Por Scarlett Lindero / @scarlettlinde

A Verónica Gerber (1981) le gusta que las palabras tomen asiento, se acuesten, griten, duerman, tosan y se callen. Algunas las arranca y asocia en conjuntos vacíos. De la letra al dibujo. De la horizontalidad al infinito.

La única y verdadera fatalidad es la literatura, porque no existe en tiempo real, no sucede, dice Gerber en Mudanza (Almadía, 2017) un libro que agrupa cinco ensayos de escritores que han dejado de escribir para mudarse a las artes visuales. “Ambliopía” es el primer ensayo autobiográfico de Verónica quién cambió de piel para convertirse en escritora en 2010. “Soy una artista visual que escribe”.

veronica gerber

Verónica Gerber.

Mudanza narra el divorcio del lenguaje con la escritura de personajes como Vito Acconci, Ulises Carrión, Sophie Calle, Marcel Broodthaers y Öyvind Fahlström. Verónica Gerber es parte de este grupo. Ella fue contracorriente, pasó de un lado a otro; del arte conceptual a la literatura.

“Los ensayos de este libro son la constatación de un mensaje que no llega, de una palabra que ya no suena, que no puede leerse. Es sobre todo, la confirmación de una imposibilidad”.

En Conjunto Vacío (Almadía, 2015), novela que ganó el Premio Internacional de Literatura Aura Estrada 2014, dibuja diagramas de Venn para ilustrar los procesos del pasado de su protagonista.

En el primer ensayo de Mudanza, hablas de la escritura como performance. ¿Toda escritura es un acto performativo?

Toda escritura involucra un acto performativo, aunque no todas las veces (o más bien, casi nunca) el que escribe nos deja ver esa parte. Estamos más acostumbrados a ver resultados (libros publicados, exposiciones) que acciones en proceso. Los textos de Mudanza intentan volver transparentes esas estructuras performativas de la escritura.

mudanza veronica gerber

¿Qué influencia tiene Ulises Carrión en tu obra?

Cuando escribí Mudanza, una de mis intenciones era dibujar un árbol genealógico con la mayor transparencia posible: cada uno de los personajes de este libro (incluido Ulises Carrión) es y ha sido vital para entender mi propia práctica artística.

Los personajes de Mudanza narran qué es para ellos la poesía. ¿Cómo la defines tú?

Comparto las ideas sobre poesía que elegí encuadrar bajo la lente de Mudanza. Por otro lado, hace poco leí por fin un libro de Alejandro Zambra que se llama exactamente igual: Mudanza (y que es muy anterior al mío). Hay ahí una reflexión sobre la poesía en una frase que se repite varias veces y en la que aparece la idea de “una forma peligrosa”. Creo que eso es lo que mejor define la poesía para mí en este momento: “una forma peligrosa”. Peligrosa en el buen sentido, en el sentido de que pone todo en peligro. Creo también que las mejores definiciones son siempre las que se nos aclaran en las palabras de otros.

En Conjunto Vacío y en Mudanza encuentro una similitud: el escape, la huida ¿Tiendes con facilidad saltar al vacío, optar por la salida de emergencia?

No estoy segura de que una salida de emergencia, un salto al vacío y un escape o huida sean lo mismo. Me interesa más la idea de la salida de emergencia (como figura) justamente porque no implica huir ni escapar ni saltar al vacío, sino encontrar o tratar de imaginar una salida a algo que, aparentemente, no tiene solución.

Cómo es el proceso creativo en tus obras como artista visual y cuál como escritora cuando lo haces por separado y ¿en qué momento se empalman?

No suceden por separado, siempre empiezan por el mismo lugar: una curiosidad, una pequeña idea, una necesidad de pensar o entender algo. En ese sentido creo que lo único que hace distintas a las piezas que hago es el soporte en el que terminan existiendo: un libro, un mural, una conferencia performática, un dibujo.

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¿Cómo definirías la esencia del ensayo y del contra-ensayo?

Lo único que puedo hacer aquí es citar a dos escritores a los que admiro profundamente y de quienes he aprendido muchísimo.

El ensayo, diría Montaigne, es reflexionar: “Sobre las cosas, no con amplitud, sino con toda la profundidad de que soy capaz, y las más de las veces tiendo a examinarlas por el lado más inusitado que ofrecen. Aventuraríame a tratar a fondo de alguna materia si me conociera menos y tuviera una idea errónea de mi valer. Desparramando aquí una frase, allá otra, como partes separadas del conjunto, desviadas, sin designio ni plan, no estoy obligado a ser perfecto ni a concentrarme en una sola materia; varío cuando bien me place, entregándome a la duda y a la incertidumbre, y a mi manera habitual, que es la ignorancia”.

Los contraensayos, tal como los describe Vivian Abenshushan (a quien, además, le debemos haber acuñado ese término) son: “Libres, anarquizantes, imprevisibles, en cambio continuo. Ensayos escritos a varias manos, en colaboración, tumultuosamente o en parejas. Derivas que propicien las colisiones del yo (todo lo sabemos entre todos). También: ensayos escritos en los márgenes o a pie de página, con diagramas de flujo o en flash; ensayos que se contaminen de la ductilidad del texto digital, el hipertexto, la proliferación de links y las intermitencias contemporáneos. En el contraensayo es válido perderse […] sin renunciar, por eso, al pensamiento”.

¿Qué palabras son tus favoritas? ¿Las que te enredan, te hacen fluir, las complicadas?

En general me gustan las palabras simples, sin adornos. Pero también hay otras no tan simples que ocupan mi cabeza por largas temporadas, como la palabra algoritmo, con la que llevo un rato lidiando.

Los personajes en tu libro tienen algo en común, son paseantes, flâneurs, caminantes. ¿Concibes esta práctica en tus días?

Hay momentos en los que me viene bien caminar o viajar, y hay otros momentos en los que el encierro es necesario. No tengo una posición categórica al respecto. Supongo que hay ideas que necesitan caminar, otras que necesitan sentarse o acostarse, algunas otras que necesitan gritar o dormir, guardar silencio o toser.

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En Mudanza narras las historias de personajes que abandonaron la literatura convencional. Al escribir Conjunto Vacío hiciste lo mismo. ¿Están relacionados?

Aunque parten de una misma obsesión, son libros distintos. Es decir, abordan la relación imagen–texto desde lugares diferentes: en Mudanza solo hay texto, no hay una sola imagen impresa porque mi objetivo era hacerlas presentes a través del lenguaje verbal (todo el libro está pensando el lenguaje visual de cada uno de los personajes ahí reunidos). En Conjunto vacío, en cambio, busqué un equilibro entre lenguaje visual y lenguaje verbal, es decir, que los dibujos completaran al texto, contaran lo que falta o lo que no se puede decir con palabras. En otras palabras, ahí intenté hacer convivir, en la medida de lo posible, a esos dos lenguajes (verbal y visual) sin jerarquías.

Luego de narrar las historias de los personajes que han decidido dejar de escribir, ¿qué vigencia —o relectura— tiene este pensamiento o posicionamiento en la actualidad?

Creo que el acierto de los personajes de Mudanza es que no abandonan sino que se mudan, es decir, se transforman. De ahí el nombre del libro. Y, como en toda mudanza, llegan al nuevo lugar con un montón de trastes empacados en cajas de los que no pueden deshacerse del todo. Al menos eso descubrí al escribir este libro: ellos no huyen, no escapan; elijen la salida de emergencia. Deciden salir de una estructura que les resulta cerrada o asfixiante para pensar en otra posible.

Editor Yaconic

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