Por Eduardo Medina / @lalitro211

Para nadie es un misterio que en la escena musical de Los Ángeles está sucediendo algo. Los álbumes de Kamasi Washington, The Epic (2015), y Kendrick Lamar, To Pimp a Butterfly (2015), ambos clásicos instantáneos y verdaderas piedras angulares de su género, son clara muestra de ello. Con desmesura y emoción se ha hablado de ambos. La prisa y la sorpresa, me parece, nos llevan a pensar que esto es un evento aislado, quizá una mera circunstancialidad, pero no es así. Desde hace dos décadas (¡más!), la escena musical en Los Ángeles ha dado verdaderas joyas y música invaluable.

A inicios de los ochentas dos bandas hardcore nacieron para la posteridad, ambas con materiales históricos: Suicidal Tendencies y Fishbone. La primera con su homónimo de 1983 y la segunda con In Your Face de 1986. Ambos materiales rompieron con una concepción musical de su tiempo, y ambas bandas llegaron a la estratósfera: su éxito se alineó con los inicios de MTV y con los de la música independiente. Fishbone trabajó con John Bigham, quien fuera director musical de Miles Davis, en su increíble The Reality of my Surroundings (1991). Álbum intenso, enloquecido, tiene un track muy interesante: “Asswhippin”, en el que se escucha a un esclavo negro chillar de dolor por los embates de un látigo. Fishbone, sabemos bien, fue una banda que habló fuerte y alto sobre la lucha de la población afroamericana. Y creo que no pecó de imbecilidad si digo que Suicidal Tendencies es responsable por el endurecimiento del sonido de Fishbone. Su cercanía con el punk y el trash metal le abrieron la puerta a bandas como Sepultura (además de que definieron el concepto crossover que imperó en los noventas con el fenómeno del nü metal, pero también en bandas importantes como Cypress Hill). Suicidal Tendencies y Fishbone, rebeldes, poderosas maquinarias instrumentales, y de Los Ángeles.

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Desde luego no podemos dejar de mencionar lo que hizo Tupac, ni la importancia y trascendencia que tuvo la escena hip hop de ese lado de la costa. Y no pasemos por alto el trabajo de J Dilla. Buena parte del hip hop contemporáneo está influenciado por el productor de Detroit. Su Fantastic Vol.2 (2000) es hoy un material de culto, y sus otras producciones, oficiales, no oficiales, han definido el gusto y rumbo de otros productores como Dr. Dre, Karriem Riggins y el mismo Flying Lotus. Una de las delicias del Fantastic Vol 2 son los samples que hace del trabajo de Herbie Hancock, en particular de su álbum Mwandishi (1970). Este debut de Herbie en el hip hop es desde luego legendario y ha producido una larga lista de producciones, colaboraciones y apariciones. Una de las más afortunadas fue la que tuvo en el último material de Lotus, You’re Dead! (2014).

Hablar sobre Stephen Bruner a.k.a Thundercat es un verdadero desafío. Melómanos y críticos se quedan muchas veces pasmados, titubeantes, ante el asunto. Y en efecto, ¿qué podemos decir sobre Thundercat? Las referencias musicales de las que podemos echar mano para intentar aproximarnos a desmenuzar su estilo son varias y huidizas, pero me aventuro con las que cito arriba. Se sabe: Thundercat fue miembro oficial de la banda Suicidal Tendencies, al lado de su hermano, el baterista Ron Bruner; y se sabe, también, que ha hecho tours con Snoop Dogg; colaboró con Erykah Badu en New Amerycah Pt.2 (2010), y fue muy responsable del sonido del To Pimp a Butterfly. Además participa en el set entero y maravilloso de The Epic, con Kamasi. Su trabajo como sideman se define, pues, por estos rumbos. Podemos escucharlo en los dos recientes álbumes de Suicidal: el No Mercy Fool!/The Suicidal Family (2010) y el 13 (2013), aunque también su importancia es vital en el Year of the Cycos (2008); en tracks como “Turn Me Away” del New Amerykah; en “Complexion”, “These walls”, del Pimp a Butterfly; en “Askim” del The Epic (¡y de qué manera!); y en “Hey, Shooter” del Rocket Juice and The Moon (2012), proyecto afrobeat funky jazz de Damon Albarn, Tony Allen (baterista de Fela Kuti) y Michael Balzary a.k.a. Flea.

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Por todas estas colaboraciones nos queda claro que Thundercat no sólo es un gran ejecutante, sino que sus dedos saben hablar varios idiomas cuando están frente al bajo. Si con paciencia de arqueólogo desmenuzamos estos tracks de los que venimos hablando, encontraremos, no obstante, un estilo particular y recurrente. Sin lugar a dudas, sea donde esté, Thundercat suena inevitablemente a Thundercat. ¿Pero a qué suena? Ése es el gran misterio de los críticos y melómanos y, precisamente, la pregunta más difícil de responder.

Anthony Fantano, the internet’s bussiest music nerd, en su reseña del álbum debut de Thundercat, The Golden Age of Apocalypse (2011), dice con razón que un oído impaciente llevará enseguida a comparar el sonido y figura de Thundercat con Jaco Pastorious, Victor Wooten o Steve Clark, pero que realmente poco los une. Estoy de acuerdo parcialmente. En primera instancia, Thundercat no suena para nada como sus tíos mayores, pero un músico como él sería difícil de entender sin ellos; bien echa mano de la cacofonía y repetitividad que escuchamos en Jaco (1976), y es orgánico y provocador como el trabajo de Marcus Miller en Tutu (1986). Desde mi punto de vista el sonido de Thundercat se una más al de Wes Montgomery.

The Golden Age of Apocalypse es un trabajo impresionante en muchos sentidos. De cósmicas tesituras, de poderosos colores y atmósferas futuristas, es un buen disco de funk. Recuerda mucho, por momentos (escúchese “Is it love?”), a George Clinton y al Funkadelic del Uncle Jam Wants You (1979). The Golden… es un álbum con una fuerte influencia de la música disco, no sólo instrumentalmente, sino en la técnica vocal de Stephen. ¿Soy el único al que le recuerda a Earth Wind and Fire? Y desde luego es una extensión y una re visitación a la obra de Flying. Ellison fue, de hecho, el productor de este álbum. Y todo él se oye por dentro y por fuera del material. “Jamboree” es de hecho todo Flying Lotus. Sólo al último minuto escuchamos una bassline enloquecida de Thundercat, lo cual no quiere decir que sea malo. Es muy difícil entender la música de Thundercat sin la de Flying, y viceversa. Las discografías de estos dos artistas, por disímiles que puedan parecer, se complementan profundamente. Cosmogramma (2010) y Until de Quiet Comes (2012) están intervenidas hondamente por Thundercat. So, el Golden Age es un álbum electro, suave y paciente, muy funky, pero si lo desnudamos de sintetizadores y otras capas, y nos quedamos sólo con el bajo y la batería, nos encontramos con un disco básicamente de jazz. En “For Love I Come”, la batería entra al último minuto con un patrón clásico del hard bop. La recurrencia del amor como tema en este álbum es también indicador de la relación. Wes Montgomery, en este sentido, es el músico que se acerca más, o que nos ayuda a entender mejor el estilo Thundercatiano. La felicidad fundamental de Montgomery que podemos escuchar en tracks como “Four on Six”, o el “D Natural Blues” del Incredible Jazz Guitar (1960), es la misma que escuchamos en tracks como “Fleer Ultra” del Golden Age... O la profundidad dolorosa de las baladas de Montgomery, sus desolados solos en Guitar on the Go (1963) la podemos entrañar en “For Love I Come”, en la paciencia y delicadez general que tiene Thundercat de hacer hablar a sus cuerdas. No debemos pasar por alto que Bruner toca un bajo de seis cuerdas, y que, de echo, se parece mucho a la guitarra que exhibía Montgomery.

No me parece, pues, una locura emparentar a estos dos grandes, después de escuchar “Seasons”, un bossa en el que más de un oído despistado jurará oír una guitarra. Pero no hay ninguna guitarra. Es esa forma de Bruner de tocar el bajo que se aleja de la clásica concepción (precisamente la que patentaron Pastorious, Clark y Miller) de lo que debe hacer “un buen bajista”.

Su segundo material, Apocalypse (2013), sigue el mismo rumbo que su predecesor, sin embargo, aviva en él su aspecto bailable. Hay tracks perfectos para la pista como “Oh Sheit It’s X” y “Heartbreaks + Setbacks”, pero también introspectivos como “The Life Aquatic” y “Seven”. Este último sigue trazando esta relación extraña entre Bruner y la guitarra. No poco me recuerda a “Mmmhmm” del Cosmogramma. Apocalypse es también orgánico, eléctrico, ecléctico, y tiene un momento estelar en la batería, en el track “Lotus and the Jondy”, como lo tuvo el Golden Age… en el “It Dosent Really Matter To You”, a cargo de Ron Bruner. Otro elemento interesante que destaco de este álbum: en el video musical de “Evangelion/We’ll Die”, vemos a Bruner paseándose por praderas desoladas con un sable samurai, o una katana o lo que fuere, una espada, al hombro, como si esa espada fuera su propia guitarra, que aparece después a manos de Bruner cantando al filo de tarde, completamente a solas, ante el océano.

Este elemento de soledad/añoranza/amor es muy vivo en la música de Antonio Carlos Jobim y en el imaginario que dejó el film Orfeu Negro (1959) de Marcel Camus, que impactó profundamente en la sensibilidad del jazz de mediados de siglo y que fue en gran medida responsable por la época bossa de Stan Getz y compañía. Me parece que para entender a Thundercat, hay también que echarle un buen lente a la música de Jobim.

Finalmente, para este nuestro prodigioso año musical 2015, nos encontramos con el último EP de Bruner: The Beyond/Where the Giants Roam, que es, no me dejarán mentir los expertos, una colección de seis canciones en la que escuchamos mucho más depurado el estilo de Thundercat. Una verdadera joyita enteramente disfrutable, de una producción y ejecución impecables. La voz de Thundercat está mucho más desnuda, y la convivencia del bajo con los elementos programados, sintetizados, es mucho más orgánica. Tracks como “Song for the Dead” son prueba irrefutable de ello. Las colaboraciones, además, son cosa digna de atención: Kamasi Washington en “Them Changes” y Herbie Hancock en “Lone Wolf and Cub”. Este último track es muy especial. La presencia del sintetizador y la línea de equilibrio que proporciona la percusión, me hacen sospechar que estamos ante la creación más perfecta, hasta ahora, de Thundercat. “Lone Wolf and Cub” es precisamente la canción en donde colapsan, coexisten, conviven todas sus influencias, disímiles, evidentes, sospechadas, insospechadas. Esta canción, me parece, lo tiene todo. Y en buena medida podríamos estudiar el entero espectro musical de Thundercat a través de ella. Cierra el EP con “That Moment” y el track final que le da nombre al disco. Estos dos últimos son los que le dan el tono al EP: esa tesitura de soledad y oscuridad. En buena medida como un encuentro con los bosques, como lo ilustra bien la portada del material. Este EP es nocturno; un canto de búho.

Thundercat, de esta manera, ilustra bien que algo verdaderamente grande está sucediendo en Los Ángeles. La postura política y espiritual de los CD´s que ha sacado esa gran familia (Lotus, Washington, Lamar, Glasper, Bruner) nos da la pista para creer que estamos ante una verdadera generación musical y ante un llamado indiscutible. El momento es exacto y claro. Acudamos a él.

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