TODOS SOMOS MAD MAX

En uno de los más recientes episodios de Rick and Morty, la serie animada que ha sido toda una revelación geek de humor negro y fantasía gracias a sus referencias a la (contra)cultura pop de todos los tiempos, los protagonistas (un abuelo y su nieto, que son muy parecidos a la dupla de Volver al futuro) viajan a una dimensión que luce como un rotundo homenaje a los escenarios desoladores y apocalípticos del primer Mad Max, ese que en los ochenta peleaba a muerte por gasolina en un mundo casi en ruinas.

“Que divertido es vivir aventuras posapocalípticas” (o algo así) exclama uno de los distópicos personajes de Rick and Morty mientras le dispara en el rostro al mutante motorizado que lo persigue. Así pinta el futuro: salvajes en motocicletas sin esperanza, con un hongo atómico como paisaje y, quizá, los Rolling Stones de gira otra vez.

AHORA HABLEMOS DEL FUTURO

Cuando hablamos de futuro, invariablemente es caótico. Se nos da pensar lo peor. Y es que hace ya más de 17 años llegó el 2000 y no correspondía precisamente a ese panorama rimbombante que prometía la televisión y el cine de las décadas anteriores. Quizá por eso nos volvimos fatalistas.

Claro, tenemos iPhones y con una camarita podemos platicar como lo hacían en los cuentos de ciencia ficción de los ochenta los héroes; o quien esto escribe puede rehacer el texto tantas veces quiera sin desechar hojas de papel bond de la maquina de escribir. No, no tenemos unas patinetas voladoras, pero sí el sentimiento de que el presente es un eterno déjà vú que no se va escribiendo cada día, sino que ya estaba escrito, que minino ya tuvo que pasar inexorable una vez, para que los clarividentes y los profetas del apocalipsis pudieran visualizarlo.

El “No future” de Los Sex Pistols es otro de los elementos clave del diagrama que intenta explicar como cultura pop y futurismo, están unidos de manera irremediable desde que H.G. Wells tuvo la brillante idea de escribir La maquina del tiempo. Pero el futuro no es un lugar, el pasado tampoco. Tan solo podemos hacer especulaciones sobre el devenir y tener recuerdos del pasado, mismo que con tiempo se perderán o se volverán ambiguos… o que si no se registran parecerá que nunca existieron. “El futuro es hoy”, dice Café Tacvba en uno de sus canciones nuevas. Pero no, el futuro es mañana, señores. Y por eso nos da miedo… no por nada la próxima gira de St. Vincent se llama Fear the Future Tour.

Pero, insisto, ¿porqué casi siempre que nos imaginamos el futuro, este se vislumbra tan apocalíptico? Otra de las razones es que el cataclismo es una de las constantes en la ciencia ficción que hemos consumido desde que se acuñó el género. Y por eso, en nuestros pensamientos, la idea sobre el futuro está preconcebida por lo que los visionarios escritores y directores de cine plasmaron en la pantalla o en un cuento alguna vez.

OJALÁ NOS EQUIVOQUEMOS

Aunque parezca divertido que en un futuro formemos parte de la pandilla de drugos de Alex y la pasemos genial en un Korova Milk Bar… ojalá nos equivoquemos, ojalá Philip K. Dick se haya equivocado y no tengamos que ver los días de Perky Pat… ojalá que el futuro no sea como Futurama… ojalá que el futuro sea como el ayer, conjugación de tiempo que en realidad, es lo único que nos pertenece.

Lo cierto es que ya sea con ironía, como lo plasmó el seminal grupo español Aviador Dro hace décadas en su himno post-Chernobyl, “Nuclear sí (por supuesto)”, o literalmente en sentido fatalista como seguramente lo seguiremos viviendo en esas terribles películas de desastres ambientales en las que las olas o el planeta mismo se desquician, las cosas seguirán pintándose negras en el panorama de lo que pensamos del futuro.

¿Cómo prefieres que sea tu futuro? Y esto no es un comercial de Afores. Las opciones son ser devorado por unos zombis creados por un virus que se le salga de control a Enrique Peña Nieto en el último año de su sexenio, vivir en el cuerpo de un robot ensamblado en Tepito, ¿o qué tal convertido en Soylent Green?

Las ventas de 1984, la obra clave de George Orwell se dispararon a principio de 2017, cuando esta suerte de Mike McLintock (el personaje de la gran serie Veep) llamado Sean Spicer, que funge (claro) como secretario de prensa de Donald Trump, utilizó públicamente el término “hechos alternativos”, ya antes usado en la novela de Orwell sobre esa sociedad en la que el gobierno tiene el poder de insertar en el individuo dos creencias contradictorias en la mente simultáneamente, aceptando ambas (doble pensamiento). Sin duda, un acontecimiento muy revelador: ya vivimos en ese futuro del que nos previnieron.

¿Es que el apocalipsis ya sucedió?

HABLEMOS DE ZOMBIES

Hablemos de zombis, esos antipáticos devora cerebros que de sus orígenes haitianos se volvieron parte de la galería de monstruos clásicos, compartiendo camerino con momias, vampiros y demás entes. Ahora, su probable presencia forma parte del folclor y asumimos que podrían llegar a ser nuestros compañeros en esa imaginería apocalíptica.

Ya quedamos en que hemos superado (tristemente quizás) la etapa de soñar con coches voladores, departamento amueblados en marte y robots viviendo en armonía al estilo de Los Supersónicos. Parece más improbable que vivamos algo como la película Gatacca (1997) y su racismo disfrazado de ingeniería genética que bien puede ser el modelo para una nueva purga social o algo muy en el mood de la serie Black Mirror, que también nos advierte de manera alarmista sobre las consecuencias que estamos pagando por la modernidad.

La marca de la Bestia, las langostas del abismo que “Tenían caras como de seres humanos, y pelo como el de las mujeres; y sus dientes eran como los de los leones. Tenían escamas como corazas de hierro, y el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de combate cuando se lanzan a la batalla” y otros conceptos del Apocalipsis bíblico bien pueden corresponder a chips implantados y a… helicópteros o aviones de guerra, los cuales, desde la óptica de un profeta que viajó en el espacio-tiempo no se podría explicar de otra manera.

Si todo gira en ese sentido alegórico, las noticia es que efectivamente llevamos viviendo el apocalipsis desde hace muchos años y estamos tan ocupados subiendo las fotos a Instagram al respecto, que no nos hemos dado cuenta.

Este mundo donde “el duro trabajo físico, el cuidado del hogar y de los hijos, las mezquinas peleas entre vecinos, el cine, el fútbol, la cerveza y sobre todo, el juego llenaban su horizonte mental” ya lo había predicho el mencionado Orwell, pero el famoso Gran Hermano no era un tipo que todo lo ve, como un remedo de Dios; tampoco era la Big Sister Adela Micha. No, ese nunca bien ponderado Big Brother somos nosotros, que con nuestros teléfonos vigilamos en derredor a ver si alguien no le quiere dar el lugar a la anciana, a ver si algún tipo tiró un chicle o dijo algo políticamente incorrecto como asegurar que sería loable ir a orinar sobre la tumba de Marcelino Perelló.

En los ochenta había libros de teología y algunos de propaganda evangelista que hablaban de que el Anticristo ya estaba entre nosotros, y veían señales del apocalipsis por todos lados. Hoy, parece que el trance no será tan repentino, y muchos de quienes veían a la bestia por doquier hoy no creerían que existe  algo como King Jong-un en el mapamundi.

La Bestia ha sido señalada incluso de ser el huésped más visible de El Vaticano, lo cuál parecería lógico si pensamos que su fachada perfecta sería ese lugar que no es lo que aparenta ¿Entonces sí estamos viviendo en una sociedad posapocalíptica? No sé, hasta el momento ningún salvaje en motocicleta ha llegado a disputarme los últimos vestigios de gasolina. No, de eso el gobierno se encarga.

Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla

Alejandro Mancilla @nosoymoderno
Periodista obseso de la cultura y la in-cultura pop, originario de la región de Orizaba, Veracruz. Edita la revista Círculo Mixup y colabora en diversos medios como Marvin y Vanity Fair. Odia la nata; le han publicado una decena de cuentos cortos y le gustan la italo-disco, el post-punk y el pop naif.

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