Y LOS 30 AÑOS DE PSYCHOCANDY

 

Por Rogelio Garza / @rogeliogarzap

Fotos: Toni François / para ver más fotos visita tono.tv/fotos-the-jesus-and-mary-chain/

De la columna Zig-zag. Lecturas para fumar

No soy fan de The Jesus and Mary Chain con todo y que escuché sus mejores sones en la mera década del “rock alternativo”. Pero ante la sospechosa propuesta que recibí, tampoco me iba a negar a su dulce distorsión ahora que pasaron para celebrar 30 años de su disco Psychocandy. Aunque ello representara, en cierta forma, un riesgo considerable.

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Verán: el 18 de mayo recibí un mensaje directo en Twitter. A un contacto de nombre Lucio le sobraba un boleto para TJ&MCH y me lo ofrecía a cambio de un ejemplar del libro Zig-Zag, lecturas para fumar. Insistió durante dos días. Yo tenía mucho trabajo, poco dinero y menos ganas de ir sin mi novia. Pero recapacité. El tal Lucio me convenció, no era un libro, quería tres, firmados para sus amigos Cisko y Ramirocker que venían de Cuautla con él. “Maestro, somos lectores desde La Mosca. Y pus ahí está la invitación para que nos acompañe, le pago 2 de 3 libros y vemos a los hermanos Reid!”. El ticket to rock costaba 650 morlacos y quedamos en los 3 bookies X 1 ticket. Mi novia no podía ir porque andaba corta de tiempo y dinero; sin embargo, me motivó a lanzarme con ellos. Y me recomendó tener cuidado… Entonces, sólo entonces, la situación me pareció sospechosa.

Los tres de Cuautla eran unos perfectos desconocidos y  nos encontraríamos en la calle, afuera del Auditorio Blackberry, entre la bola de gente. Me contactaron por Twitter. Lucio era demasiado buena onda. De los otros dos no sabía nada. Todo me parecía “normal”. ¿Y si es un secuestro con The Jesus and Mary Chain de fondo y pretexto? Encajuelado hasta Morelos y luego quién sabe. El jueves 21 en la tarde, también por Twitter, Lucio dijo que llevaba una chamarra azul de Telmex. Y me preguntó cómo iría vestido… esteee, yo llevaría una camisa de la extinta Compañía de Luz y Fuerza (con su gran logotipo en el brazo izquierdo, en la otra manga le puse un parche brillante de Deadhead, la similitud entre ambos es deslumbrante: Luz/Energía/Fuerza – Iluminación/Energía/Música), lo cual le hizo gracia porque pensó que bromeaba.

Al salir de trabajar fui directo al departamento a ponerme cómodo y chido. No sabía qué esperar del concierto. TJ&MCH me recordaba el Tutti Frutti, El Tianguis del Chopo, Super Sound, Rock 101 y todas las fiestas de esa época. Pero nunca me enganchó, como tampoco The Cure ni Radiohead, dicho sea de paso. Tan solo supuse que estaría lleno de chavorucos como uno. Sin duda suenan a los primeros zumbidos de guitarra de Ramones y son una influencia definitiva en Black Rebel Motorcycle Club, dos de mis grupos favoritos.

Torcí un Alas Verdes con Ha y Ash, me preparé un café más negro que B.B. King. Y pedí un taxi. El trayecto fue un Gran Pasón de dos horas, ocasionado por el tráfico y las obras que nunca terminan. Como Lennon, como esa niña del comercial absurdo, eché la cabeza para atrás y me derretí en el asiento. Si no me secuestraban desaparecería de cualquier modo. Era una gelatina consciente. Y tuve un viaje, un death trip: esta ciudad nos va a matar. El tráfico era tan pesado que el taxista apagó el motor, dejó caer las manos sobre el volante y agachó la cabeza. Ya para quebrar a un trabajador del volante es que de verdad era una locura. Pero yo no tenía prisa y me hacía falta un poco de aire. Le pagué y al bajarme traté de animarlo un poco (días después los taxistas paralizarían la ciudad de manera semejante para protestar contra Uber). Me fui caminando y llegué más rápido.

Llegué a la esquina de Insurgentes y Tlaxcala pasadas las 9 y me acerqué al punto de encuentro desde el otro lado de la calle. Entonces vi a los tres de Cuautla sentados en la escalera de una cafetería. El pelón de la chamarra azul de Telmex era Lucio. Los observé. Me fui acercando, se veían muy normales, en los 30, sin malvibrar. Me paré frente a ellos y los saludé discretamente. Les dio gusto y risa ver que mi camisa sí era de Luz y Fuerza. Les entregué sus libros, me dieron el boleto y entramos. Formados en la barra por unas cervezas noté que el público era de todas las edades, contemporáneos, hipsters e incluso adolescentes que venían con sus papás. Ya con los bigotes de espuma lo primero que les comenté es que venía frikeado porque me fueran a robar o a secuestrar. Se rieron y se miraron. Ellos también lo pensaron, creían que por eso me hacía del rogar.

EL CARAMELO MACIZO

Como a las 10, sin más preámbulo que el apagón, los de TJ&MCH salieron a tocar. Desde ese momento mi atención se colocó en el guitarrista William Reid, pesado y desgreñado; un artesano del sonido con su Gibson ES-330 conectada a un Bigmuff y al Wah con dos amplificadores Orange 4X12”. Sonaba perverso. En la voz estaba su hermano y contraparte, el elegante Jim Reid, delgado y de movimientos ágiles.

Por alguna razón que Jim explicó y que ningún egresado del Interlingua entendimos por su acento escocés, primero tocaron el encore. Entonces abrieron con “April Skies” y en seguida, para que la gente no los chingara el resto de la noche, su hit “Head On”. Con ellos estaban el guitarrista Phil King, el bajista Mark Crozer y el baterista Brian Young. El auditorio estaba casi lleno y el público se dio con gusto “Some Candy Talking”, “Psychocandy”, “Up Too High”, “Reverence” y “Upside Down”. A los tres de Cuautla los perdí a mi lado, sobre todo a Lucio, que cantó y bailó todas las canciones. El deleite personal era la guitarra de William Reid, el fuzz, la distorsión y el feedback. La voz del hermano siempre me ha parecido plana y fría, casi maquinal, pero hasta eso me suena familiar.

Apenas era el calentamiento. Hicieron una pausa antes de tocar las canciones del festejado Psychocandy, que cientos aprovechamos para ir por una cerveza. Momentos después regresaron, se dieron vuelo con su otro hit, “Just Like Honey”, y tras él en cascada:

“The Living End”

“Taste the Floor”

“The Hardest Walk”

“Cut Dead”

“In a Hole”

En esta canción logré salir con un vaso de cerveza tibia que me costó 80 pesos. La barra estaba dentro del foro, digamos que disfrutabas formado en la fila, pero 20 cantineros que no daban el ancho eran como la arritmia del concierto. Ojalá y algún día logren corregir esto, es un mal de todos los foros y antros desde que tengo memoria. Al regresar a mi ubicación, más cerca de William, noté que al frente brotó el slam, ese bonito baile tradicional del rock en los ochenta y los noventa. Tampoco se escuchaba el shoegaze ensordecedor que muchos anunciaron. Dicen que la norma auditiva del lugar no lo permitía. Quién sabe, pero el grupo estaba animado por la euforia mexicana, a la que le siguieron dando gusto:

“Taste of Cindy”

“Never Understand”

“Inside Me”

“Sowing Seeds”

“My Little Underground”

“You Trip Me Up”

Y “Sometinhg´s Wrong”

Cerraron con “It´s So Hard” y eso fue todo. Un concierto cómodo, seguro y gratificante para el grupo y el público. No hubo ninguna sorpresa. Ningún cover tipo “Kill Surf City”. Ninguna improvisación. Solo las canciones ordenadas como en el disco. Ya se sabía lo que venía y eso le restó emoción. No volvieron a salir, así que terminamos la cerveza, nos despedimos afectuosamente, y caminamos hacia la calle en busca de un taxi.

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