Por Ivonne Reyes Chiquete / @Ave_Aura

Tengo un hijo de 16 años, Axel, al que le gusta el heavy metal, los videojuegos y coleccionar tarjetas de Yu-Gi-Oh!. Hace algunos días me dijo que quería ir a la exposición El París de Toulouse-Lautrec. Impresos y carteles del MoMA, en Bellas Artes. Era común que fuéramos juntos a museos, por tarea o por placer; pero recientemente prefiere hacer todo con sus amigos, así que acepté con gusto y quedamos en ir el siguiente domingo.

Llegamos a las 11 de la mañana. El acceso fue rápido. La muestra se encuentra alojada en las salas Justino Fernández y Paul Westheim, del primer piso del Palacio.

La primera obra que nos encontramos fue “Moulin Rouge La Goulue“, el primer cartel publicitario que diseñó Toulouse-Lautrec para anunciar uno de los shows del legendario cabaret Moulin Rouge en 1891. Esta litografía no formó parte de la exposición original en el MoMA, curada por Sarah Suzuki el año pasado; el museo la adquirió recientemente.

moulin rouge la goulue, touluse lautrec

Aristide Bruan dans son cabaret, 1893.

“Mira, la que estás bordando”, me dijo Axel. Se refería a un trabajo de punto de cruz que algún día concluiré. Llenar de taches de hilo esas áreas de un solo color es aburrido. Quizá quien inventó el término “monótono” (¡uf, diez mil taches amarillos y otros tantos negros!) lo hizo tras bordar estas piezas.

El París de Toulouse-Lautrec abarca más de 100 litografías, dibujos, óleos, videos y fotografías cuya intención, además de presentar la obra de Henri, es hablarnos sobre la vida de París en la Belle Époque, esos momentos de bonanza y tranquilidad que antecedieron a la Primera Guerra Mundial.

De niña solía escuchar frases como “eso no se hace”, “¿qué se dice?” y “en la mesa no se habla de eso”. Parecía que para todo momento había una única y correcta forma de actuar. A cada situación correspondía una inequívoca y adecuada respuesta: ésa que papá y mamá aprobaban con una sonrisa.

Aristide Bruant dans son cabaret 1893

Aristide Bruan dans son cabaret, 1893.

De verdad lo creía. Un Manual de Carreño para todo. Si tienes examen, estudias con anticipación. Si hay que hacer un trámite, llevas tus documentos en orden. Si tu tía bigotona quiere un beso, se lo das y te sientas en su sillón a ver a Jorge Saldaña porque es lo que quieren ver los adultos. Era una excepcional y angustiada niña de estrellita en la frente. Si en aquel momento hubiera presenciado un espíritu como el de Toulouse-Lautrec seguro lo habría rechazado. No era la forma correcta de actuar.

Toulouse-Lautrec decía: “¡Siempre escucho burdel! ¿Y qué? En ningún sitio me siento más en casa”. El pintor de la noche parisina acostumbraba trabajar con modelos que eran artistas de circo, prostitutas y bailarinas. Las resaltaba y hacía inconfundibles mediante algún rasgo, las enmarcaba en sus tareas cotidianas. “Ellas sí que vivían”.

Lautrec fue un artista visual más cercano a la publicidad que a la alta cultura. Afiches, programas de teatro, ilustraciones para revistas y libros componen la mayoría de su obra. Era apreciado y vivía de su trabajo, pero hubo momentos de fracaso, como cuando le pidieron hacer una serie erótica y él representó a las cortesanas en actitudes cotidianas, con una mirada íntima, amistosa, de confianza, muy lejana a la lascivia que hubiera vendido al por mayor aquellas litografías.

Reine de joie 1892

Reine de joie, 1892.

Hace algunos días Axel me hablaba del fenómeno de los youtubers. Me decía indignado que le parecía nefasto que incluyeran anuncios de productos en sus videos, que la mayoría de los contenidos eran muy pobres, y que ahora eran figuras mediáticas que reunían multitudes, y les pagaban por firmar, ni siquiera escribir, libros estúpidos. Que él nunca aceptaría vender su canal de Youtube. La obra de Toulouse-Lautrec me dio la oportunidad de hablar con él del asunto y hacerlo ver que cobrar por tu trabajo no es reprobable, que lo indigno es no estar orgulloso de lo que haces y que lo auténtico trasciende más allá de la comercialización.

Toulouse disfrutaba de la vida. Soy feo, pero la vida es hermosa, decía. Gustaba de la buena bebida y comida. Ilustró su propio libro de recetas, algunas imposibles y divertidas. Cuando Edmond de Goncourt, autor de la novela La fille Élisa (1877), descartó la propuesta de Toulouse para una nueva edición de la obra, el pintor dibujó su propio ejemplar. Fue el cronista gráfico de la vida nocturna de París. De los personajes que la habitaban: Jane Avril, Yvette Guilbert, Louise Weber, May Milton y Mary Hamilton.

Cuando estuvimos frente a la litografía “La Troupe de Mademoiselle Églantine” Axel me dijo:

—Por esto quería venir. Quería ver esto a centímetros de mí.

—¿Ya la conocías? —le pregunté.

—Claro. Aparece en un capítulo de Bob Esponja, pero las mujeres tienen cabeza de pescado —completó extasiado.

la troupe de mademoiselle eglantine 1896

La Troupe de mademoiselle Églantine, 1896.

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Divan Japonais, 1893.

Toulouse-Lautrec apreciaba el arte japonés, tomó algunos elementos para enriquecer su propia estética, incluso su firma era un monograma. Adoraba la técnica de la litografía, experimentó con ella, se apasionó y la renovó. El cartel, no hay nada más, decía. Era un potente observador, solo con algunos trazos mostraba un panorama, daba movimiento, incluía emociones.

Al salir del Palacio me sorprendió el sol potente, casi me esperaba la bruma parisina, y tenía ganas de bailar can-can. Mientras íbamos hacia el Seven-Eleven por una botella de agua, y yo me preguntaba si debía sacar el bloqueador solar y untárselo a Axel en cualquier asomo de su piel, o por hoy ser irresponsable y rebelde y dejarlo en paz, él me dijo:

—Mira, a él lo conozco —y me señaló a un hombre sucio, de ropas desgarradas y cabello apelmazado—. Vamos con él, te vas a divertir.

El hombre resultó ser un cubano que vende libros de poesía, y recita versos por alguna moneda, al que Axel conocía por videos en la red. Histriónico, como suelen ser los cubanos: se flexiona, grita, brinca, te da la razón con aspavientos o te pendejea con gusto. Capté el asunto, y con preguntas y chistes lo provocaba a seguir, mientras Axel reía y grababa. ¿Fue lo correcto? Mi mamá diría que no. Burlarnos de un ser humano no está bien. Pero Axel tenía razón, fue divertido. Para los tres. Entonces fue lo correcto, ¿verdad, Monsieur Toulouse?

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La loge au mascaron doré, 1894.


El París de Toulouse-Lautrec. Impresos y carteles del MoMA se exhibe hasta el 27 de noviembre de 2016 en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Los detalles están por ACÁ en el sitio oficial del recinto.

Editor Yaconic

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Revista de arte y cultura

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