Por El Cinebar / @El_Cinebar

Los ritos de iniciación de la vida adolescente a la vida adulta pueden ser tan extraños en las grandes urbes como demostrar qué tipo de ropa usas. ¿Qué tenis traes? Sobre todo, ¿de qué marca son? Ya no usas ropa de niño. Ahora tienes que impresionar a la chica que te gusta. Esto le pasa a Ayoub, el personaje de la película holandesa Príncipe, una filme independiente cargado de energía videoclipera, humor negro y sarcasmo. Ópera prima del cineasta holandés Sam de Jong que apunta a una descarnada realidad.

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Ayoub vive con su media hermana, también adolescente, comparten habitación y complicidades; junto a ellos está su madre quien busca novio en las aplicaciones de parejas de internet, desinteresada totalmente de otra cosa más que la de restablecer su vida sentimental por medio de la web. Su padre, un inmigrante marroquí, prácticamente vive en la calle y se la juega en el deporte de inyectarse heroína hasta la decadencia (¿o placer?) absoluta. Con este cuadro de familia, Ayoub aspira a ser el proveedor, protector y príncipe de la chica guapa de la zona. Laura es esa chica y Ayoub está enamorado hasta las narices a pesar de que ella lo trata como a un títere.

No hay muchos caminos en la periferia para Ayoub, más que ser un príncipe de la mafia local y recibir oportunidades de pequeños trabajos que garantizan buena paga, labores fáciles y rápidas de hacer. No importa el peligro, Ayoub se gana su derecho de piso a pulso y sus tenis Zanotti para ahora sí acercarse a la chica linda, a Laura. No sin antes salvar las dificultades de las bandas rivales.

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Príncipe es un retrato de las marginalidades urbanas con sus comunes denominadores tan latentes que uno creería a la distancia que Ámsterdam sólo son bicis, clubs de fumadores, ríos apacibles y museos. ¡Pero no! Jong muestra que también hay zonas conurbadas más parecidas a las de América Latina y muy alejadas al paisaje bucólico europeo que imaginamos.

Príncipe no es una película social ni de denuncia aunque muestra una realidad holandesa poco exportada, es una película estilizada y divertida que tiene sus toques emotivos pero todo apoyado sobre una estética bastante ágil y muy accesible.

Toca temas interesantes que se disfrutan mucho por cada emplazamiento de cámara sumamente cuidado y perfectamente bien compuesto y pensado, que no le estorba a la historia, al contrario, la hace más fluida y accesible para goce del espectador. Hay que rascarle bien a la cartelera para ir a disfrutar este tipo de joyas.

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Editor Yaconic

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