“The Wire es una serie. Claro que exageran pero sólo un poco. Cada noche había disparos. Entrábamos corriendo en casa. Esperábamos a que acabara el tiroteo. Salíamos y volvíamos a pasarnos la pelota. Hoy entiendo que es una locura pero así es West Baltimore. Entonces tampoco nos preocupaba mucho. Era lo normal.” Dontaye Draper, basquetbolista oriundo de Baltimore.

Por Iván Farías / @ivanfariasc

El noir norteamericano tiene una vertiente muy exitosa: elevar a rango de héroes a los policías. Los limpia de cualquier defecto; los lanza a las calles como verdaderos caballeros andantes. Series como CSI, Law & Order, las antiguas Starsky and Hutch, Colombo, e infinidad de películas han idealizado a las corporaciones policiacas mostrándonos que “el sistema funciona” en Estados Unidos. The Wire es el reverso de esta idealización.

David Simon, el creador de The Wire, le contó en entrevista al escritor inglés Nick Hornby que la idea surgió a partir de la intención de hacer una serie noir que mostrara a los policías reales. “Una serie anti policiaca”. Simon deseaba alejarse de la forma normalizada de contar de los programas televisivos y narrar una tragedia griega: “En la que las instituciones postmodernas son las fuerzas del Olimpo, el departamento de policía, la economía de las drogas, las estructuras políticas, la administración de las escuelas y las fuerzas macroeconómicas que están tirando relámpagos en el culo de la gente sin ninguna buena razón.”[1]

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Parte del elenco de The Wire.

The Wire es un relato dickensiano —por la cantidad de personajes y vericuetos en la historia— de una ciudad podrida hasta la médula: Baltimore. El primer reto de la serie fue narrar la historia de una urbe alejada de cualquier glamur. No es Nueva York y mucho menos Los Angeles. Baltimore es una ciudad sin ningún tipo de hip a su favor; una capital con una población mayoritariamente negra (casi el 70%), y quizá por eso mismo dejada a su suerte. El crimen campea por todos lados; el desempleo ha crecido de manera exponencial al declive de su centro histórico, otrora segundo puerto de inmigración solo después de Nueva York.

El siguiente reto era crear personajes alejados de los estereotipos comunes para lograr lo imposible: que cualquiera de ellos pudiera desaparecer y la trama continuara. Simon y el resto de guionistas echaron mano de todos sus recursos para definir personajes que vivieran por sí mismos. Los guionistas tomaron a personas reales para crearlos. El personaje del capo de las drogas Avon Barksdale, dueño absoluto del West Baltimore, está basado en el real “Little” Melvin Williams. Omar Devone “Little”, el criminal con un particular código moral, en LarryDonnie” Andrews, quien murió en 2012 luego de purgar una condena y trabajar ayudando a la comunidad.

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David Simon / Foto: Getty Images.

Simon había trabajado junto a un ex policía de homicidios de la ciudad llamado Ed Burns. Con él coescribió el enorme libro La Esquina en 2011, que fue llevado a la pantalla en una serie de HBO. Simon y Burns hicieron trabajo de calle con la comunidad, jugaron basquetbol, comieron con ellos, se volvieron uno más de esas calles y la comunidad terminó aceptándolos. Este trabajo “a ras de cancha” rindió fruto cuando The Wire comenzó a grabarse. Varios de los personajes que aparecen son interpretados por ellos mismos. Como es el caso de Felicia “Snoop” Pearson, quien tenía problemas con la justicia antes y los tuvo después de que acabó el programa en 2008. Incluso el tema de entrada de la cuarta y quinta temporada, “Way Down In The Hole”, original de Tom Waits, fue cantado por oriundos de Baltimore.

Todos estos elementos eran imposibles de presentar en los diez minutos iniciales del primer capítulo. La historia tenía que cocinarse a fuego lento. Es por eso que muchos espectadores la abandonaron luego del segundo capítulo. No hay de donde asirse. En The Wire no existe el policía obsesivo que resuelve todos los casos por su tenacidad y autosuficiencia. Tampoco el grupo cohesionado y sin fisuras que hará lo imposible por hacer justicia. El formato común de una serie policiaca de 45 minutos fue pulverizado. En las series creadas por Dick Wolf, genio detrás de Law & Order, el formato es éste: presentación del caso, comerciales, llegada de los policías, comerciales, primer sospechoso, comerciales, captura del delincuente, comerciales, juicio, comerciales, resolución.

En The Wire no hay tal. Para narrar una trama así de compleja era necesario presentar a cada uno de los personajes. Uno no entiende bien a bien de qué trata la historia hasta el capítulo número cuatro. En éste, el equipo de policías que intervendrán las llamadas telefónicas de los capos ya está conformado; ya conocimos a los mafiosos; ya conocimos a la gente dentro de la política, e incluso conocimos los problemas de la ciudad. Si uno logra soportar el desconcierto inicial el resto es bien recompensado.

En la mencionada entrevista entre Hornby y Simon, el inglés le pregunta al estadunidense si no tenía miedo que el espectador medio se alejara. Simon contestó enfático: ¡Qué se joda el espectador medio!

LOS PERSONAJES

Dicen en teoría literaria que los cuentos están basados en la historia y las novelas en los personajes. The Wire es una novela. Sus personajes son tan buenos que podrían vivir fuera de ella. Hablar de cada uno de ellos requeriría todo el espacio, así que solo tocaré a los más destacados.

La detective Shakima “Kima” Greggs, interpretada por Sonja Sohn, es una policía que se sale del estereotipo. No es blanca, no tiene una familia modelo y mucho menos hijos. Por el contrario, detesta la idea de tener hijos y esto la lleva al rompimiento con su pareja. Además es lesbiana y prioriza el trabajo sobre su relación amorosa. Lo interesante del tratamiento de este personaje es que Kima nunca piensa en su situación. Ella actúa. No hay un acercamiento miserabilista hacía su condición de lesbiana y negra. La serie en general no se detiene a repensar la idea de los estereotipos raciales o de género. No hay espacio para el melodrama.

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Shakima “Kima” Greggs.

Cuando el teniente Cedric Daniels y la ayudante del fiscal Rhonda Pearlman (Lance Reddick y Deirdre Lovejoy, respectivamente) se hacen amantes y posteriormente formalizan su relación tampoco hay alharaca. Cedric negro y Rhonda blanca nunca se detienen a pensar en eso. No hay un solo momento de duda. Así es y así sucede.

Daniels es la antítesis del policía heroico. Es más un burócrata que debe lidiar con sus jefes y subordinados que con el crimen en las calles. Debe hacer lo posible para seguir adelante con su trabajo mientras equilibra los problemas con su equipo y busca subir en el escalafón policiaco.

En esta misma lógica del policía no-héroe sino burócrata se desempeña el detective Roland “Prez” Pryzbylewski (interpretado por Jim True-Frost). Pryzbylewski es recomendado por su tío, alto jefe de la policía de Baltimore. Su personaje sufrirá un giro y acabará siendo maestro en una de las más conflictivas escuelas del barrio. Ahí, Prez, o “Prezbo”, como lo llaman sus alumnos, acabará sufriendo el síndrome de blanco que se conduele frente a la pobreza del necesitado.

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Avon Barksdale.

Avon Barksdale y Russell “Stringer” Bell, (Wood Harris e Idris Elba), son las dos vertientes del crimen. Uno apuesta por la vieja escuela, el otro por volverse neoliberal y limpiar su imagen. Barksdale entiende la lógica de la calle; Stringer se avergüenza de sus orígenes. Uno es un criminal que ama a su barrio, el otro podría derribarlo si se lo pidieran. Por su parte, Marlo Stanfield (Jamie Hector) es otro tipo de criminal: cruel, determinante, sin capacidad negociadora y autoritario. Marlo hará mucho más daño al barrio en menos tiempo. Tres liderazgos, tres caras del crimen.

Reginald “Bubbles” Cousins (Andre Royo) es el mediador. El hombre que nunca llegará a adueñarse de la ciudad, porque no lo busca. Lo suyo es la medianía, utilizar la corriente de la ballena mientras la compaña y se beneficia. Siempre en el límite, como un malabarista, Bubbles hace lo posible para que la bomba no explote.

Omar Little (Michael K. Williams) es, por el contrario, la mecha que necesita todo para explotar. Little es un alfil en este juego de ajedrez del crimen. Lobo solitario, vaquero con moral del siglo XIX, es una especie de héroe que desprecia el poder y el dinero; por ello se convirtió en el personaje más carismático de la serie. Además es homosexual en un medio machista. Al no poderle atrapar, a sus enemigos, Barksdale, Stringer Bell y Marlo, solo les queda el reducto de ofenderlo por sus preferencias sexuales. Little es el revulsivo de muchas de las tramas. Su aparición siempre es discreta pero explosiva. Con él todo acaba dando un vuelco.

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Omar Little.

El Senador R. Clayton “Clay” Davis (Isiah Whitlock, Jr.) es tal vez la representación más evidente de la podredumbre en Baltimore. Corrupto, manipulador, mal hablado —su frase: un shit alargado, mantra que nos recuerda sus orígenes— y siempre en el poder. Clayton es un hijo predilecto de esas calles llenas de drogas, de policías burócratas y torpes.

El Concejal Thomas J. “Tommy” Carcetti (Aidan Gillen) es el complemento perfecto para Clayton. Es político con buena prensa pero tampoco es que ande buscando hacer limpieza. Lo suyo es el relumbrón para candidatearse, en un futuro, a la gubernatura. El estado de las cosas los beneficia.

Abeni Edwards, un estudiante de la Universidad de Hampton, en Virginia, responde al Washington Post sobre los personajes de la serie: “Incluso si una persona no ha crecido en un entorno de clase baja, puede encontrar alguna relación en The Wire y sus personajes, ya sea en la oficina, la escuela o en la calle. Especialmente en la comunidad afroamericana; creo que es un éxito porque a diferencia de otros programas en horario estelar, The Wire no endulzar nada, y no hay finales felices.”[2]

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LOS AUTORES

Simon supo rodearse de un grupo de escritores de género negro que le dieron esa consistencia a la trama y que ofrecieron sus particulares visiones. Uno de ellos es un periodista y escritor que nació en los astilleros de Baltimore. Rafael Alvarez, así, sin acentos, es un tipo gordo, descendiente de españoles. Alvarez delineo gran parte de la segunda temporada gracias a sus vivencias.

En una entrevista con El País, Alvarez habla de sus raíces: “Los escritores cuentan la misma historia una y otra vez, novela tras novela. Eso es lo que he hecho desde que publiqué mi primera pieza, cuando tenía 19 años, sobre los muelles de Baltimore, donde mi abuelo Rafael desembarcó de un antiguo barco de vapor inglés en 1925, se ‘burrachó’ [dicho así por el escritor] en un pub de marineros y nunca se fue.”

De ideología liberal y gente de trabajo, Alvarez ve como se ha pauperizado la situación en su ciudad natal. Sin embargo, le sigue profiriendo un gran amor: “Baltimore es una ciudad preciosa cuando la visitas y una ciudad violenta si tienes la suficiente mala suerte de nacer pobre o adicto. En todas sus formas es una ciudad mágica, del tipo de magia hecha por gente que sabe que es afortunada por tener un poco, gente que quizá quiera más. Antes había buenos empleos para la gente sencilla en Baltimore, gente de ascendencia campesina. Empleos fabricando acero, coches, barcos, paraguas e impermeables. La gente podía comprarse pequeñas casas y, más o menos, sin dejarse llevar mucho, eran felices de poder comer bien y beber cerveza por la noche. Esos trabajos ya no existen y tenemos todavía que encontrar un nuevo camino. Ya no parece haber sitio en el mundo para la gente sencilla.”[3]

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Baltimore.

Alvarez es, como se lee, el complemento perfecto para Simon. Sin embargo, The Wire no podría sostenerse sin una trama atrayente que hiciera volver al espectador una y otra vez. George Pelecanos es un escritor de novela negra que tiene ya una carrera sólida. Tal vez su error fue haber nacido lejos de Nueva York o de Los Angeles. Las tramas de este autor se alejan de la historia prototípica detectivesca. Son más reflejos del barrio y ajustes de cuentas entre pequeños narcos. Sus personajes son siempre bien definidos y pertenecen a la crema delincuencial.

Dice George Pelecanos respecto a su manera realista de narrar: “Vivo en una ciudad con población mayoritariamente negra, y si voy a escribir novela criminal urbana estoy obligado a reflejar esa realidad. Me he pasado la vida aquí. Durante años, he ejercido trabajos de obrero en la ciudad, así que no supone un gran esfuerzo. Pero tienes que salir ahí fuera, escuchar a la gente y mostrar respeto”.

Pelecanos creó el término “Hamsterdam”, una forma coloquial en el que los habitantes del West Baltimore llamaron a la zona franca de drogas. “Yo llegué después de Dennis Lehane, que es un viejo amigo mío, y el productor David Simon trajo a Richard Price. También lo intentamos con Michael Connelly, pero su agenda no le permitió participar. Los escritores somos buenos guionistas, aunque también un poco testarudos. Había mucha competencia en aquella sala de guionistas. Todos queríamos escribir los mejores guiones y patearle el culo a los demás. Lo digo en el buen sentido.”Otro logro de Pelecanos fue escribir la muerte de Stringer Bell. Quizá uno de los momentos más álgidos y memorables de toda la serie. “A lo largo de toda la temporada sabíamos que terminaría así. Encajaba perfectamente con el tema de la reforma y despejaba el camino al personaje de Marlo, que representa el cambio. Tuvimos que despedir al actor, Idris Elba, y eso no fue nada fácil. Nos gustaba su personaje y su modo de actuar, pero sobre todo le queríamos y le respetábamos mucho como persona. Como se dice a menudo en la serie, fue ‘asunto de negocios’”.[4]

A diferencia del resto de sus compañeros escritores, Pelecanos despuntaría a partir de su relación con la serie. Su libro Drama City, publicado por Ediciones B. es más o menos una extensión de la serie.

Dennis Lehane, por el contrario, ya era artillería pesada cuando llegó al crew de guionistas de The Wire. Lehane es de ascendencia irlandesa y ha hecho de Boston la ciudad donde se sitúan la mayoría de sus tramas. El escritor ya había trabajado con pesos pesados como Martin Scorsese y Clint Eastwood, quienes adaptaron historias suyas.

Dice, seco y sencillo: “Me formé en The Wire, sí. Aprendí mucho acerca de lo que significa escribir para un medio visual. Escribía guiones con mucho diálogo, escribía como un novelista porque no me fío de la imagen, no es en lo pienso en primer lugar. Pero aprendí que para un medio visual necesitas eliminar ciertas cosas. No puedes dar demasiadas vueltas, tienes que llegar al meollo de la escena enseguida. A pesar de todo lo que aprendí, sigo sin creer que sea el guionista más limpio.”[5]

Lehane tiene una saga de libros en la que los detectives Kenzie & Gennaro son los protagonistas. Si bien sus tramas son crudas y atrapantes, lo interesante de este escritor es el retrato que hace de los descendientes de irlandeses. En su más reciente novela, The Drop (La entrega), narra la invasión de las mafias chechenas en el antiguo territorio irlandés.

Richard Price es sin duda el que tiene más cartel de todos. Su primera novela, The Wanderers, narra la vida de un joven blanco de clase media baja en los barrios neoyorquinos. La historia nos muestra la inocencia del protagonista y como, poco a poco, se va enfrentando a la vida real fuera de casa. Robos, golpizas entre pandillas y relaciones sexuales timoratas salpican la trama.

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Richard Price en 2015 / Foto: The Washington Post.

Con la llegada de Clockers y su adaptación cinematográfica a cargo de Spike Lee, Price se catapultó a la fama. Su novela Lush Life (Vida fácil) lo posicionó muy alto, no solo entre los lectores de nicho, sino en buena parte de los lectores en Estados Unidos. En México, huelga decirlo, el género noir es visto con menosprecio y franco prejuicio. Claro, desde la ignorancia, ya que ninguno de sus críticos se ha acercado a las grandes obras del policiaco.

En todas sus obras Price ha mezclado, si, una buena historia, pero también un retrato de lo que sucede en el barrio. En una entrevista ofrecida a raíz de su participación en la serie explicó un poco su pensamiento: “De repente, un barrio de casas bajas desaparece, construyen grandes rascacielos y pienso: ‘¿Y la gente que vivía aquí?’. Pero, en realidad, sí lo sé. Por ejemplo, la gente de Harlem se ha ido a Pennsylvania, a una zona que se llama Reading. Y esto lo sé porque está demostrado estadísticamente que los detectives de homicidios, cuando han de investigar crímenes cometidos tiempo atrás en Harlem, hacen infinidad de viajes hasta allí, de lo que se deduce que muchísima gente del barrio se ha ido a ese lugar. ¿Por qué? Va uno, descubre que no se está mal, llama al dude y, al final, se desplaza una comunidad entera. Además, el Estado ofrece ayudas, un tipo de subsidio que está garantizado cuando, por el ordenamiento del territorio, es el propio Estado quien te obliga a salir de tu casa. Te ofrecen un dinero para establecerte en otro lugar. Pero bueno, es como si tuvieran una escoba y les faltara el recogedor: trasladan lo que les molesta de un lado a otro, lo esconden debajo de la alfombra o en los rincones, para que no molesten, sin resolver nada.”[6]

El último componente de este grupo de escritores es el socio y gran amigo de David Simon, Ed Burns. Además del mencionado libro de no ficción, La Esquina, los dos escribieron gran parte de los capítulos. Burns fue veterano de la guerra de Vietnam y policía de homicidios en Baltimore, durante más de veinte años. Además de maestro en el sistema básico de esa misma ciudad. La vida de Burns es en realidad la vida de Baltimore. A la pregunta sobre dónde se educa la gente, Burns responde: “No se trata de la educación como usted está pensando. Todo el mundo va a educar. La cuestión es dónde. Algunas se educarán en el aula, algunas personas en un gimnasio de box; otras lo harán en la Esquina.”[7]

EL LEGADO

The Wire no es una serie sobre policías y criminales. Tampoco es una serie que se base en el retrato social y en el drama. No busca conmover para llegar al llanto y al pobreteo. Es, más bien, es una serie que intenta narra la historia de una ciudad, Baltimore. Y como tal debe ser ambiciosa y hablar de todos sus personajes. Es noir porque la trama está sustentada en la búsqueda de un criminal y termina cuando esa búsqueda llega a su fin.

The Wire fue un fracaso financiero. El espectador medio no la vio y el reducido grupo de seguidores no alcanzaron para que tuviera una sexta temporada o un final más extendido. Sin embargo, la serie marcó precedente para hablar sobre las drogas de una manera diferente a como se venía haciendo. Sin The Wire, Breaking Bad, Weeds, Forbrydelsen, Borguen, Ripper Street y demás historias no pudieran haber visto la luz.

Series con un gran elenco y varias subtramas, como Downton Abbey, tampoco podrían haber salido del piloto. Pese a la buena crítica que le precede, The Wire sigue siendo objeto de minorías. HBO ha buscado revivirla. En enero de 2015 realizó un maratón con la serie en alta definición, pero no sirvió para que los fanáticos de Breaking Bad se engancharan. Lo cual era el objetivo: tener a esa gran masa compradora de la serie.

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The Wire Fan Art.

David Simon se comprometió a contar la historia de Baltimore y lo hizo. Ahora acaba de terminar de hacer la de Nueva Orleans. Su próximo proyecto es aún más ambicioso: desea hablar sobre el Mundo. La serie será sobre la CIA alrededor del planeta.

“Hay mucha gente que escribe esquemáticamente sobre ciudades, como Balzac de París o Tolstoi de San Petersburgo y Moscú. Las historias no tienen por qué ser blancas o negras y no todo se soluciona eligiendo o señalando al tipo correcto y dándole poder. Hay cosas sistémicas, como por ejemplo cómo funcionan las instituciones, pero se puede mostrar si estableces el contexto apropiado. Si no alcanzas ese contexto, llegas a soluciones estúpidas. …narrar una historia sobre un periodo en un lugar concreto ofrece la oportunidad de contar algo más grande que el bien o el mal que haya en un solo personaje. Grabar sobre una comunidad requiere más trabajo y te vuelves más vulnerable, porque mucha gente no se va a enganchar. Pero, ¿por qué contar la historia de la Nueva Orleans post Katrina o del Baltimore post industrial? Porque es importante.”[8] David Simon.


Referencias.

[1] The Beliver, 8 2007 .Traducción del autor.

[2] http://bit.ly/1tLEN8h. Traducción del autor.

[3] http://bit.ly/2ccrnmF.

[4] http://bit.ly/2cx5LSy.

[5] http://bit.ly/2cLOasm.

[6] http://bit.ly/2ccrui5.

[7] http://itsh.bo/2chvkEV.

[8] http://bit.ly/1iNhozM.

Editor Yaconic

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