“I’m not always good with words. Some people are poets and have a beautiful way of saying things with words. Cinema is its own language, my language.”

― David Lynch

Por: Nacho Hipólito / @j.ignacio

Científicamente, la manera más fácil de ejemplificar que no percibimos todo lo que nos rodea es a través del espectro electromagnético. Nuestros sentidos sólo pueden captar el 0.0001% de  todo el espectro, y si bien existen aparatos especializados para medir partes fuera de nuestra alcance como los rayos gamma, o la luz ultravioleta, el 99.999% de lo que nos rodea es una incógnita .

Del lado filosófico, a mediados del S. XX nació una corriente de pensamiento llamada estructuralismo que proponía que nuestro conocimiento, y por ende, nuestra percepción, la obteníamos a través de “estructuras” como el lenguaje, los símbolos y los conceptos.

A finales de los 70, filósofos como Derrida y Foucault, dieron luz al Post-Estructuralismo, en el que proponían todo lo contrario; el conocimiento a través de las estructuras, es decir, del lenguaje, los símbolos y los conceptos, era imposible. Ellos proponían que dichas estructuras no eran suficientes para describir todas nuestras experiencias, y que por lo tanto, nuestra realidad no podía ser descrita al 100%.

¿Qué tiene que ver el espectro electromagnético y el post-estructuralismo, con David Lynch?, pues con estas dos bases, una científica y una filosófica, se puede analizar la obra cinematográfica del director estadounidense.

Muchas de las personas que ven las películas de David Lynch, tienden a catalogarlas como “extrañas”, “incomprensibles” o “sin sentido”, algunos le atribuyen esto a su excentricidad, mientras que otros a su deseo por experimentar, pero pocos son los que analizan a fondo su obra en busca de algo más, y si bien sus filmes pueden tener muchas interpretaciones, hay un tema en común que se repite en casi todos sus filmes: nuestra percepción de la realidad.

Lynch comenzó explorando nuestra consciencia y percepción con Eraserhead, y fue expandiéndose en Blue Velvet, Lost Highway, y Mulholland Drive, llegando al cénit de dicha exploración en Inland Empire, una hermética oda de “stream of consciousness” de tres horas. Pero su obra más digerible en ese sentido, es la serie de Twin Peaks, misma que desarrolló junto con Mark Frost.

Twin Peaks mezcla los elementos de una serie de televisión de misterio y drama, con las trascendentales inquietudes de Lynch, y esta extraña combinación se debe a que había un estudio de por medio financiando la serie, una que buscaba los ratings y las ventas de comerciales, más que explorar los límites de nuestra propia percepción.

Las dos primeras temporadas, estrenadas a principios de los 90, fueron sólo un breve contexto de lo que sería una de las historias más ambiciosas de Lynch, ya que todo lo que quería contar el director estadounidense con Twin Peaks se ve reflejado en los 18 episodios de ésta nueva temporada.

Al igual que en las primeras dos temporadas, la serie tiene dos ejes, uno que sigue una narrativa lineal que se centra en el misterio, drama y lo sobre-natural, y otro aparentemente incomprensible que extrañamente se conecta con el primer eje.

Esa es la primera clave para descifrar la serie y el mensaje que nos quiere transmitir Lynch. Por un lado tenemos el mundo común y corriente que vivimos día a día, y por el otro, los destellos de todo lo que no podemos explicar.

Pensemos en un día rutinario, y en otro en el que tenemos un accidente de automóvil. El primer día es predecible, está planeado e inclusive seccionado, el otro por su parte es impredecible, rompe con lo rutinario e inclusive con tus pensamientos cotidianos. Lo curioso es que a pesar de que decidimos ignorar esos días, ultimadamente son los que más recordamos.

Tomemos como ejemplo el capítulo 8 de Twin Peaks: The Return, uno de los episodios más raros y aparentemente inexplicables; parece no tener coherencia con la historia que se está contando a lo largo de la serie, y aún así, fue uno de los que más recibió atención.

En dicho capítulo más de la mitad del episodio está dedicado a lo que parece otra serie de televisión. Después de que Nine Inch Nails aparece tocando “She’s Gone Away” y el doppleganger del Agente Cooper despierta de su muerte, el episodio cambia de narrativa.

Se nos muestra la explosión de la Bomba Atómica en 1945 y una serie de secuencias que sería difícil describir con palabras. Todo mientras suena la pieza  “Threnody for the Victims of Hiroshima” del compositor polaco Penderecki. Pareciera como si David Lynch nos intentara decir algo, y si bien los fanáticos tienen muchas teorías acerca de qué es exactamente lo que nos quiere decir, la que creo que tiene más sentido está relacionada con el nacimiento del mal.

Uno de los temas que se trata a lo largo de la serie es el mal como una entidad, mismas que se retratan como Bob y Judy, entidades de las que no se conoce mucho, sólo su influencia sobre los personajes de la serie de televisión. Y justamente lo que pareciera intentarnos explicar Lynch con éste capítulo es el origen de estas entidades.

Muchas de las secuencias dentro del capítulo parecen no tener sentido, y podrían simbolizar una irrupción no sólo en el contexto histórico de la humanidad, sino en aquellas partes del mundo que no podemos percibir con nuestros sentidos. La clave está en el énfasis que hay en la bomba atómica.  El espectro electromagnético está compuesto por energía, y un desplante tan grande como el de una bomba atómica, podría afectar el tejido de nuestra realidad.

Y esa es sólo la interpretación de un par de detalles del octavo episodio, a lo largo de la serie hay una infinidad de detalles que se podrían interpretar bajo la misma premisa.

¿Existirán realidad paralelas a la nuestra?, ¿habrá planos existenciales fuera del nuestro?, ¿se podría trastornar el tiempo y el espacio por una acción humana?, son sólo algunas de las preguntas a las que David Lynch nos enfrenta en Twin Peaks.

El propósito de David Lynch no es sólo ser extraño, ni tampoco experimentar sólo por experimentar, su propósito es obligarnos a darnos cuenta de esas cosas que sentimos, pero que no podemos explicar; quiere ayudarnos a percibir más allá de lo que nos permiten nuestros sentidos.

Twin Peaks se arriesga a ir más allá del espectro electromagnético, e intenta inmiscuirse en todo aquello que los post-estructuralistas creen indescriptible por el lenguaje.

Editor Yaconic

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