosotros: tú dices que uno tiene que saber que va a estar bien/ y sabiendo eso/ todo se acomoda en el sitio que corresponde.

Que estos poemas se acomoden donde van, dejando espacio para los que en el futuro José Eugenio Sánchez nos comparta.

Paulino Ordóñez (Monterrey, 1974). Autor de los libros para niños ¡Otra vez este tal principito! (Ediciones Castillo, 2001) y La palabra espuma (Progreso Editorial, 2008), así como de los poemarios Veinte minifaldas (Universidad de Sonora, 2011), Multitudes (UANL, Oficio Ediciones, 2012) y La cópula (Alabastro Editorial, 2012).
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