EL PASO DE BURROUGHS POR MÉXICO

Por J. M. Servín

William Burroughs es uno de los escritores con menos empatía en la historia de las letras contemporáneas. Su personalidad, tan fría y desapegada a cualquier emoción, corresponde a una obra mordaz, visionaria, experimental, con un universo de personajes oscuros y poco accesible para el lector promedio de obras de ficción.

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Burroughs es, a mi manera de ver, uno de los escritores más antipáticos de la contracultura; pero quizá, también, el único cuyas ideas, mito y obra no han envejecido. Por eso me llama la atención que Bef (Bernardo Fernández, ciudad de México, 1972), uno de los contados novelistas gráficos de este país, se haya tomado la empresa de hacer un libro ilustrado sobre la experiencia en México de este gélido autor de novelas como Yonqui, El almuerzo desnudo, Ciudades de la noche roja o Nova express. No ahondaré sobre el desarrollo de la novela gráfica en México porque prácticamente no hay producción; si acaso excepciones, como Operación Bolívar de Edgar Clément y algo de la producción del propio Bef. Está claro que no tendremos más ejemplos en el corto plazo y leyendo a los “especialistas” en el tema me doy cuenta que los referentes, argumentaciones y quejas siempre son las mismas.

UNCLE BILL, LA NOVELA GRÁFICA DE BEF

Uncle Bill es un emotivo viaje en el tiempo para recrear principalmente el ya legendario paso de Burroughs por la ciudad de México a finales de la década de 1940, y que se prolongaría hasta 1953, una vez que hubiera completado su opera prima, Yonqui, que lo catapultaría casi de inmediato como uno de los escritores estadounidenses más interesantes y vanguardistas de la posguerra. La novela gráfica de Bef es también un viaje sentimental y autobiográfico del autor, quien se esmera en encontrar vínculos afectivos y coincidencias existenciales con su proceso creativo de juventud; la gestación del novelista y dibujante que reconoce en Naked Lunch una influencia decisiva como narrador de ciencia ficción, policiaco y “comiquero” (horrible palabra para designar a los ilustradores). Con un trazo de dibujo que rinde homenaje a su influencia más identificable, Germán Butze, Bef narra en un meticuloso balance entre gráfica y texto cómo descubrió en su adolescencia a “Uncle Bill” en 1990 a través de la revista mexicana Conecte, referente indispensable en aquellos años para el roquero ñero y estigmatizado por las autoridades; anterior al que hoy en día hipsteriza el Vive Latino y tiene acceso a Wikipedia. Muy de pasada, un artículo de esa revista menciona al autor de El almuerzo desnudo como el creador del término heavy metal que luego se usaría para designar una vertiente del rock pesado. Es un gringo propietario de una librería underground en San Diego, quien tiempo después le regala al entusiasta Bef el título que con devoción maniaca había buscado durante años.

El único libro publicado en México sobre el paso de Burroughs en el país, hasta hoy, había sido La bala perdida, de Jorge García Robles, una crónica exaltada que se esmera en dejar claro que a Burroughs le tenía sin cuidado nuestra cultura (Octavio Paz, Los Contemporáneos, Los Muralistas, etcétera). Sin embargo, habría que precisar que, como bien mencionó David Huerta en la presentación de la Bala perdida en 1995 en el Centro Nacional de las Artes (anécdota narrada por Bef en su Uncle Bill), Burroughs pasó por México como cualquier turista gringo. Y no solo él, también su séquito de apóstoles beat. Hipsters, a final de cuentas, que venían a México como una especie de protospringbreakers: al reventón pesado aprovechando la permisividad e indolencia de un país cuya historia está marcada por ser el paraíso de toda clase de bandoleros y buscavidas siempre y cuando traigan lana.

UNCLE BILL, LA NOVELA GRÁFICA DE BEF

William S. Burroughs llegó por primera vez a la ciudad de México en 1949 siendo un completo desconocido en el mundo de la literatura estadunidense. Tenía 35 años y un semblante cadavérico: labios delgados, dedos amarillentos de tanto fumar y ojos que reflejaban la muerte. De hecho ni siquiera escribía pese a que ya en aquél entonces su círculo más cercano de amistades lo conformaban intelectuales bohemios y escritores en formación como Allen Ginsberg y Jack Kerouac, quienes a la postre, con el mismo Burroughs, formarían la santísima trinidad de profetas de la literatura beat, es decir contracultural, es decir canonizada como paradigma del escritor underground.

Poco se sabe de los motivos profundos de Burroughs para realizar su viaje a la ciudad de México, a no ser que huía de la justicia de su país por un considerable historial de delitos por consumo y tráfico de drogas, homosexualidad, robo a transeúnte y portación de arma de fuego. Se puede aventurar que estaba en busca de una experiencia iniciática que empujara su embrionaria vocación de escritor. En aquellos años, la ciudad de México era como un París de noche, pero las veinticuatro horas y más barata. Entre los domicilios que habitó destaca el de Orizaba 10, en la colonia Roma. Ahí recibió como huéspedes a Ginsberg, Cassady y sobre todo a Kerouac, entre otros descabellados gringos libertinos en busca de la “fiesta mexicana” llena de drogas, alcohol y prostitutas jóvenes a precios de ganga; además, en ese domicilio escribió su opera prima: Junky (Yonqui, en español). Publicada originalmente en 1953 y con un tiraje vendido en su primer año de 113 mil 170 ejemplares (compárense los tirajes y ventas hoy en día en México de una obra de un autor de renombre). Fue todo un suceso para Ace, editorial marginal especializada en ficción sensacionalista que publicaba a un desconocido. Uncle Bill narra esta etapa de la vida del legendario sacerdote de la contracultura estadounidense.

Mención aparte y aunque algunos estudiosos y admiradores de la obra de Burroughs no lo quieran ver así, Yonqui resulta fundamental para entender el legado de México a la literatura estadounidense contemporánea y el surgimiento de una leyenda de enorme influencia en las letras y artes de la segunda mitad del siglo XX. Novela corta parcialmente autobiográfica situada en Nueva York, Nuevo Orleans, y la ciudad de México, Burroughs la escribió durante un periodo de desintoxicación mientras residía en un pequeño departamento de vecindad. La historia cuenta las experiencias de William Lee (pseudónimo de Burroughs) como un viaje iniciático al mundo subterráneo de un adicto.

Yonqui podría leerse comparativamente como referencia extrapolada de la larga estancia de Burroughs en una ciudad de México delirante, bulliciosa, relajienta, llena de inadaptados, viciosos y truhanes. Esta experiencia marcó definitivamente, insisto, al ícono beat, quien entre 1951 y 1953 había escrito otra novela que permanecería inédita hasta 1985: Queer (Marica), cuya aburrida trama se desarrolla en las colonias Condesa y Roma. Burroughs además fue protagonista de uno de los homicidios más sonados de su tiempo: disparó un arma de fuego contra su mujer, Joan Vollmer: “Todo me lleva a la atroz conclusión de que jamás habría sido escritor sin la muerte de Joan, y a comprender hasta qué punto ese acontecimiento ha motivado y formulado mi escritura”.

Los hechos ocurrieron en un edificio de la calle de Monterrey esquina con Chihuahua, en la colonia Roma. La historia ha sido recreada hasta la saciedad por otras fuentes y autores como para pormenorizarla aquí. Uncle Bill narra el incidente de una manera que logra desprender la crudeza del hecho y lo vuelve un drama existencial en el que la tragedia parece marcar el paso de Burroughs en México. Baste decir que junto a otros escandalosos crímenes como el de la “Ogresa” de la colonia Roma (una abortera de damas de sociedad) en 1949 y el homicidio del padre Juan Fullana en la iglesia de la Virgen de Fátima en la calle de Chiapas, en 1957, de parte del exluchador Pancho Valentino y sus secuaces, el homicidio de Vollmer se suma a una considerable lista de casos policiacos que ocuparon las primeras planas de la prensa roja de su tiempo. El caso Burroughs-Vollmer y la ayuda del siniestro abogado Bernabé Jurado, dan por sí mismos para una novela.

Paradójicamente, Burroughs terminó echando pestes de México, de su miseria, de su indiferencia a la muerte y sobre todo, su corrupción; precisamente de todo lo que el aspirante a escritor y sus reventados amigos sacaron más provecho durante su estancia en el país y, en el caso del autor de El  almuerzo desnudo y de Kerouac, detonó su talento. “México es siniestro y sombrío y caótico, con el caos especial de un sueño” (Carta a Jack Kerouac, mayo 1951). Es el país de “Lola La Chata”, la primera narcotraficante mexicana icónica. Es sabido que mediante una “corta” (10 mil dólares) el abogado hampón Bernabé Jurado sacó a Burroughs, en diez días, de Lecumberri, salvándolo de purgar una condena de varios años. La indiferencia ante la muerte que vio en el mexicano le permitió a Burroughs sobornar a autoridades corruptas, así como la miseria de las barriadas con sus vecindades, tugurios y farmacias miserables, puso a disposición de él y sus amigos, alcohol, adolescentes y droga en abundancia. Los beat encontraron en el México que conocieron montados en su visión narcotizada, miserabilista y exotista, un paraíso decadente que fue decisivo en la maduración de sus personalidades como escritores. Sin México, los beat no serían lo que son, así de fácil.  Como podrá darse cuenta el lector, ya desde entonces las colonias Roma y Condesa, con todo y su historial de bajos fondos, han sido refugio de parias extranjeros. De ahí su banal prestigio hasta el día de hoy como territorios libres de convenciones.

Por otra parte, es muy difícil encontrar una valoración justa a la vida y obra de un autor genial sorprendentemente longevo pese a su adicción a las drogas, sobre todo a la heroína, la mayor parte de su vida; homosexual, que solía aprovecharse de sus amigos, que amaba las armas de fuego (con una de ellas asesinó a su mujer “accidentalmente”), que en su juventud disfrutaba de torturar gatos (que en su vejez se convirtieron en su único amor: “el amor es decepción y falsas emociones”, diría refiriéndose a los humanos) y de espectáculos como el toreo y el box. Además de las ya mencionadas facilidades para hacer lo que se le pegara la gana, no es difícil entender por qué el México de la década de los 50 y su sangriento pasado prehispánico lleno de sacrificios humanos, fue tan atractivo para alguien como él. En muchos sentidos, Burroughs representa lo peor de su cultura de origen; pero, por ello, su obra adquiere un profundo significado en nuestros días.

Por lo pronto Yonqui y Marica (ambos adjetivos autodefinen al autor) encuentran complicidad en Uncle Bill y en la biografía literaria de Jorge García Robles: Burroughs y Kerouac: dos forasteros perdidos en México.

Para Bef, “Uncle Bill” es un personaje fascinante, pero más aún su mujer Joan Vollmer, de triste destino en aquel México cincuentero en el que sería enterrada en el Panteón Americano. Bef se plantea una enternecedora interrogante: su abuelo Bernardo Fernández “Macharnudo”, periodista  taurino, habría conocido a Burroughs en México a través de Bernabé Jurado, el célebre “abogánster”. Bef tiene una deuda sentimental de amor-odio con Burroughs como influencia decisiva en su formación como monero y escritor: “1951. Sostienes un arma, Bill. 2013. Yo sólo soy capaz de sostener un lápiz.”


Uncle Bill, novela gráfica de Bernardo Fernández Bef. Sexto Piso ilustrado 2014.

JM Servin

JM Servin

Narrador, periodista y editor de temas y autores extraviados en el país donde la delincuencia es ley. Coordina el proyecto de periodismo narrativo Producciones El salario del miedo. Entre sus obras se encuentran Cuartos para gente sola, Revólver de ojos amarillos, Periodismo Charter, DF Confidencial, crónicas de delincuentes, vagos y demás gente sin futuro, Por amor al dólar y Del duro oficio de vivir, beber y escribir desde el caos. ¡Postre o muerte!

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