Ilustraciones: Alex Xavier Aceves Bernal

Antonio Calera-Grobet es escritor, poeta, editor y promotor cultural. Desde 2015 dirige el bar-hostería “La bota” y es director de Mantarraya Ediciones. Entre sus libros se encuentran el poemario Yendo (Cuadrivio, 2014), la novela Zopencos (Ficticia, 2013) y la colección Carajo. Personas, animales y cosas en el fin del mundo (Aldvs, 2012). Hace algunas semanas nos envió estos tres poemas; los publicamos y le damos la bienvenida a esta revista.

***

VEN

Ven

Ven

(Ya los dientes en su lugar, el hueco al pecho, la columna vertebral destacada en su lugar,

las férulas y las escayolas en su lugar. Todo en orden: nos haremos de un nombre).

*No más un trozo de carne que reclama un costillar, un terremoto en crío que tema perderse en los muslos blancos bajo los vestidos. No más. *No más  un zapato de cuero que tema regalarse en un cuerpo: el más magnánimo de los cetros.

(Porque hemos venido a tumbarnos sobre este terraplén,

entre los restos de escaramuzas de viejas guerras,

a escupirnos con sobrada razón, míralo bien,

sobre toda nuestra cara de vergüenza.)

*Y es que somos un vaso de nada aún y agua nueva nos acercamos. Y tierra. Ser pica y ser coa. Recobrar el hambre de llamados al taller de fuego: andar por otras veredas, irradiar verbo apenas atisbado el cielo abierto.  *Y ni con el glauco en los ojos cejaremos. Ni llegados los hasta aquí, ni agotadas por entero las existencias cederemos el paso: ni un palmo de terreno en lo nuestro y por eso:

(Ya los dientes en su lugar, el hueco al pecho, la columna vertebral destacada en su lugar,

las férulas y las escayolas en su lugar. Todo en orden: al fin nos convertiremos en hombres).

*Ser de nuevo la fuerza de la sangre: esa ilustrísima fregona, no más licenciados que se truenan cual vidrieras, no más marea de moscas en su siniestro castillo de moronga: de nuevo de buena madera, carne de eras.

*Ser armón en el arte de la fuga, atado de yerbabuena, turba, marabunta, puro caldo de verbena.

*Ser cencerros que repiquen en los cerros reverdecidos, despacho de entendimientos, humeantes escritorios en bellas fincas guarecidos.

*Dar con hilo y aguja, a remendarnos los pellejos, hacernos de tela dónde cortar, pese a las tirrias y trampas en la Casa de los Espejos.

*Ser más pica, más pala, más coa., más tierra: hasta encajar el brocal continuar en la brega. Ni pena, ni miedo, un día tras otro, hasta tragarnos la agenda entera:

SER OJO QUE SE CLAVA EN OJAL, MIRADA PUESTA EN LA VEREDA,

EN EL BELLO PAISAJE QUE ABRE EL VENTANAL,

DE TRAMA MÁS LIMPIA, DE COSA MÁS CIERTA.

DE NUEVO UN ALCE

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De nuevo un alce

TÚ, QUE PUEDES, MIRA COMO ME SALE SANGRE DE LOS OJOS.

SANGRE: porque nacidos guijarros (guijarros que fueron sacos, que fueron montículos, que fueron continentes y se hicieron nosotros), no somos, ahora, más que payasos.

SANGRE: porque nacidos pelícanos (pelícanos que se tajaron y dieron de comer a otros pelícanos, que se tajaron y dieron de comer a pelícanos que se atragantaron y vomitaron sobre los otros), no somos, ahora, más que badajos.

SANGRE: porque nacidos de noches cerradas como ésta, ni los llanos húmedos, ni las aguas de los ríos a través de los bosques sosegados, pueden abrirle la tráquea, el pecho, dar aire a uno, aquí, arrojado a las postrimerías del mundo.

SANGRE: porque entumecidos, nos sabemos ordinarias bateas de sopa al centro de una mesa, sola y fría.

SANGRE arracimada pues, en moluscos tibios. Eso: moluscos tibios sobre el mantel de la tiricia.

[¿En espera de qué, según quién? ¿Un tiempo, una época, una era entera?] [¿Para abrir los ojos a misma cimbra de la obra negra?]

NO:

Habría en vez que hablar desde otros cerros, las más apartadas esferas, ese majestuoso concierto que va, desde el mismo suelo que lame nuestros zapatos hasta la pesca astral de nuevos credos y lleva por nombre, la callada música de los planetas. Por esto te escribo, mi amigo viajero.

Porque aún quedan cosas por decir, cosas que deberás pulir aunque te sientas vino viejo.

Por eso es que te digo:

PULE. Aunque no halles siempre cómo: PULE.

PULE hasta tu osamenta, deja cada hueso limpio y duro de roer: PULE.

PULE porque pulir urge. PULE.

Porque hay que cantar de nuevo no como majaretas

sino ciudadanos arrojados a la mera vida, no más como meros poetas

HASTA TU SANGRE:

P U L E.

SANGRE, porque si bien nacimos abejas, no interesa ya la labor alguna, sea de un zángano o de su reina, ni siquiera el magno espíritu de la colmena: valemos cada vez menos por lo que somos, agua, y cada vez más por lo que seremos: piedras.

SANGRE, digo, en los tepalcates arrumbados en los traspatios, los floreros anegados, acendrada en las más tristes cubetas de geranios, en todo aquello por lo que no brindamos.

=SANGRE POR LA QUE HABRÁ QUE PLANTARSE Y AFERRARSE=

=SANGRE DE DONDE BROTARÁ ORGULLOSA EL HAMBRE=

*

Pero ello, mi viajero amigo, llegada a ti la negra noche, te digo.

Haz que tu horda sea de salvajes. Rodéate de los que tengan hambre.

No de carne = de camino.

Y cuando te hayas perdido para: alza en tu mente una morada,

prende fuego ahí a todos tus calderos, hazte de nuevo de tus pensamientos

hasta bien entrada el alba:

Ahí frente al espejo de ti mismo, de nuevo cantarás:

“SANGRE:

“SI TÚ HACES DE MAR Y YO DE TRAJINERA, NO HABRÁ ZOZOBRA NI HIENAS.

ESTE QUE VES ES AL QUE OFREZCO, SUS VÍSCERAS, LO QUE LLEVA POR DENTRO.

MÍRATE: NO SERÁS MÁS UN MOJÓN EN DONOSTIA, UN PEDAZO DE TEJA:

SERÁS DE NUEVO UN HERMOSO ALCE INAMCULADO:

LA MÁS MAGNÍFICA DE LAS BESTIAS”.

NADA SALVO PROLONGAR

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Nada salvo prolongar

 

Tú eres de los que canta, esas burdas alusiones al amor. Lo tuyo, que es lo mío y cuidas, es cantar hasta la oda al cloro. Dejarse llevar por el tuétano de las horas diáfanas, así nos encontremos como edificios derruidos, oficinas diametralmente opuestas, refundidos en las sala de espera por un eucalipto, un pedazo del otro. Y es que no queremos otra cosa que hablar, brindar por la palabra “cadmio” y las azucenas, sobre este muladar de pan rancio y letrinas, volver a las colmenas: nada salvo prolongar. Tú eres de los que canta, otras burdas alusiones al amor. Pese al miedo, pese al pasado, pese al dolor. Y por eso lo tuyo, que es lo mío y me cuidas, es dejarse llevar por las calles del centro, de nosotros mismos, y decirnos, preguntarnos: “Si de cada poema que cantamos naciera un mundo: ¿en este al fin valdremos lo que sembramos?”.

 

YACONIC

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