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Es muy fácil entender por qué a Paul Thomas Anderson le interesó hacer una película inspirada en la vida y obra del creador de la Cienciología, L. Ron Hubbard, un hombre que pasó de escritor de historietas pulp a inventor de una religión con millones de seguidores en el mundo, incluidos estrellas de Hollywood. Sin embargo, The Master va más allá del peculiar personaje y se detiene en la sociedad que lo creó. América. A pesar de su poder y riqueza, no puede ocultar su violencia, su obsesión por el éxito y el consumo. Ojo, Anderson evita el camino más fácil, el de juzgar; lo que busca es retratar, entender. Ahí está, hermosamente fotografiado, el trauma perenne de la guerra; la promesa de felicidad no cumplida por los malls, el asfixiante estilo de vida norteamericano de los años 50 del siglo XX ¿Podríamos reprocharle a Lancaster Dodd (un ficticio Hubbard) y a sus discípulos que buscaran un escape? Que arroje la primera piedra aquel que no ha sucumbido a la tentación de adoptar un Gurú. Las actuaciones de Philip Seymour Hoffman y Joaquin Phoenix en los papeles de maestro y pupilo son notables, así como la relación que establecen, extraña e inusual. La cereza del pastel sería el desinterés de Anderson en redimir a sus personajes. Absolutamente disfrutable.

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A TIRO DE PIEDRA. ENTREVISTA CON SEBASTIÁN HIRIART