Por Eduardo Medina

I

Subo por la calle mojada. Reviso que todo venga en la mochila: mis audífonos, mi cartera, mis lentes… saco el celular para revisar que todo esté bien con la entrevista que he tenido con Franco Genel a.k.a Tino el Pingüino y Maiky Navajas

***

Las pedas en La Buchaca han sido memorables, sobre todo porque no han sido mías. El lugar tendrá cerca de 15 años. Por lo que sé, unos amigos afectos a la briaga y a la música de Guns n’ Roses se fincaron la idea de poner un billar, para no renunciar al desmadre y poder hacer algo de dinero. Al principio fue un lugar muy decente, pero con el paso de los años llegó a ser el vomitadero icónico de los que vivimos en Cuautitlán Izcalli. El debut etílico de muchos de mis amigos sucedió allí. Hoy, La Buchaca es un billar bar agradable, donde atienden meseras más o menos y la chela no es tan cara. Su único defecto, para mí imperdonable, es que tiene la música a un volumen muy alto; pero nos frecuentamos ahí todavía. La última vez un amigo se puso hasta el huevo. Vomitado, cagado, terminó él y el piso del baño. El accidente sucedió cuando nos íbamos; estábamos afuera y mi compa me dijo:

—Espérame, güey, tengo que ir al baño.

Pasaron 15, 15, 40 minutos. Indignado, fui a buscarlo. El de seguridad, ese cachetón, me topó:

—Amigo, ve a ver a tu valedor, está en el baño.

Lo encontré sentado en la taza, con los calzones en los tobillos, mierda y vómito regados en el piso, en sus pantalones y en sus piernas. Su pequeño pito ahí asomado…

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De modo que cuando supe que estaría en La Buchaca Tino el Pingüino, no lo dudé y compré mi modesto pase general. Llegué una hora antes y ya había chavos esperando. Fue un toquín para todas las edades. En la plazoleta que rodea el bar, muchachitas con el pantalón pegadito y chicos con snapbacks. Algunos practicaban beatboxing. Alguien quemaba mota por ahí. En los audífonos escuchaba el Triveni II de Avishai Cohen. Me senté en la banca y espere junto a los otros.

El concierto empezó por ahí de las cinco y media. Un poco antes, la pandilla hizo fila para tomarse fotos con los músicos; ellos tomándose una cerveza (Maiky tenía una Corona), siempre pacíficos. Me senté donde pude, al lado de unos güeyes a los que se les cayó el pomo entero y de unas morras que estaban bien. Sobre todo una de ellas: su pantalón me distraía de la comunidad. Cuando Tino cantó “ven dame mami/ ven dame mami/ dame mami/ dame mami” tuve alucinaciones. Y el chavo a su lado —su novio— sin poder hacer nada (y yo menos). La morra entregada al desmadre pingüinesco, bailando, gritando, tits and ass bouncing around. Ahora que lo recuerdo fue un poco porno, muy ad hoc al Tino que gritaba al público: “¿Supongo que a todas les gusta coger, verdad?”, construyendo siempre —como en sus discos— un ambiente dionisíaco, erótico, que liberaba, en una explosión orgásmica, la energía del cuerpo.

Creo que ver y escuchar a Tino el Pingüino es precisamente una explosión orgásmica de energía corporal. Yo no bailo un centímetro —no me gusta— pero alrededor mío se levanta con fruición el vaso de chela, de alcohol, y se baila alocadamente.

Cuando charlábamos, a Franco le pregunté:

—Güey, en tus discos tiras constantes referencias a bares. Cuéntame qué bares te han definido.

Maiky está a mi espalda charlando con una morra. Cuando escucha la pregunta se da la vuelta y entona: “¡Vámonos al Doppler!”. Luego se carcajea.

—Mira, deja te cuento la historia del Doppler —continua Maiky—. Allá en Texcoco no hay nada, güey, entonces es el Doppler o es el Doppler, y los jueves es dos por uno, la chela te sale en diez baros. Está a toda madre, ¡con cien me empedo!

Maiky se distrae con algo y se empieza a revolver, algo se le olvida. Franco alarga su mano y me dice:

—Güey, deja te la cuento yo. Me la sé mejor —Maiky le entrega la palabra y regresa con la morra—. El pedo carnal es que yo grabo muy rápido. Es muy tedioso, tanto  para el rapper como para el productor, estar tres horas grabando una rola, entonces yo grabo en chinga. Un día estábamos en el estudio grabando Ego, Fui a comer, Regreso Pronto, y llegó el hermano de Miguel, Leonardo, que es ingeniero industrial. Había agarrado una buena chamba. Entonces le dije a Miguel: “güey, terminando esta rola nos vamos al Doppler, ¿no?” Y Maiky respondió: “sí, ahuevo”. Pero Leonardo dijo: “nel, nel, yo mañana tengo que trabajar y así”. Y cuando empezamos a grabar fue así de: “¡Vámonos al Doppler carnal!” Ya sabes. Empecé a chingar. Todo el cuchicheo que se oye en mis rolas es casi siempre improvisado. A veces está más pensadito, pero es casi siempre improvisado porque se oye más chingón. Así se dio ese pedo.

Regresando a tu pregunta de los bares… pues el Doppler es uno; el Imperial es otro porque siempre es un buen lugar para tocar y para escuchar música, bandas nuevas. Había uno en Donceles al que íbamos mucho… —Franco se pone a pensar el nombre, pero no logra recordarlo— bueno: el Alicia es otro, lo que pasaba en el Ghuetto. Pero está muy loco, ¿sabes? Creo que ir a los bares es ir a buscar algo que no conoces; pero a eso vas, a ver qué te pasa. Entonces buscar ese misterio, o esa sorpresa. Está muy chido.

Escuchar a Tino el Pingüino es algo muy parecido a lo anterior. Sus álbumes guardan casi siempre un misterio, algo de suspense que intuye muy bien Navajas en la producción y en el ruido. Si no, escuchemos la curva que agarra Ego, Fui a comer, Regreso Pronto, con el track “Estado Delta”, o el Tu Anti héroe Favorito a partir de “El contexto es sólo un lapso”. El mismo EP de iniciación Todo fue un mal sueño es una colección de sorpresas —buenas, malas— de la niñez y adolescencia.

tino-2 foto  Carmen Cerón

Foto Carmen Cerón

Franco es como un niño grande, o como un grande niño. Tiene 27 años y es Acuario —el signo más viejo del zodiaco—. Maiky es un tipo serio por fuera, pero en la charla se le nota la dulzura interior. Tiene 28 años y es Libra, mi compadre.

Ambos se complementan de una manera misteriosa. Se les ve: no hay mucha diferencia de altura entre ambos, pero su cuerpo los define. Franco, alto, delgado, anda siempre ligero. Puede quitarse la playera, cambiarse la gorra con alguien del público, y andar como si nada; como si él mismo no se diera cuenta. Maiky, fuerte, más distante que su amigo, parece interesarse por todas las cosas con mucha atención, mientras que Franco parece sólo concentrarse en una. La amistad y el amor se les nota a kilómetros. Maiky tiene un aire de guardián. Franco de genio. Les pregunto cómo se llevan entre ellos, cuáles son los signos de su personalidad, ¿cómo reaccionan cuando el trabajo no sale?

—El pedo está en dejar las cosas fuera del estudio —dice Franco—. Sí nos peleamos, sí nos decimos; pero cuando entramos a grabar todo se queda afuera. Además Miguel es un tipo al que le gusta hablar; le gusta solucionar las cosas. Entonces, cuando algo pasa lo charlamos.

—Sí, y mira —continúa Maiky— Franco y yo nos queremos un chingo. En mi casa al güey lo adoran. Mi mamá, mi papá son así de “¿cuándo va a venir Franco?” Así que cuando nos peleamos y se nos sube la testosterona y nos decimos: “¡eres un pendejo, bla, bla, bla!”, se nos baja y es así de “ahora vamos a hablar”. Pero la clave, la raíz de todo, y creo es que por eso la magia del trabajo con Franco sigue intacta, es el respeto mutuo. Eso ha sido la clave: el respeto.

El concierto sigue y las chicas se alborotan. Franco entonces pide un aplauso para el hombre que está detrás de él, pero sosteniéndolo: “Por ahí de 2010, 2011, yo no sabía para dónde iba mi música, me sentía muy mal, ¡hasta que conocí a este cabrón!”. Señala a Maiky Navajas, todos aplauden y corean el nombre. Él sonríe y sigue, sin tomárselo muy en serio, la tonada. Franco añade a la ovación hasta que una vieja grita: “¡ya mámasela!”. A todos les cae bien la broma y Franco confiesa: “¿Sabes, mami, este güey es tan chingón que si pudiera ¡sí se la mamaba!”. Y dejan caer el beat de la siguiente rola.

II

—No mames, qué buena charla —dice Maiky— pero, espérenme, dejen voy a mear. Se para del sillón y se va. Me quedo con Franco.

—Güey —le pregunto—, cuéntame qué pedo con el personaje Tino.

Franco se soba la nariz y dice:

—Sí, mira, ya lo he dicho antes, yo estuve de agosto de 2004 a agosto de 2005 haciendo la prepa en Alemania. Fue un periodo difícil. Por aquella época una gran amiga, que se llama María Arguedas, me pasó el Mujeres de Bukowski, quien sigue siendo mi escritor favorito. Bien o mal Bukowski es un personaje icónico a nivel mundial, pero ¿sabes?, veo que a la fecha hay una lectura muy distinta de su obra de la que tuve yo. Realmente me marcó. La obra de Bukowski, mínimo sus seis novelas salvo la última, Pulp, las escribió narrando su vida desde que nació hasta que grabó la peli de Barfly. Bukowski creó a Henry Chinaski como su alter ego, pero como una figura que va muy de cerca con su vida. Lo de Tino es exactamente la misma cosa… fue algo que yo calqué.

Tino el Pingüino es un espacio para hablar de las cosas que he vivido —aquí Franco titubea un poco, después confiesa— porque he tenido una vida muy descontrolada; una vida llena de sorpresas. Muchas ojalá no me hubieran pasado. Pero así me lo he buscado. Tino el Pingüino es eso: un espacio en donde caben todas las cosas. Algunas que nunca han sucedido, pero que hacen la historia interesante; otras que han sido reales, presentadas todas con una bonita narrativa esperando que haya siempre gente interesada en escucharlas. Y en complementarlas, porque siempre hay dos polos: por un lado la música y por el otro el público que completa el trabajo. Pero, como te decía, la línea y el eje rector de Tino el Pingüino es la vida de Franco Genel.

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—Compas —les pregunto— el show de hoy fue para todas las edades. Hoy hubo muchos menores de edad. A unos que esperaban afuera con las chelas, incluso, se los iba a llevar la tira. ¿Han pensado ustedes este pedo de que quizá haya banda que agarre sus palabras y las use para mal? ¿Se han planteado el dilema de la responsabilidad como figuras públicas?

Franco iba a contestar, pero Maiky pide la palabra:

—Mira, güey, nosotros entendemos este pedo. Pero el discurso que traemos no es sanador. Nosotros no queremos ponernos en una actitud de “No Tomen, No Fumen”, porque la banda de todos lo hace. Nosotros no creamos esa situación. Y además también lo hacemos. No queremos caer en esa hipocresía. No queremos ser una cruz ni cargar placas morales. Preferimos, al contrario, un discurso abierto que hable de la juventud exactamente como la vivimos. Creo que por eso conectamos tan chido con la gente. Además… si te pones a pensar… ¿cuál es la forma más efectiva de anular algo negativo? La risa…

Franco toma la palabra:

—Mira, carnal, siempre que se usa el lenguaje hay que tener cuidado. Porque las palabras, la importancia de las palabras —hace énfasis con las manos, como si ahorcara las palabras, chillen putas, decía Paz— es muy cabrona. Se te meten a la cabeza. Entonces sabemos que hay un riesgo. Si supiéramos que alguien usa nuestra mierda para algo culero, nos sentiríamos muy mal. Pero créeme que lo nuestro habría sido sólo un granito dentro de todo el desierto que llevó a tal güey a hacer una chingadera. Hemos recibido tantas cosas tan positivas del público…

La charla se nos enfrasca, damos vueltas, citamos de repente a Borges, los dilemas de Marilyn Manson y la masacre de Columbine. Franco me ofrece un trago, le digo que no. Seguimos charlando, interviniendo aquí y allá, nadie sin decir nada pero a gusto. Alguien de pronto juega con un polvo en la mesa. Franco, raudo, se exalta.

—¡¿Es perico?!

No, dicen.

—¡Ay, güey! —se emociona Maiky— yo también pensé que era perico, qué chingón.

La mesa frente a nosotros está rodeada de vasos, latas de chela, de coca (cola), ceniza de tabaco volada por ahí y otras mierdas. Alguien pasa un porro. La jauría pingüinesca espera a que termine la entrevista. Entonces llegan las morras y se sientan. Saludan. Maiky se distrae y se arma el relajito. Pongo pausa a la grabación en mi celular. Llevamos media hora charlando. Me acerco a Franco que sigue concentrado a mi lado y le pregunto:

—Compa, cuéntame del concepto de tu merca y del método que tienes para ofrecerla. Hablo concretamente de las gorras y del DF.

—Mira, desde que le entré al hip hop tuve la fortuna de estar con gente como Zaque, quien me enseñó de manera muy informada lo que era este pedo. Y desde entonces yo ya tenía la onda de las gorras. Siempre, siempre, me encantó usarlas. Pero era como de: “güey, yo no me voy a poner una gorra de los halcones o los medias rojas. Yo nací en el DF, me crié en el DF, quiero una gorra que diga DF”. Y te voy a decir una cosa: ahora me tachan de oportunista y de que me adueño de la ciudad. Y yo soy de: “vato, si entonces hubiera habido una gorra que dijera DF yo la habría usado y la habría promocionado”. Pero no la había. Ahora dicen que sí; unos güeyes están ahí como ofendidos, que porque ellos ya la tenían desde hace como 13 años, pero eso yo no lo sabía.

Pero, bueno, al principio no fue algo que quisiéramos comercializar. Las primeras gorras que hicimos fueron dos prototipos, dos gorras flexi que me trajo mi exnovia de Alemania porque me gustaban mucho. Las fuimos a bordar a un mercado muy establecido que está por el metro Zapata. Y de ahí salió: las usamos en el primer video y la gente empezó a preguntar. Ahí topé que podríamos venderlas; le dije a mi novia, ¡vamos a hacerlo! Y cuando vimos que empezó a funcionar buscamos un inversionista y ahora ya son gorras muy chidas que vienen de Los Ángeles, las bordamos aquí y ya son un producto con calidad de importación. Respecto a lo de las campañas, es más bien rollo de mi ex novia, que es mi socia. Ella estudió Etnologías Europeas y Filosofía en la Universidad de Humboldt en Berlín. Se dio cuenta de lo que podían significar las gorras y le dio un sentido más antropológico. Sacó lo de las campañas y los embajadores. Estamos con eso, con las entrevistas, con ncontenido muy original que forma un perfil del capitalino. Y está muy chido, genera debate, información, porque tenemos a los artistas enfrente y les hacemos preguntas de su ciudad. El objetivo sigue siendo vender gorras; pero a la vez es más que una gorra, es una idea, un concepto de que somos orgullosamente mexa, y como en México hay muchos Méxicos, pues orgullosamente DF.

El concierto termina. Franco desnudo de la cintura para arriba. Maiky se seca la cara con una toalla. Se despiden del público. Bajan de la tarima y pasan frente a mí. Minutos después sale Maiky y me dice: “pásate”. Paso como al backstage improvisado de la Buchaca que invade los interiores de la Plaza Octagón. (Lugar en donde acontecieron algunas cosas bellas de mi infancia, como ir a comprar helados Bing o irme a cortar el cabello con las mujeres de las piernotas, o ir a Copy Plaza con mi padre). Me siento en el sillón rojo, saludo. Franco se distrae con algo y después nos saludamos. Se va y regresa Maiky. Me quedo con él y charlamos sobre música.

Debussy hacía cosas muy interesantes —Maiky está relajado, muy concentrado en lo que dice— pero al final su música está circunscrita a un período y a una forma de hacer las cosas. Luego te llega unos años después un madrazo como el blues y cambia todo. El hip hop como tal, güey, neta, es la cumbre de la música negra, la cumbre de la otra música. No fue el soul, no fue el funk, porque el contexto no lo permitió. Y el jazz… como quiera tiene casi un siglo… pero el hip hop tiene 35 años…

—Sí, a huevo —asiento con él—. Hace unos días platicaba con mi carnal de esto: el jazz tiene un siglo que se viene haciendo, pero en su momento también fue música de bares, de cabarets, de borrachos, música que muchos no querían. Ahora, después de un siglo, es la nueva música clásica. Ya se enseña en academias. Ya es una música culta. En unas décadas, cuando el hip hop cumpla sus 100 años, será la nueva música culta. Se va a enseñar hip hop en academias… ¿Te puedes imaginar?

Algo nos distrae, pero, sin decirlo, Maiky Navajas y yo estamos de acuerdo en que no la música electrónica, sino el hip hop, es la verdadera música del futuro. Franco viene llegando del fondo, ya con una playera que dice Tino el Pingüino en caracteres rojos. Se sienta en el sillón suspirando y me saluda. Doy play a la grabación y empieza la entrevista. Les pregunto antes que nada:

—Compas… ustedes allá afuera tiraron un pedo muy chido, hablaron sobre el placer de ser raros, de ser distintos, de la liberación de las energías del cuerpo, de cambiar la falsa percepción de que lo material es la única medida humana. Lo hicieron muy a su manera y estuvo muy bueno. Pero, díganme: ¿para ustedes qué significa ser artistas independientes?

Piensan la respuesta un instante. Luego Franco dice:

—Para mí la independencia es el único camino de hacer las cosas y de generar mi trabajo. Fue la manera que encontré de trabajar y de ser yo. La independencia me dio mi identidad, entonces es la única forma que conozco de ser y de trabajar.

Maiky añade:

—Mira, güey, la música independiente está marcando el nuevo paradigma. No, no lo está marcando: ¡es el nuevo paradigma! Hoy ya no necesitas un sello discográfico como tal. La tecnología lo ha transformado todo. Ahora puedes hacer tu trabajo y ofrecerlo al público y ellos te encuentran a ti, no al revés. Entonces la música independiente ofrece al público el placer de encontrarse con la música. Ante la corriente principal de la industria, la diversidad de la música independiente. Ante la masificación de este pinche mundo posmoderno, el individuo de la independencia. La independencia del artista es una identidad, y el trabajo que ofrece es precisamente esa identidad.

Después sigue la charla que he referido aquí desordenadamente. Al final de la entrevista me despido de ambos. Maiky, sereno y agradecido, me invita algún día a su estudio. Yo acepto la invitación. Me despido de Franco. Intercambiamos sonrisas, abrazos.

—Cámara, Lalito, chido y gracias por todo —me dice Franco.

Salgo del backstage. La Buchaca ya está vacía. Subo por la calle mojada. Reviso que todo venga en la mochila: mis audífonos, mi cartera, mis lentes… saco el celular para revisar que todo esté bien con la entrevista que he tenido con Tino y Maiky… ¿Qué? ¿20 minutos de grabación? ¡Pero si he charlado con ellos casi una hora! Doy play. ¡Que me lleve el garrote! Al pausar la grabación he perdido el primer archivo. Que se vaya a la mierda esta puta mierda. Me duele la cabeza. No he comido. Llego a casa. ¿Cómo le voy a hacer con esta crónica?

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