Texto y fotos: Nacho Hipólito / @j.ignacio

A lo lejos se escuchó “I want to be sedated”. Luego “Pinhead”, “Do You remember rock and roll radio?”, “Pet sematary” y “Cretin hop”. Una banda de covers liderada por Marky Ramone evocaba la época en la que Joey, Tommy, Dee Dee y Johnny se echaban 30 canciones en menos de una hora. Esperábamos a Rancid. Pero nuestras gargantas se retorcían con aquellos putazos sónicos. Como si se tratara de un concierto de Ramones y nuestros pulmones nos insuflaran energía de otro planeta.

Del planeta punk. Porque el punk estaba en el aire.

rancid en mexico

A mí lado había gente de todas edades. Adolescentes que no pasaban de los 15 años de edad, con las caras llenas de barros a punto de reventar sobre todo el Vive Latino. Ahí estaban punks de la vieja escuela que tocaban las cuatro décadas. “No sabes lo que te espera carnal. Esta sí es una bandota, pinche Tim se va a rifar bien machín”, me dijo un ruco con cabellos de punta en verde y naranja. Me hice pendejo, porque sí sabía lo que me esperaba: una catarsis punk reprimida por más de 26 años.

“Hey, ho, let’s go!”, corearon todos. Terminaba el set de Marky en el otro escenario. “They’re forming in a straight line”, se escuchó. Y en menos de un minuto “Blitzkrieg bop” había terminado. Las luces se apagaron. El rasgueo de seis cuerdas en el aire apestoso de la noche ocasionó que una estampida empujara hacia delante. La pantalla se prendió: anunció que Rancid era el siguiente acto. Segundos después se proyectó la portada del …And Out Come the Wolves y me dieron ganas de llorar.

Tim Armstrong salió con unos lentes de sol y su clásica guitarra Gretsch negra y desgastada. Se postró frente al micrófono y escupió: “Never fell in love…”. Los miles abajo ahogamos la voz del líder de Rancid. (Era “Radio”, un tema que Billie Joe Armstrong, cantante y líder de Green Day, co-escribió cuando formó parte de Rancid). Tim siguió: “No, I never knew what a good time was, ’til I had a good time with you, if you want to get the feeling and you want to get it right, then the music gotta be loud, for when the music hits, i feel no pain at all”. La catarsis se desató cuando Lars Frederiksen y el público gritamos al mismo tiempo: “You know!”

rancid en mexico

Empujones, gritos y saltos. Las sonrisas en las jetas que me rodeaban eran genuinas. No importaban los putazos, estábamos en éxtasis. “¡Radio, Radio, Radio, Radio!”, se gritaban en la cara los unos a los otros, compartiendo saliva y la enfermedad del punk. Tim saltaba por todo el escenario; Lars gritaba como nunca; Matt Freeman veía atónito a la audiencia, mientras Branden Steineckert golpeaba los tambores como si los quisiera destruir.

No había pasado un minuto cuando vi a alguien volar por el aire.Vi abrazos de camaradería y gritos de incredulidad. Vi que se habían forjado nuevas amistades. Y en el momento de pausa, vi que ya había un círculo de desconocidos abrazándose y cantando “When I got the music, I gotta place to go”. Una y otra vez hacía la infinita Ciudad de México.

Lars se siguió con “Took the 60 Bus…”. Un grito ensordecedor de “¡¡¡NO MAMES!!!” se esparció como virus y todos enfermamos de euforia. “Roots radicals”, la canción más representativa de Rancid, llegó temprano. Nadie lo esperaba. Se formaron dos mosh pits: en uno un gordo cargaba al punk de pelo verde y naranja, girando sobre su propio eje; en el otro había un plantón para enviar a gente por los aires.

rancid en mexico

Nunca había ido a un concierto en el que las primeras filas se cansaran en dos canciones. Pero no hubo descanso. Una línea de bajo anunció otro clásico: “Journey to the end of the east bay”. La secreción tenía que seguir. La historia de Operation Ivy (la banda precuela de Rancid, de la que salieron Armstrong y Freeman) contada desde la perspectiva de Tim, se convirtió en un cuento que gritaban miles de mexicanos. Lo contaban como si fuera su propia historia familiar.

La presencia de Marky Ramone había sido una advertencia. Un omen de lo que Rancid tenía preparado. El grupo evocó la velocidad de los Ramones con “Maxwell murder” y “11th hour”, los dos primeros tracks de …And Out Come the Wolves. Sentí que algo estallaba: todo lo que los punks mexicanos se habían guardado en más de dos décadas, esperando a Tim y compañía, reventó en menos de 15 minutos. Esas primeras cinco canciones del set de los neoyorquinos fueron suficientes para dejarnos exhaustos.

ranci en mexico

La pausa vino hasta que tocaron sus canciones más recientes: “East bay night” y “Last one to die”, del álbum de 2009 Let the Dominoes Fall. No muchos se las sabían, así la euforia paró por unos segundos.

Siguieron temas oscuros. “Dead bodies” del frenético quinto álbum homónimo, “Salvation” y “Bloodclot”, del Let’s Go segundo y cuarto álbum, respectivamente. Después de una breve pausa, Lars le pidió a un afortunado su bandera de México con la leyenda “RANCID, Welcome”. La mostró a todos y luego la postró sobre su amplificador y dijo: “Sé que nos tardamos mucho en llegar aquí: 26 malditos años, pero les prometemos que no vamos a tardar lo mismo en regresar”.

El primer círculo para el ska se formó después de que Tim empezó a tocar el ritmo de “Old friend”. Era inútil seguir con las fotos, guardé la cámara y me uní al skanking de una decena de fans con fedora al estilo de los rude boys de antaño. “Good morning, honey. You’re like an old friend…”, cantaba en compañía de mis nuevos amigos. Cuando la canción terminó me pusieron una de sus fedoras cuadriculadas por unos minutos.

rancid en mexico

“St. Mary”, “Tenderloin”, “Fall back down” y “Olympia WA” fueron parte del setlist. Pero la canción más extraña y exclusiva fue “Climb in (the bottle)”, un tema que no tocaban desde 1996, de acuerdo con Lars.

El sudor era cliché; un lugar común en el que nos derretíamos. Pero la euforia regresó con las primeras notas de “Time bomb”. Una vez más se formaron círculos para bailar y empujarse. Por última vez me uní a los rude boys. Y esta vez, después de unos minutos de skanking, nos abrazamos en círculo mientras cantábamos “Black hat, white shoes, red hat, Cadillac…”.

Todo terminaba con “Ruby soho”, otro de los grandes himnos de Rancid. Mi catarsis llegaba a su fin. Se diluía en la espesa ciudad. Yo me dejaba ir con ella, volando en un mantra:

Ruby ruby ruby ruby soho

Ruby ruby ruby ruby soho

Ruby ruby ruby ruby soho

Ruby ruby ruby ruby soho

Editor Yaconic

Editor Yaconic

Previous post

TEATRO TRAS LAS REJAS: CRUDO, EMOTIVO Y CATÁRTICO

Next post

ELOGIO DEL VINO. ¡TOMAD ESTO Y REPARTIDLO ENTRE VOSOTROS!