Por Yair Hernández / @yairaudio 

Fotos: Yoel Esquivel

Aldo Camacho está sentado en una banca al borde de la cancha. Mira con atención el ir y venir del balón. También los movimientos de los jugadores. “Ese siempre se pone pesado”, dice mientras señala al de barba canosa y muñequeras negras. El tipo hace honor al señalamiento y comete una falta. Un jugador escuálido cobra el castigo. “Buen tiro”, celebra Aldo. Era el punto que faltaba para el cambio de reta. El “pesado” sale y no luce contento. El equipo que entra es visiblemente más joven que su antecesor derrotado. De nuevo la bola al centro. Otra vez el vaivén de la pelota.

El también vocalista de Tungas, Aldo, sigue mirando hacía la cancha y no deja de mover sus pies. El short negro, los tenis Nike azules, y una playera del equipo de baloncesto de la California State University Northridge revelan el porqué: quiere jugar.

aldo camacho, tungas

Aldo Camacho.

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La afición de Aldo Camacho por los deportes —en específico baloncesto, béisbol y skateboarding— es apenas superada por la música. Con ambas creció y cada una le ha dado satisfacciones por separado: la primera lo ha llevado a hacer amigos en las canchas, y la segunda a recorrer casi todo México en camionetas llenas de amplificadores.

A cada una le da su tiempo. La afición que lo viste con tenis y playeras deportivas la practica en sus ratos libres. La que le pone un micrófono en las manos: los viernes, sábados o domingos. Por lo regular en horarios en los que el sol ya no pega.

Hay aspectos en los que ambas pasiones coinciden, por ejemplo el lugar de gestación, el Parque Miguel Alemán, en la colonia Lindavista, dónde hoy Aldo observa el juego. Aquí Camacho dio sus primeros botes, patadas y batazos a la bola, y cimentó la amistad que a la postre desencadenaría Tungas, una de las bandas de punk rock con mayor proyección y base de seguidores en México.

“Una vez eché una reta en las canchas de allá con Conrado (bajista de Tungas), y le hice un túnel pero él ni se ha de acordar, o si se acuerda lo va a negar”, recuerda entre risas el vocalista que interpreta a la juventud deprimida.

Tungas

Tungas.

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Tungas lleva más de 10 años sobre los escenarios. El proyecto comenzó tocando covers bajo el nombre de Tropa. Actualmente es uno de los referentes de la escena en el país.

Un par de festivales Vive Latino (2012 y 2016), giras por Sudamérica, ser teloneros de bandas internacionales de punk y colaboraciones con otros referentes del movimiento en México, son algunos de los rasgos que han encumbrado a Tungas. El grupo tomó su nombre de una anécdota graciosa: en sus años mozos, al patinar, algunos de sus amigos usaban tangas y trusas en la cabeza.

La alineación actual la conforman Daniel (batería), Conrado (bajo), Lepo (guitarra), Negri (guitarra), Javo (guitarra) y Aldo. No es un grupo que tenga altibajos en su desarrollo; solo Panda, el primer baterista, dejó a la banda por motivos laborales, pero aún conservan su amistad.

“Lo que más disfruto es salir con ellos (Tungas). Después de tanto tiempo nos la pasamos muy bien cuando tocamos en vivo”, así corrobora Camacho la buena relación que hay en la agrupación.

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Aldo es inquieto. La “catedral” expresiva que le representa Tungas no le basta. Necesita generar “capillas”; a veces escribe textos periodísticos, otras genera o participa en debates sobre temas actuales en las redes sociales, colabora con otros músicos, y compone canciones sobre situaciones personales; esto último dio vida a Andrés Canalla, su versión solista que se abastece de melodías creadas en las noches que pasa en compañía de su guitarra y armónica.

Andrés Canalla despegó el 16 de junio de 2016, a partir de que el oriundo de Lindavista compartió en Bandcamp una canción que tocó en una entrevista en el programa de radio Tiradero Santa Fe, de Ibero 90.9: “No quiero que me vean bichi”.

Después de lanzar este tema que hace referencia a los sentimientos que se viven tras una ruptura amorosa, el Canalla siguió lanzando pistas: “La búsqueda del tiempo perdido”, un guiño a Proust que va sobre la “búsqueda incesante y nostálgica por volver a acceder a sensaciones placenteras ya vividas”; “Mis anacronismos y los suyos”, una “canción romántica que llegó fuera de tiempo”; y una versión acústica de “Todo es tu culpa”, tema que también toca con Tungas, y que escribió hace años para su hermano mayor.


Pero esta capilla no graba y comparte canciones únicamente. Andrés Canalla ya ha hecho varias fechas e incluso algunos tours. “Es raro no tener todo el respaldo de la banda, además ahora no sé cómo va a reaccionar el público. Pero una vez arriba del escenario me siento bien”.

Lo inminente para Aldo es formalizar una grabación con sus composiciones, pues cada uno de los temas han sido generados en diversos lugares y circunstancias. Sigue componiendo en cualquier lugar, incluso en el traslado de Metro Hospital General a Centro Médico.

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Manuel llega tarde, con tenis, short y balón: listo para las retas. “Vámonos por la UAM, aquí se van a tardar, siempre acaparan”, dice el también encargado de Hate —una marca de skate—, y uno de los grandes amigos con los que Aldo comparte ollies y canastas.

Media hora después la dupla se bate en un duelo, uno contra uno, en las inmediaciones del deportivo Reynosa. La apuesta: 500 pesos y un desayuno.

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La primera mitad la gana Aldo por una mínima ventaja. Al iniciar la segunda el sudor predomina en las playeras de ambos contrincantes. Hacen acto de presencia las primeras gotas de lluvia.

“Hey, jueces, ¿si botó adentro pero tengo un pie fuera, es falta?”, pregunta Manuel. El juego es ríspido por momentos; empujones y jalones que en un par de desconocidos ya hubieran provocado un pleito. Pero a escasos puntos de que alguien gane la segunda parte, la lluvia arrecía. Hay que posponer la partida. “Acuérdense de cómo íbamos, yo iba ganando”, dice Aldo.

Será otro día en el que ese desayuno y los 500 pesos tengan dueño. Por ahora el par de amigos se dirigen a su barrio, Lindavista, dónde aquel que con una guitarra y armónica se autodenomina canalla a veces canta, a veces patina, pero casi siempre encesta.

aldo camacho

Editor Yaconic

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