Por Lorena Ortiz

“Llego un momento en que los doctores y especialistas terminaron por hartarlo. ¿Qué sabían ellos de lo que en verdad podía sentir? El dolor ajeno es una mera suposición”. Así comienza “Trátame suavemente”, el cuento que da título al libro más reciente de Juan Carlos Hidalgo. Se trata de una compilación de relatos con mucho rock entre sus páginas, donde la nostalgia por las canciones tristes siempre está presente.

El periodista Arturo J. Flores lo dice en una de sus columnas: “Un escritor no puede ocultar cuando es melómano”. Este es el caso de Juan Carlos que nos lleva en un viaje musical por ciudades como Santiago, Lima, Buenos Aires y Madrid, una especie de road stories, donde los personajes pueden ser músicos, periodistas, dueños de un bar o jóvenes con algún padecimiento físico.

juan carlos hidalgo

Juan Carlos Hidalgo.

Además de la música, su pasión por el fútbol se hace presente en esta entrega.  Con este libro, Juan Carlos pasea suavemente con sus lectores entre un género y otro, del cuento a la poesía, de la anécdota a la  posible crónica, al compás de una rockola que suena y sabe a canción triste.

Conversamos con el también autor de Satán rechazó mi alma (Nitro/Press, 2016) para conocer cómo enhebró los elementos y de qué manera está presente una canción de Los Encargados, que compuso Daniel Melero pero que se le atribuye a Gustavo Cerati. La misión es desvelar que subyace en la ficción.

¿Cómo fue el proceso para escribir Trátame suavemente, en el que intercalas el cuento con la poesía y la crónica? ¿Fue complicado integrar distintos formatos en un mismo libro?

Mi proceso consiste en mezclar ficción con fragmentos de realidad en ciertos momentos muy acotada. La relación que pudieran tener los cuentos con la crónica tiene que ver con el subtítulo de Tiempo transcurrido (1986), de Juan Villoro, a cuyos textos considero crónicas imaginarias.

Lo que yo hago es partir desde la música; ya sea el título de una canción, una letra o un artista. Aunque investigo y recopilo retazos de realidad, la gran mayoría se instala en la ficción. Por ejemplo, en Santiago de Chile solo he estado en el Aeropuerto y sin embargo me introduzco al barrio en el que creció Gepe y algunos otros lugares del centro y el estadio Nacional. Jamás he excursionado en la Amazonía ecuatoriana pero me atrevo a poner a mi personaje a viajar en Ayahuasca en compañía de Nicola Cruz.

Me interesan mucho las road novels y los libros de viaje, será por eso que parece que coqueteo con la crónica. Cuando me preguntan sobre el balance entre realidad y ficción en lo que hago me gusta remontarme al título de una renombrada novela de Daniel Sada: Porque parece mentira la verdad nunca se sabe (1999). También suelo nombrar el trabajo del catalán Enrique Vila Matas, quien entrevera las cosas de tal manera que crea una dimensión; ahí donde él saca sus obsesiones librescas y literarias a mí me aflora la pasión melómana y las vidas de los músicos desde una realidad alterna o el pretexto de que una enorme canción o una línea detone una historia propia e independiente.  

En este libro veo una exploración del lenguaje. Hace unos días en una entrevista que le hicieron a Guillermo Fadanelli, decía que la literatura no era para contar historias, sino para explorar el lenguaje. ¿Estás de acuerdo?

Admiro muchísimo a Guillermo amigo desde hace años; es curioso tal apunte cuando Al final del periférico, su novela más reciente, se centra en una historia familiar como tal, aunque le sirve para recuperar frases, marcas y maneras de época. Yo diría que enfrentar toda creación literaria lleva consigo explorar y jugar con el lenguaje.

Es importante cuidar varios aspectos, porque hay quienes apuntan acerca de la importancia de la estructura de los textos; otros señalan lo fundamental que resulta hallar el tono antes que la anécdota. Pero actualmente existen muchos escritores pretenciosos que se regodean en una prosa densa e incomprensible que les permite hacerse pasar por cultos e inteligentes y que está totalmente hueca y no contiene nada.

Varios autores norteamericanos, como DeLillo, Pynchon, McCarthy, Palahniuk, Gifford, nos han dejado ver que se puede ser arriesgado en el manejo del lenguaje sin dejar de lado que se está contando una historia. Me parece importante evitar esa palabrería grandilocuente y tener bien enfocado lo que se va a contar. Habría que aprender a danzar hábilmente sobre dos filos.

Desde que vemos la portada pensamos en la canción de Los Encargados, también cantada por Cerati. La historia que cuentas de este chico con la piel tan delicada me hizo recordar, La piel que habito pero en versión futurista. ¿Tiene algo que ver con tu relato? ¿Te acercas al cine como fuente de inspiración?

Comencé leyendo por puro placer y sin un objetivo específico. Durante la Universidad estudié cine y entonces el acercamiento a los libros era para analizar sus posibilidades cinematográficas. En algún moment mi vida tomó otros rumbos y me distancié de las filmaciones pero programé durante años un cine-club. Como tenía claro que no haría en el corto plazo una película, inicié con mis primeros escarceos con la narrativa, pero siempre muy influido por el cine, por la fuerza de sus imágenes, su sentido del ritmo, también esencial en la música.

Las grandes pasiones se convierten en enormes detonantes de la parte creativa; uno puede aferrarse a lo que conoce y ama para encaminar su trabajo. Pedro Almodóvar fue uno de los directores que más me interesó sobre todo la primera parte de su obra. En la universidad abundaban los fans radicales de Tarkovsky y un cineasta como el manchego causaba resquemor. Sigo siendo fan de La movida madrileña y todo lo relacionado con ella también me ha influido. Pero he de reconocer que el  cuento que da título al libro no se relaciona con aquella película sino que partió de que para un enfermo de un extraño padecimiento la canción podía convertirse en un leit motiv existencial; se trata de alguien que suelta esa frase esperando obtener un gesto esperanzador.

Lo que en un principio parece un relato costumbrista, vertebrado por el tema musical, tiene una parte final psicodélica. Es interesante vincular cosas que parecen muy divergentes; hasta toca el nexo de música y neurociencia.

tratame suavemente

Música, literatura y futbol son temas que podemos apreciar a la perfección en “La culpa es de Gaizka Mendieta”. En este relato se puede sentir también tu pasión por el deporte. ¿Qué llegó primero a tu vida música, literatura o futbol? ¿Si tuvieras que elegir uno con cuál te quedarías?

A bote pronto me parece que el futbol: crecí de la mano de figuras como Borja y Reinoso, y posteriormente del “Ruso” Brailovsky, Eduardo Bacas y “Batata”. Primero surge la querencia local (acotando que durante largo tiempo el Pachuca permaneció en segunda y luego anduvo de ida y vuelta) y ya después uno se regodea con las ligas internacionales y la gran fiesta de los mundiales.

Desde muy chico arranqué con los cómics (debido a que abundaba material porque mi familia materna tenía autobuses de pasajeros) y de ahí a enciclopedias como El tesoro de la juventud y el Quillet. Pasé por un montón de clásicos ilustrados y versiones resumidas antes de saltar a los libros en forma de Emilio Salgari, Verne y autores así. Durante la adolescencia pasé del boom latinoamericano a la Literatura de la Onda y ahí se reveló un universo estimulante. Marché hacia la contracultura y los beatniks. Más tarde me convertí en un entusiasta devorador de todo tipo de géneros tratando de tener una visión panorámica.

Aunque tengo que apuntar que desde niño me enloqueció el rock y en una ocasión en vez de pedir juguetes a los Reyes Magos opté por discos. En aquel entonces también había gente que vendía a domicilio y pues insistía para que me compraran novedades.

Durante la secundaria me daban dinero para ir a los entrenamientos de futbol en camión urbano y yo prefería irme caminando para ahorrar ese dinero y en su lugar pasar por discos sencillos. Se trata de una terna de la que es muy difícil desprenderse; tan es así que no podría ofrecer una respuesta sincera. Dejo en las manos del destino el tener que alejarme de alguna de estas pasiones.

En “La culpa es de Gaizka Mendieta” haces referencia a  “Un buen día” de Los Planetas. ¿Cómo sería un buen día para Juan Carlos Hidalgo?

Hace unos días leía una entrevista con la argentina Mariana Enriquez en la que decía que no puede creer que existan escritores que no leen; puede haberlos en rarísimas excepciones.  

Siempre imaginé que sería maravilloso encontrar un empleo en el que te pagaran por leer. Se trata de una actividad maravillosa llena de intensidad y vértigo. No puedo imaginar otra forma de “una estupenda mañana”.

Si a ello sumamos que cada día aparecen discos interesantes que recién se han conseguido, el plan matutino se magnifica. Casi todos los días mantengo la pesquisa de novedades discográficas con las que acompaño la lectura y estoy convencido de que influye en ella. El estilo de música permea en ese momento específico ante el libro.

El cuadro se completa con que soy de los que escriben por la mañana. Prefiero levantarme temprano, poner el volumen muy alto y volcarme sobre el texto de turno. Recién me levanto ya tengo ideas que llevar a la historia en desarrollo; se trata de un momento muy productivo. Ya luego vienen los compromisos de trabajo y las cosas van tomando otro rumbo. De cualquier manera, en la oficina me doy mis mañas para escribir mientras escucho radio de diversas partes del mundo para sondear sus propuestas. Se trata de un proceso creativo que se funde con la vida misma. Todo el tiempo voy descubriendo materiales que me interesan para utilizar posteriormente.

En un buen día prefiero largas sesiones de lectura y escucha; prefiero álbumes y libros al contacto de personas hostiles y de dudosa inteligencia. Es mejor permanecer en el refugio.

Varios de tus relatos se sitúan o hacen referencia a ciudades como Santiago, Buenos Aires, Madrid, Lima. En “Pasajera en Trance” la chica española viaja para vivir. ¿Qué importancia tienen los viajes en tu literatura? ¿Estar en otro país te ayuda a crear personajes? ¿A desarrollar ciertas historias?

En esa tremenda canción Charly García suelta: “El amor es como vivir en aeropuertos”. Los viajes siempre serán una fuente inagotable de inspiración. Además, vivimos en un momento en que estamos conectados con el planeta de muchas maneras; se tiene una perspectiva global aunque uno se mueva en las distancias cortas.

La  escritura de ficción no solo permite asomarse a otras vidas sino también a otras geografías. Las ciudades son entidades fascinantes para explorar. Viajar, física o mentalmente, expande la experiencia sensible y lo que podemos conocer y aprehender del mundo. Siempre es tentador experimentar distintas vidas y realidades, ubicarse en diversos escenarios.

Cuando viajo trato de respetar cada momento y no le agrego de inmediato algún tinte literario. Al regresar y dejando que los acontecimiento se decanten entonces puedo entrever lo que es susceptible de convertirse en material de escritura.

¿Qué opinas de este México conmocionado? ¿Hay algo que se pueda hacer desde la literatura, la música, o por qué no, desde el fútbol?

Suelo afirmar que el compromiso social y político se concentra en la propia obra responsabilidad prioritaria de los artistas, pero también voy una y otra vez hacia lo que nos enseñó Sergio González Rodríguez, en el entendido de que al arte es una manera de hacerle frente a la barbarie. Se trata pues de un entramado muy complejo en el que parece que el ejercicio de la cultura poco puede hacer para contribuir al cambio del tan demacrado estado de las cosas.

No queda sino intentar mejorar en lo posible el llamado “metro cuadrado” en el que nos desenvolvemos y no pretender erigirse como un iluminado o un opinador de cualquier tema. Sería romántico pretender que una canción o un cuento incurran directamente sobre la llamada realidad, pero si se trata de una entidad simbólica que es importante para quien la consume.

Siempre habrá un estira y afloja entre creer que la suerte está echada y la fuerza liberadora y transformadora del arte. Cada persona decide la manera en que se involucra con la vida pública y la realidad. Aun con lo golpeado que se encuentra, pero por fortuna el periodismo es también otra trinchera con la que cuento para seguir peleando a la contra (parafraseando al querido Buk).

Por último, te hago la pregunta que tú mismo te haces en el último relato: ¿existe realmente un lugar llamado Canciones tristes o es puro invento?

Voy nutriendo mis textos de muchas referencias tomadas de distintas fuentes y disciplinas. Esa es parte de una especie de homenaje al escritor argentino Rodrigo Fresán, que me gusta mucho. En algunos de sus libros aparecen lugares que tienen nombres inverosímiles pero que existen. Es un pequeño guiño a su obra y con mi total admiración. Ese pueblo que parece inventado se localiza en Argentina… o eso creo, ja,ja,ja,ja,ja.


Trátame suavemente se presentará el lunes 28 de agosto de 2017 en el marco de la Feria Universitaria del Libro. Checa por ACÁ todos los detalles. 

Editor Yaconic

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