Por Daniel Herrera / @puratolvanera

La amenaza fue muy clara: “si él me toca, lo mataré, te juro que le dispararé”. Y así fue: el 1 de abril de 1984 el padre de Marvin Gaye entró en el cuarto de su hijo mayor y lo hizo dos veces.

Fue el final de una enfermiza relación: el padre de Marvin golpeaba una vez sí y otra también a su hijo cuando éste era pequeño. Y pensar que decía ser un representante de Dios, porque el reverendo Marvin Gay padre (así, sin “e” al final; la letra sería agregada por Marvin a su apellido en homenaje a su estrella favorita, Sam Cooke), era el dirigente de una extraña iglesia en la que se combinaba cristianismo con judaísmo. Marvin padre manejaba un doble discurso. Por un lado rechazaba la violencia hacia los negros; pero al mismo tiempo amenazaba a sus hijos: si alguno le levantaba la mano él se ocuparía personalmente de acabar con ellos.

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El pequeño Marvin Gaye.

Cuando comencé a escribir este perfil pensé iniciarlo con la demanda millonaria que los herederos de Marvin Gaye ganaron contra Pharrell Williams y Robin Thicke en 2013. Estos últimos, de alguna manera, plagiaron la canción “Got To Give It Up” al componer “Blurred Lines”. La discusión se prolongó durante todo el año. Muchos afirman que tal plagio no existe. Pero, más allá de buscar las coincidencias armónicas o rítmicas entre las dos canciones, el escándalo logró que la música de Gaye sonara en muchos audífonos de nuevo. Las ventas del sencillo se duplicaron en un mes. Pase lo que pase con la demanda perdida, que Pharrell y Robin apelaron de inmediato, los herederos del cantante se embolsaron varios miles de dólares.

Sirva este preámbulo para explicar que la música de Marvin Gaye siempre regresa porque apela a tres instintos humanos básicos: la sexualidad, la diversión y la esperanza. Con esta triada el cantante no solo se hizo millonario, también trascendió el mundo del pop hasta quedar arraigado en la conciencia colectiva musical de Occidente. Es probable que todos hayamos escuchado alguna canción de Marvin en algún momento de nuestras vidas.

Como dije, la vida de Gaye estuvo marcada por las golpizas de su padre. Fue por esto que decidió refugiarse en la música. Cantaba en la iglesia para satisfacer de alguna manera al predicador, quien nunca entendió el espíritu libre que anidaba en su hijo. “Tú no eres mío, Marvin, tú no tienes nada mío”, le decía.

Por eso Marvin cantaba en la iglesia. ¡Y cómo lo hacía! Su rango era impresionante: tres octavas, nada más. Pero también era un excelente pianista y además tocaba la batería. Pronto dejó atrás la música religiosa y se internó en el ritmo que todo negro joven que vivía en los cincuenta (Marvin había nacido el 2 de abril de 1939) tenía que escuchar: el rhythm and blues, aunque nunca lo hizo frente a su padre hasta que regresó de la fuerza aérea a los 18 años de edad.

MOTOWN, LOS INICIOS

Marvin comenzó a tocar como músico de sesión para Motown, pero su atractivo físico y carisma le permitieron llamar la atención de Berry Gordy, mandamás de la empresa y, además, casarse con Anna, la hermana del empresario y exboxeador. Marvin pasó del anonimato a ser el príncipe de la disquera más importante del momento.

No era para menos: Tamla Motown era en ese momento la casa disquera que gobernaba las listas de popularidad. Fundada en Detroit en enero de 1959, el sello comenzó con pasos débiles y temblorosos en la industria de la música; pero pronto la pequeña casa ubicada en la capital de Michigan y apodada “Hitsville USA” se convirtió en el centro fundamental del pop de principios de los sesenta. Su influencia quizá se deba a que producían éxitos como en una fábrica; uno tras otro, los hits salían de ese edificio directo a las estaciones de radio. Y como todo, aquello no duró demasiado, pero dejó una herencia de música festiva y alegre que se puede escuchar en cualquier reunión; sonidos que nos recuerdan que todo estará bien, aunque el mundo se caiga a pedazos.

Gordy decidió que Marvin necesitaba una compañera y lo puso a dueto con Tammi Terrell. Por tres años, la pareja grabó múltiples éxitos, como la pieza “Ain’t No Mountain High Enough”, y viajó por Estados Unidos en largas giras. La relación pronto derivó en un amorío inocente y Marvin encontró una compañera ideal, de quien estuvo enamorado toda la vida.

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Para sacudirse de a poco el dulce mazo intolerante de Berry, Marvin lanzó en solitario su verdadero primer éxito: “I Heard It Through The Grapevine”, una canción de desamor grabada previamente por Smokey Robinson, pero que se mantuvo en las listas de éxito por siete semanas gracias a la versión de Marvin. La pieza tiene un sonido lúgubre, aunque sea un soul; la voz de Marvin transmite paranoia; explica que su mujer lo ha engañado de la manera más vil, solo para lastimarlo. Lo peor de todo es que se ha enterado a través de los rumores, del chisme.  Y este golpe lo tiene devastado.

En la vida real Marvin estaba en el peor momento de su matrimonio. Perseguía a su mujer y se presentaba en distintos moteles de la ciudad para confirmar si lo engañaba. Toda esa demencia se la disparaba al público cada vez que interpretaba aquella canción. El divorcio no tardó en llegar.

Pero el golpe que realmente lo dejó en el suelo fue la muerte por cáncer cerebral de Tammi. La enfermedad era tan grave que la cantante cayó desmayada en el mismo escenario, en los brazos de su enamorado, el 14 de octubre del 1967. Hacia marzo del 70 el cáncer ya había hecho estragos: Tammi murió a los 24 años y Marvin se hundió en una severa depresión durante varios meses. Escondido en su casa, usando solo pijamas, comenzó a levantarse para observar el mundo.

LA ESPERANZA

Las pláticas con su hermano Frankie, quien recién había vuelto de Vietnam, el horror de la guerra, la contaminación del planeta, las revueltas raciales en distintas ciudades norteamericanas, los levantamientos estudiantiles y los niños huérfanos llevaron a Marvin a componer uno de los discos más importantes de la historia del soul eléctrico en 1971. ¿Quién dijo que los problemas del mundo no fueron buenos para algo?

What’s Going On es uno de los discos más políticos del soul aunque no está lleno de odio ni coraje; más bien intenta darle esperanza al mundo. En la portada, Marvin, con una chamarra que le cubre el cuello de la lluvia, parece ligeramente indignado, a punto de explicarnos que cuando mira el mundo se llena de dolor, y que hay que salvar a los niños que sufrirán hoy y también mañana.

El viraje no fue muy bien recibido por Gordy. Éste dijo a Marvin que la canción abridora, “What’s Going On”, era la peor cosa que había escuchado en su vida. Pero después de una amenaza de huelga por parte de Marvin, el álbum salió a la venta y se convirtió en algo que quizá ni siquiera el propio Marvin había previsto.

What’s Going On fue concebido para escucharse completo, no tanto por sencillos. Casi no hay pausas entre track y track; cada canción fluye a la siguiente, unida, ya sea por el coro, algún teclado o la misma voz de Marvin. Cada una de ellas aborda los temas más importantes para el cantante en ese momento. Por ejemplo,“What’s Happening Brother”, la segunda pieza, nació de las largas pláticas que tuvo con su hermano sobre la guerra. Después está “Save The Children”, así, tal cual. Marvin comienza, sin cantar, preguntando si a alguien le importa en el mundo lo que sucede, y él mismo se responde cantando con su suave voz tenor.

Este disco no solo le dio una anhelada libertad económica y musical, sino también lo convirtió en el nuevo popstar activista. Ahora, además de llevar felicidad a su público, les demostraba a los blancos que los negros no sólo podían pensar, sino que además tenían todo el derecho a preocuparse por el mundo y su propia historia. Con la contradicción que esto conlleva, Marvin fue una de las primeras estrellas del pop que, a pesar de estar allá, lejana e intocable, se unía a su público común y corriente para resolver los problemas que afectan a todos.

LA SEXUALIDAD, LA DIVERSIÓN

El dinero que Marvin consiguió con la proyección ganada le permitió mudarse a California, un excitante paraíso de las drogas. Pero antes de las adicciones, el comportamiento errático, del disco Here, My Dear —que Marvin grabó en 1978 para molestar a su ex esposa y pagar las deudas del divorcio—, y antes de la larga temporada en Bélgica para recuperarse de esa vida que lo había machacado todos los días, existió, en 1973, su último gran disco: Let’s Get It On. De ahí en adelante todo sería despeñarse a la decadencia.

Let’s Get It On comenzó como una continuación ideológica de What’s Going On y terminó como una terapia sexual que ayudó a Marvin a superar el maltrato físico al que fue sometido por su padre durante la infancia.

Aquellos golpes habían derivado en un gusto por el sadomasoquismo en la vida adulta, y en una ineptitud sexual que lo persiguió desde la juventud. Con Let’s Get It On Marvin no solo luchó contra ese trauma, el disco además lo catapultó a la fama como un símbolo sexual.

Solo hay que escuchar la pieza que le da título. La guitarra suave y discreta que abre la canción y luego la voz reconfortante de Marvin nos invita a amar. Lejos quedaron las preocupaciones sociales o la paranoia del amante desvalido. Ésta es una invitación para irse a la cama. No se trata sólo de coger, sino de amar, amar y coger. Ese Marvin podía enamorar a quien sea y así lo cantaba. La intensidad de la canción pasa del soul al funk justo cuando Marvin le dice a la amante en turno: “vamos, vamos, vamos, vamos, ya no te hagas la que no te gusta”. Para regresar al soul inicial. “Vamos, pongamos manos a la obra, nena”. Una obra maestra, sin duda.

El resto de Let’s Get It On no mantiene la calidad de la canción abridora. Algunas canciones sobresalen, por ejemplo “Keep Gettin’ It On” o “Come Get To This”, y después cae en cierta monotonía. Sobre todo la segunda parte, en la que Marvin continúa empujando todo con su voz, pero la calidad de las canciones no dan para más. El disco cierra con una lenta pieza que desea expresar las nuevas preocupaciones menos serias de Marvin; pero tiene uno que estar en medio de un enamoramiento cursi, como él estuvo por su novia de 17 años y futura segunda esposa, Janis Hunter, para apreciarlo por completo. De todas maneras, Let’s Get It On tiene grandes momentos y demostró las cualidades del Príncipe del Soul.

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LA CAÍDA, EL REGRESO, LA CAÍDA

Después del torrente de Let’s Get It On Marvin decidió autosabotearse. Estaba en la cúspide e hizo todo lo posible por caer hasta el fondo. Pésimo para administrar sus ingresos, la bancarrota pronto acudió a él. Confundido por su papel como artista, tampoco comprendía cuáles eran sus intereses sexuales. Y ahí estaban las drogas para lidiar con sus inseguridades. Era obvio: con toda la droga y los juegos sexuales en los que involucró a su mujer, su segundo matrimonio también fracasó.

La ayuda tuvo que venir de afuera; del promotor inglés Jeffrey Kruger, quien organizó una gira en la isla y, además, un gran concierto frente a la familia real. El cantante fue hasta allá, feliz de alejarse del gran fracaso que significaba para él vivir en Estados Unidos. Pronto repitió su comportamiento: drogas y paranoia. La sima consistió en negarse a tocar para la realeza. Ni una llamada de Gordy logró sacarlo de su necedad. Ahí se terminó la fértil relación con Motown. Al final, muy tarde, Marvin sí llegó al concierto para la princesa Margarita, pero sólo alcanzó a cantar 20 minutos porque las personas del staff del teatro, enfurecidos por la actitud del cantante, cerraron el telón con él todavía en el escenario.

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Marvin siguió huyendo y encontró su hogar en Bélgica. Quería alejarse de la cocaína que lo hacía sudar y no le permitía concentrarse, de Berry que estaba enfurecido y de hacienda que estaba tras sus huesos.

Este exilio le hizo bien. Vivió una vida familiar que desconocía en casa de su salvador, Freddy Cousaert, un empresario hogareño y melómano que de verdad estaba enamorado de la música de Marvin. Ahí, con él, resurgió el antiguo cantante. Ejercicio y comida saludable lo hicieron recuperar la energía y alejarse de las drogas. Esto le permitió volver en 1982, después de firmar con Columbia Records, con un disco que parecía ubicarlo de nuevo en el Olimpo del R&B: Midnight Love.

El sencillo “Sexual Healing” es una oda explícita al sexo. Nada como los ochenta para hablar de penetración o masturbación en todo éxito pop.

Desde el inicio, cuando esos efectos de percusiones eléctricas abren la canción nos damos cuenta que estamos ante un soul ligeramente cargado a la música disco. Esto produce que la pelvis se comience a menear. La voz de Marvin es la de un hombre limpio, sano y deseoso; caliente como estufa. Quiere coger, pero tampoco está desesperado. Sabe que conseguirá lo que busca porque es Marvin Gaye, estrella pop sexual. Parecía que todo iría bien en adelante. Si tan solo la música fuera la realidad.

Las adicciones regresaron con el éxito. También la depresión y la mala administración.

Las drogas siempre acompañaron a Marvin porque todo el tiempo intentaba solucionar sus problemas emocionales y sexuales causados por su padre. La marihuana fue su amiga todo el tiempo; pero, sobre todo, y mientras vivió en Los Ángeles, utilizó la cocaína para ir de un día al otro. Y quien estaba junto a él también terminaba consumiendo. Por ejemplo su segunda esposa. Gran parte de la fortuna de Marvin se fue en cocaína. Casi podríamos decir que la coca lo llevó a la bancarrota.

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En 1983, después de salir de gira por última vez, regresó a la casa que había comprado para sus padres. La gira fue un éxito, porque estaba en su mejor punto como cantante y showman. Cada concierto era excitante y llevaba al público a un orgasmo funk. Excepto por los últimos conciertos, en los que las adicciones habían afectado incluso su voz. La cocaína y el gasto excesivo lo habían dejado de nuevo en la quiebra.

La historia ya es bastante conocida: las fricciones con su padre, cada vez más grandes; el regalo que le hizo en la navidad del 1983, una Smith & Wesson .38 Special; la operación de su madre y la fuerte pelea que tuvieron sus padres el 1 de abril del 1984 a las 12:30 de la tarde; el enfrentamiento físico de Marvin con su padre y él, regresando al cuarto de su hijo para dispararle dos veces.

Sus parientes afirman que Marvin quería la muerte, pero no se atrevía a jalar del gatillo. Por eso le regaló el arma a su padre. Quizá sabía que él haría el trabajo sucio.

No más funk, no más soul, el Príncipe había muerto.

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Stevie Wonder en el funeral de Marvin Gaye.

Editor Yaconic

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